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Reportaje:

Las cabras no comen promesas

Unos pastores de Canet Lo Roig aguardan todavía ayudas por el fuego de 2001

A las 4 de la madrugada del 30 de agosto de 2001, Marcial y Josefina se despertaron asutados por la alerta de un familiar ante la presencia de llamas en su masía. Marcial pudo retener al pequeño rebaño de ovejas, pero los tres centenares de cabras pasaron por encima de su cuñado en una huída absolutamente despavorida. Al día siguiente, las encontraron a 17 kilómetros. Alrededor de 50 murieron abrasadas. Entre las que quedaron vivas, el fuego, que llegó poco antes de que empezaran a parir, causó abortos de forma masiva.

Marcial y Josefina ya pueden hablar de esa noche y de los días siguientes sin que se les escapen las lágrimas. Pero se les sigue poniendo la carne de gallina cuando lo recuerdan. Ni las llamas, ni el negro del monte que quedó tras el incendio que asoló Xert y Canet Lo Roig, ni nada de lo sufrido en los últimos seis años ha podido, hasta el momento, desencantarles de seguir ejerciendo su profesión, la de pastores, que la familia de Marcial desarrolla desde hace varias generaciones. Pero los créditos empiezan a ahogarles porque el rebaño es su único medio de sustento y tenían que sacarlo adelante. Tras el incendio, llegaron las visitas de consejeros y las promesas de ayuda por parte de la Generalitat para una zona en la que ardienton alrededor de 4.500 hectáreas. Pero las subvenciones nunca se concretaron, ni se aprobaron, ni, por lo tanto, han llegado a los afectados como Marcial y Josefina. "Yo les diría que cojan lo que les den, porque menos es nada", sentencia Josefina, en referencia a los afectados por el incendio de L?Alcalaten para los que se ha aprobado una línea de ayudas de 700.000 euros, una cantidad que alcaldes y damnificados han calificado de "irrisoria". Además, "ellos tienen un culpable", añade la pastora, mientras recuerda que aquel incendio de Xert se originó por un rayo, "según dijeron", y el de L'Alcalaten comenzó por los trabajos que realizaban unos operarios en una línea eléctrica.

Remitieron escritos, una y cien veces, a la Agricultura y a las propias Cortes

Dos días después de la madrugada en la que el incendio llegó al paraje del Mas de la Fam, "sí, ya sabemos que es un mal nombre", las llamas volvieron a asomarse a los corrales y Marcial tuvo que sacar de nuevo a las cabras. Después, llegó la "tranquilidad" del fuego apagado pero la realidad del monte quemado. Los animales no tenía qué comer y únicamente la Diputación de Castellón colaboró en el mantenimiento del ganado y entre septiembre y diciembre les llevó alfalfa. Y no fue porque los pastores no llamaron y remitieron escritos, una y cien veces, a la Consejería de Agricultura y a las propias Cortes Valencianas. Pero sólo recibieron promesas verbales, de esas que no dan de comer a las cabras aunque éstas sean "celtibéricas blancas", una especie que durante unos años fue declarada en peligro de extinción pero que, actualmente, no recibe ningún tratamiento especial pese a su escasez.

Con el pienso y las algarrobas que pudieron comprar con los créditos lograron alimentar a los animales, rehacer el rebaño, reconstruir los corrales y esperar a que volviera a salir la hierba. Pero las ayudas prometidas siguen sin llegar mientras hacen frente a los pagos de los préstamos que esperan no dejar en herencia a sus hijos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de noviembre de 2007