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MIRADOR

Cultura pública turca

El inicio del proceso de elaboración de una nueva Constitución para Turquía, que supere la impuesta por los militares en 1982, ha puesto en pie de guerra a las feministas turcas por el intento de hacer a las mujeres "dependientes del hombre" y contarlas como "grupo que requiere protección social" junto a niños, ancianos y discapacitados. El Gobierno de Erdogan parece más empeñado en la modernización del país que en hacer avanzar una supuesta agenda oculta islamista.

Turquía es el único país del Consejo de Europa -aunque el Tribunal de Estrasburgo lo haya avalado- que no permite a la mujer llevar el velo islámico en lugares oficiales. Así, las universitarias que insisten en llevarlo llegan a ponerse pelucas encima del pañuelo. La esposa del nuevo presidente Gül no puede mostrarse en actos oficiales porque va cubierta. Sin embargo, la supresión de la prohibición puede suponer mayor presión para quienes no quieran portarlo.

Turquía está necesitada de una cultura pública libre, que reconcilie el Estado con una realidad social cada vez más islámica, sin por ello poner en peligro ni el carácter secular del Estado fundado por Atatürk ni el principio (que aún no la realidad como en tantos otros países) de la igualdad de mujer y hombre. Es lo que debería recoger la nueva Constitución, junto a la derogación del famoso artículo 301 del Código Penal que prevé penas de prisión por "insultar la identidad turca". Es bueno que las mujeres se organicen y movilicen para evitar dar marcha atrás en sus derechos, pero llevar el velo o no es algo que corresponde, incluso en actos oficiales, al ámbito de las libertades individuales. Los militares han de aceptarlo, pues de lo contrario lo que estarán defendiendo no será a las mujeres, sino su poder y privilegios propios.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de octubre de 2007