Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

1808, Obertura

En estas últimas escaramuzas de la guerra, guerrilla, de las banderas y de las identidades, el pendón madrileño de las siete estrellas no flamea impulsado por los vientos de la historia, que generan, resoplando todos a la vez con gran esfuerzo muscular y patriótico, los seguidores de los diferentes bandos y banderías. La ausencia de cualquier veleidad nacionalista en el pueblo de Madrid, es uno de los elementos que propicia la apropiación indebida de la enseña común, la banderita rojigualda, sangre y oro, o vinos de Jerez y de Rioja, según el ánimo de los patriotas, por los nacionalistas del Todo, españolistas residentes en Madrid, que aprovechan cualquier coyuntura o descoyuntamiento para sacarla a pasear. El banderazo aznarista de la plaza de Colón atrae como un potente imán a las otras banderitas españolas. Nunca se habían visto tantas en Madrid desde que los estancos retiraron la enseña nacional de sus fachadas para no dar mal ejemplo.

A falta de otras señas de identidad, muchos madrileños militan en dos bandos, eternos rivales en los estadios
Abundan los madridistas pesimistas e insatisfechos y los atléticos optimistas que creen en los milagros

A falta de otras señas de identidad, muchos madrileños, militan en dos bandos irreconciliables, eternos rivales en los estadios y fuera de ellos, madridistas y atléticos, merengues y colchoneros, blancos y rojiblancos. El Real Madrid y el Atlético de Madrid, el Madrí y el Atleti, son, como el Barça, algo más que "clubes", pues incorporan en su "ideario" deportivo diferentes "filosofías", formas diferentes de ver la vida; desde la óptica del triunfador satisfecho que cae en una profunda depresión cuando llega una mala racha, y la del perdedor resignado que celebra con grandes accesos de euforia una victoria aislada e inesperada. Engañoso espejismo, abundan, sobre todo últimamente, los madridistas pesimistas e insatisfechos y los atléticos optimistas que creen en los milagros.

Quizá para compensar la falta de ardor guerrero de los madrileños de ambos bandos, el Metro de Madrid proyectó hace unas semanas en sus pantallas un anuncio provocador que no tardó en provocar la destitución de sus responsables, sacudidos por la cólera de Aguirre. No era para menos, en el vídeo se presentaba a un seguidor atlético que utilizaba su coche para ir al estadio y conducía de forma brusca y desconsiderada mientras fumaba, hablaba por el móvil y hacía sonar la bocina. En un montaje paralelo, un impecable seguidor madridista, iba leyendo apaciblemente en un aerodinámico vagón del metro que le conducía a la moderna estación del Bernabéu. Por supuesto el atlético llegaba tarde.

Como remate a la disparatada historia, unos días después de la retirada del subproducto, su creador declaraba a los medios que él era del Atleti de toda la vida y su familia también. Para escapar de la perplejidad producida por sus manifestaciones algunos analistas sugirieron que a lo mejor había algo cierto en la imputación de masoquismo que suele achacarse a los seguidores atléticos y que se resume en la frase: es que en el fondo les gusta sufrir.

Lo que más afecta es lo que sucede más cerca. Para no perderte nada, suscríbete.
Suscríbete

Pero la próxima confrontación de la identidad madrileña no se producirá en las canchas deportivas, si no en los terrenos del arte, el teatro, la historia y la cultura. El segundo centenario del inicio de la Guerra de la Independencia, tendrá sus celebraciones, exposiciones, representaciones y otros simulacros organizados por dos comisiones bicentenarias, la comisión áulica de Esperanza Aguirre, con José Luis Garci a la cabeza del reparto de subvenciones, y la del Gobierno nacional en la que estará presente el alcalde de Madrid, junto al de Móstoles, también del PP, y los de Zaragoza y Cádiz, entre otros.

La presidenta del Gobierno regional se adelantó en la carrera y se autoproclamó comisaria suprema con plenos poderes para conceder a Telemadrid y a Garci, 15 millones de euros, a dedo, para realizar una película, basada en los Episodios nacionales de don Benito Pérez Galdós, que no podrá protestar por la adaptación. Glosas patrióticas y literarias para una efemérides que necesitaría análisis y debate para romper la imagen, maniquea y patriotera que suele darse del heroico levantamiento. No sé si habría que invitar a Sarkozy al evento, como se ha sugerido, pero la ocasión podría servir entre otras cosas para reivindicar la imagen de José Bonaparte, que fue un buen rey alcalde para Madrid, un monarca benévolo y liberal, al que una jugarreta de su despótico hermano menor situó en el incomodísimo trono de España.

Regístrate gratis para seguir leyendo

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS