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El Nacional de Poesía premia la obra resistente de García Valdés

La autora logra el galardón por su poemario 'Y todos estábamos vivos'

La poetisa asturiana Olvido García Valdés (Santianes de Pravia, Asturias, 1950) quiere compartir el Premio Nacional de Poesía, que obtuvo ayer -dotado con 15.000 euros por el Ministerio de Cultura-, "con todos". O lo que es lo mismo, "con los que estaban y los que estamos".

Con los protagonistas de Y todos estábamos vivos (Tusquets, 2006), un libro de poemas enjutos y desnudos al que acompaña la suerte: "Lo eligieron en EL PAÍS como uno de los tres poemarios españoles más importantes del año, en la revista Quimera como el libro de 2006...".

A García Valdés, coeditora de la revista Los Infolios, la noticia le llegó ayer entrando en una reunión del Instituto Cervantes de Toulouse, que dirige. Y todos estábamos vivos había entusiasmado a un jurado presidido por Rogelio Blanco, y formado, entre otros, por Andrés Sorel, Luis García Jambrina, Jon Kortazar, David Jou, Xoxé Luis Axeitos, Juana Vázquez, Juana Castro, Francisca Aguirre y José Manuel Caballero Bonald, ganador en 2006.

El libro galardonado es un poemario que enlaza con su penúltimo libro, Del ojo al hueso, que escribió "coincidiendo con una enfermedad muy grave, cuando acecha la muerte". Ambas obras comparten "un componente duro", pero Y todos estábamos vivos la siente también "muy celebratoria". "Ver de cerca la muerte convierte en irrealidad estar en la vida y, al mismo tiempo, uno siente una mayor intensidad en su manera de percibir el campo, la gente, los animales...". No quiere hablar de tristeza: "El proceso de formación de una persona llega al enfrentarse al hecho de que te vas a morir. Antes, no somos nada". En Y todos estábamos vivos tiene cabida también la reflexión sobre las mujeres, la migración, la conciencia del presente, la pobreza o el diálogo con otras artes.

El verano pasado, la autora de Exposición y ella y los pájaros ha traducido un librito de Pasolini, y pronto volverá a la poesía -"un lugar de resistencia frente a lo desgastado de la lengua, frente a lo banal"-, a un espacio "para condensar, para quedarse con las cosas que le importan a uno". Con la muerte o la intensidad de la vida.

Poema del libro Y todos estábamos vivos.

Dormías. De modo natural

Dormías. De modo natural

cerré la puerta. Estabas en mi casa

y eras más clara de lo que fuistey también era clara la penumbra

de aquella habitación. Buscaba yo

otra cosa y cerré sin ruido comprobando

que ya no tenía voz. Todo

aguardaba bajo formas

de sueño. Tú semejabas

santa Úrsula, atino ahora,

con aquella claridad y algo

del superior tamaño, Úrsula y su sueño.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de octubre de 2007

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