La polémica lastra la fiesta catalana

El director de la feria alemana criticó la ausencia de autores en castellano en el programa de la cultura invitada, representada por un brillante Quim Monzó que optó por contar un cuento

La cultura catalana se mostró ayer tan singular y universal como reza el eslogan que luce como invitada de honor de la 59ª Feria Internacional del Libro de Francfort, que se inauguró oficialmente ayer. La singularidad la protagonizó el director del evento, Juergen Boos, que en la presentación volvió a abrir la cansina polémica sobre la ausencia de los escritores catalanes en lengua castellana al afirmar que en dicha ausencia hay "motivaciones políticas". La universalidad corrió a cargo del escritor Quim Monzó pocas horas después, al realizar un brillante discurso inaugural a partir de un cuento en el que ironizó sobre la cultura catalana y sus problemas.

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"Los motivos de esta ausencia hay que buscarlos en el debate sobre el nacionalismo, el regionalismo y los propios autores castellanos que no han querido ocupar la centralidad y el protagonismo aquí", aseguró el máximo responsable de la feria en la que fue la primera pregunta de la rueda de prensa y formulada por un periodista alemán. Boos puso como ejemplo a Eduardo Mendoza, a quien atribuyó la postura general de los autores castellanos: "Él dice, 'yo vendo bien y soy conocido y mis colegas catalanes no, por lo que me retiro y les cedo la preeminencia". Boos aclaró que la feria había cursado una invitación amplia: "Es una pena que con la diversidad que tiene la cultura catalana, haya pasado una cosa así".

Las declaraciones de Boos (que maquilló al hablar de "magnífico programa literario" en su intervención en la inauguración oficial de la tarde) no obtuvieron respuesta de Josep Bargalló, director del Instituto Ramon Llull y responsable del programa oficial catalán, si bien sentaron fatal a su equipo, que daba este tema por pactado y zanjado con la dirección de la feria. Donde de alguna manera sí fueron replicadas en los parlamentos oficiales de pocas horas después. Ante un buen número de consejeros del Gobierno catalán (Josep Lluís Carod Rovira, Joan Manuel Tresserras, Joan Saura...), el presidente del parlamento, Ernest Benach, representantes del Gobierno balear y de Andorra y el ministro de Finanzas alemán, así como la plana mayor editorial catalana, la alcaldesa de Francfort, Petra Roth, aseguró que Cataluña "no ha sido invitada como región de España sino como una literatura singularizada en el marco de la diversidad de lenguas" de Europa.

Más esperada era la respuesta indirecta del presidente de la Generalitat, José Montilla, quien en un discurso tan largo y poco atractivo como milimetrado, aseguró que el catalán, del que dijo que quiere incrementar su uso social, "es la lengua propia de nuestro país, que convive sin más conflicto que el que de forma artificial algunos pretenden crear inútilmente, con la lengua castellana, que también es patrimonio de la sociedad catalana". En el juego de equilibrios, citó a Ausiàs March y Joanot Martorell, escritores valencianos de los que afirmó que "Cataluña se siente deudora" por haber universalizado la lengua que hoy habla.

En las antípodas de forma y fondo a pesar de vestir anómalamente corbata, Monzó convirtió su parlamento en un cuento construido con su más puro estilo: humor e ironía sardónica que todo lo cuestiona al servicio de la historia de un escritor al que le proponen el discurso protocolario de la feria. En menos de 15 minutos, el supuesto autor vive todos los dramas que han acompañado la polémica catalana: de entrada, duda de si aceptar por las críticas que puede recibir por un lado o por otro, si bien al final acepta "porque no cree que haya de pedir perdón por sentirse parte de la cultura invitada". El ficticio autor se pregunta por qué se convoca a "una cultura con una literatura desestructurada y repartida entre diversos estados, donde realmente no es lengua oficial en ninguno" y recuerda que la elección final de Frederic Mistral como premio Nobel de 1904 ("que no era catalán sino occitano") fue la única que se ha hecho nunca a una literatura sin estado "gracias a que molestó a los puristas del Estado-nación". Tras diversas reflexiones, el conferenciante llega a la conclusión de que igual todo lo expuesto no sirve de mucho porque la gente no conoce los nombres que cita, todo discurso puede servir para uno y lo contrario y porque "todo el mundo tiene una idea del mundo a partir de la geometría actual del poder político-cultural".

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La polémica sepultó injustamente dos actos más en la feria. Por un lado, la inauguración de la exposición central Cultura catalana, singular y universal, organizada por el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona y que, con un presupuesto de 1,5 millones de euros, ha sido comisariada por Xavier Pla. En ella se repasan los ocho siglos de vida de la literatura catalana, se explica la historia editorial de Cataluña (sin distingos de idiomas) y concluye con ocho pantallas donde 20 de los autores en lengua catalana actuales más potentes (Porcel, Riera, Gimferrer, Mira, Mesquida...) hablan de la escritura. El otro evento fue la gala inaugural, "una especie de jam session de la palabra", según su director, Joan Ollé, donde, durante casi dos horas, 75 personas (de Maite Martín a Paco Ibáñez, pasando por Sol Picó) recitaron fragmentos o musicaron obras de autores catalanes.

CRONOLOGÍA DE UN DESENCUENTRO

El 24 de febrero de 2005, la junta directiva de la Feria de Francfort decide que el invitado de honor de la edición del año 2007 sea la cultura catalana.En mayo de ese mismo año, a propuesta de CiU con el apoyo de ERC -las dos formaciones que siempre han defendido que sólo hubiera autores en catalán-, se aprueba en el Parlamento catalán una moción en la que, por la intervención moderadora socialista, se pide que se "dé prioridad" a la literatura catalana en Francfort. Comienza la larga polémica política e ideológica que ha continuado hasta hoy. "Que les aproveche", dijo Juan Marsé. Nerviosismo en la feria alemana.La organización recae en el Institut Ramon Llull, que desde entonces ha tenido tres directores y ha dependido de otros tantos consejeros de Cultura distintos, los dos primeros del PSC y el último de ERC.Pese a que el propio presidente, José Montilla, aseguró en campaña electoral que habría autores catalanes en castellano en Francfort, la invitación a algunos, pocos, de los más relevantes el pasado verano les llega tan tarde que, agotados por el enfrentamiento mediático, rehúsan asistir.

Sobre la firma

Carles Geli

Es periodista de la sección de Cultura en Barcelona, especializado en el sector editorial. Coordina el suplemento ‘Quadern’ del diario. Es coautor de los libros ‘Las tres vidas de Destino’, ‘Mirador, la Catalunya impossible’ y ‘El mundo según Manuel Vázquez Montalbán’. Profesor de periodismo, trabajó en ‘Diari de Barcelona’ y ‘El Periódico’.

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