Necrológica:Perfil
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Josep Gibert, paleontólogo

Fue el descubridor del fósil conocido como el Hombre de Orce

Conocí a Josep cuando yo estaba estudiando ciencias geológicas en la Universidad Autónoma de Barcelona. En aquella lejana época la paleontología de vertebrados en Cataluña se encontraba en una encrucijada histórica decisiva. Por una parte, Miquel Crusafont, catedrático de Paleontología de la Universidad de Barcelona y director del Instituto de Paleontología de Sabadell (creado por la Diputación de Barcelona), se hacía mayor, jubilándose de la cátedra e intentando potenciar un centro levantado con su prestigio personal. Josep Gibert mostraba ya en aquella época una de sus facetas más distintivas, el entusiasmo y la vocación por la paleontología y un optimismo inagotable, facultad que le permitiría en el futuro superar momentos bien difíciles. Su entusiasmo frecuentemente conllevaba expediciones con toda la familia a cuestas a la caza del homínido fósil o lo que se terciase.

Recuerdo que por entonces su entusiasmo y capacidad de trabajo, que con la colaboración de en la época dos estudiantes, Jordi Agustí y yo mismo, permitieron llevar adelante, de modo voluntarioso, un conjunto de proyectos de investigación en el Levante de la península Ibérica. Desplegó una actividad frenética que le condujo a la excavación de uno de los mejores yacimientos del pleistoceno inferior de Europa, Venta Micena (Orce, Granada). Desde aquella época Josep Gibert y Orce han mantenido una relación permanente, que seguirán manteniendo, ya que allí serán dispersadas sus cenizas.

A inicios de los años ochenta ocurrieron dos hechos que tuvieron una marcada incidencia para el futuro de la paleontología de vertebrados en Cataluña y en los que Josep Gibert jugó un papel decisivo. Por una parte, el descubrimiento en Venta Micena del fragmento craneal conocido como Hombre de Orce, hallado en 1982, y el fallecimiento, poco más tarde, de Miquel Crusafont. Esta coincidencia temporal fue la que permitió a Josep Gibert, nombrado director del Instituto de Paleontología, la oportunidad única de potenciar el centro. Esta constelación de circunstancias le dieron la fuerza para poder obtener de la Administración algo inaudito para la época: cuatro plazas para investigadores, en un centro de investigación en paleontología que sólo disponía por las fechas de una.

Esta decidida acción de Gibert es la que ha permitido que la paleontología de vertebrados en Cataluña haya tenido continuidad después de la muerte del doctor Crusafont, y tenga actualmente el prestigio y el futuro que la creación del nuevo Institut Català de Paleontología (Generalitat de Cataluña y Universidad Autónoma de Barcelona), que bien pronto asumirá el Institut de Paleontología Miquel Crusa-font, auguran.

El descubrimiento del Hombre de Orce se torció y aparecieron discrepancias insalvables en el seno del propio instituto (y fuera). Sus antiguos colaboradores sostuvimos y todavía sostenemos que el cráneo no es humano, pero Josep Gibert se mantuvo en su posición original, a pesar de la lluvia de críticas. Tal vez, su empecinado optimismo no le permitió ser permeable a las observaciones de sus colegas e insistió hasta el final de sus días en la humanidad del cráneo de Orce. La polémica pieza fue muy discutida, pero lo que nadie podrá discutir son los frutos que su decidida acción en el diseño del Instituto de Paleontología tuvo y que en el fondo perduran hasta hoy.

Salvador Moyà-Solà es director del Instituto Catalán de Paleontología.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0009, 09 de octubre de 2007.