Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Análisis:A LA PARRILLA

Producción propia

No hace falta ser futurólogo para saber por dónde irán los tiros de la próxima temporada y, si me apuran, del futuro a medio-largo plazo. Las privadas impares (la tres y la cinco) seguirán practicando el monocultivo rosa y llegarán a cuotas morbosas y escandalosas que no tienen parangón con ninguna tele del globo; y las pares (dos, cuatro y seis) intentarán arañar décimas de share al contubernio del corazón con esas series en formato cinematográfico y de producción ajena que triunfan en el planeta Tierra. Lo siento, pero esto es todo lo que hay a la espera, como decía Molina Foix, que la nueva Corporación de TVE cumpla a rajatabla con el ambicioso plan que presentó Luis Fernández en el Parlamento.

Admito que vistas las cosas desde la balanza de pagos y del PIB es mucho más rentable y patriótico lo que hacen nuestras teles impares con sus transformados morbosos de la potente industria rosa, incluidas tantas series en formato vídeo casero, porque todo queda en casa y es de rigurosa producción propia (famosos, presentadores, guionistas, equipo técnico, actores y materia prima), pero desde el punto de vista de la calidad de las mercancías y del sentimiento de vergüenza ajena, lo que emiten las impares con House, Prison Break, Perdidos, El ala oeste y demás series del canon actual también es un servicio a la patria en la era de la globalización: nos sincronizan con el planeta Tierra y nos quitan esa videocaspa que nos viene de lejos.

Si se trata de comparar, comparemos entre estas dos nuevas Españas recién nacidas. Esta semana he visto tratar a los homosexuales como enfermos (La Noria), acosar al ex novio de la ex de Álvarez Cascos, hurgar en las heridas de la familia Ordóñez y de la Pantoja, acusar con un burdo photoshop a Letizia de ser cruel cazadora o resucitar el futuro divorcio cantado de los duques de Lugo. Mientras que en las tres cadenas pares me he divertido globalmente con sus series de producción ajena y, como en los mejores tiempos, del cine.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de septiembre de 2007