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Tribuna:COYUNTURA NACIONAL

¿Recesión?

Titulaba la última columna de julio, antes de marcharnos de vacaciones, Tormenta de verano, comentando la inestabilidad y las correcciones que habían empezado a sufrir ya entonces los mercados financieros, con caídas de las Bolsas y aumentos de los tipos de interés a largo, curiosamente en un contexto en el que instituciones como el FMI revisaban al alza las previsiones de crecimiento para 2007 y 2008. Claro que también el FMI señalaba la presencia de factores de riesgo importantes, como los peligros inflacionistas provenientes de las subidas de los precios de las materias primas, el deterioro de la calidad del crédito (del que parece que las agencias de rating no se habían enterado), los procesos de ajuste de los mercados inmobiliarios y los duraderos desequilibrios financieros internacionales.

En Funcas hemos revisado a la baja el crecimiento para 2008: del 3,3% al 2,9%

Alguno de estos riesgos se ha materializado en agosto y desafortunadamente, a pesar de nuestros buenos deseos, la tormenta se convirtió en huracán. En algún momento se temió lo peor, un crash financiero que hubiera llevado a la economía internacional a la recesión por la vía de una estrangulación del crédito, pero la rápida y contundente actuación de los bancos centrales (esos que tan mala fama suelen tener porque nos suben los tipos de interés) evitó lo peor, aportando la liquidez necesaria.

Si nos hemos librado de lo peor, no por ello este huracán va a dejar de tener secuelas para el futuro próximo: el crédito va a costar más caro y las entidades examinarán con más minuciosidad a los demandantes de financiación, es decir, la accesibilidad al crédito, uno de los lubricantes más importantes de la economía española desde nuestra incorporación al euro, se va a endurecer significativamente, restando posibilidades a la demanda de consumo e inversión; además, el clima de confianza y las perspectivas se han deteriorado.

Todo esto y la aparición de algunos datos no demasiado buenos sobre el curso reciente de nuestra economía, y de la europea, han provocado (casi siempre lo es) un brusco y atormentado comienzo de curso tras las vacaciones veraniegas. La contabilidad nacional confirmó nuestras previsiones de desaceleración del PIB, reduciéndose su crecimiento interanual del 4,1% en el primer trimestre al 4% en el segundo (ver gráficos adjuntos).

Puede decirse que una décima porcentual no es muy significativa estadísticamente hablando, pero en el contexto en el que se inscribe y a la vista de los datos de los meses más recientes, me reafirmo en lo escrito en esta columna hace tres meses, que el segundo trimestre marca el inicio de una fase de desaceleración de nuestra economía. Ahí tenemos, por citar algunos ejemplos significativos, el menor crecimiento de los afiliados a la seguridad social, el aumento del paro registrado, la pérdida de dinamismo de la producción industrial, la reducción de las ventas de automóviles y, algo que miramos con lupa los analistas desde hace tiempo, la caída de los indicadores de vivienda, más profunda de lo que asumíamos en nuestras previsiones.

¿Significa esto que estamos a las puertas de una recesión? No, pero sí parece claro, como decía la OCDE esta semana refiriéndose a la economía europea, que el máximo de la fase expansiva en la que nos encontrábamos ya ha quedado atrás. También parece que la desaceleración puede ser algo más intensa de lo previsto, por eso en FUNCAS hemos revisado a la baja en cuatro décimas porcentuales el crecimiento para 2008, del 3,3% al 2,9%.

Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de septiembre de 2007