Reportaje:

El albariño de Lugo gana al Rías Baixas

Una bodega de la Ribeira Sacra se impone en los concursos a los blancos de Pontevedra, pero las imitaciones están en California

Sus cepas crecen a la vera del Miño, pero mucho más arriba que las otras vides de albariño.

Hasta hace menos de un año, cuando se recogió la primera, polémica, cosecha de esta uva autóctona en la comarca de O Ribeiro, las Adegas Moure (de O Saviñao, Lugo) eran las únicas bodegas gallegas que cultivaban albariño y comercializaban blanco de esta variedad, el Abadía da Cova, fuera de los límites de la denominación de origen Rías Baixas. Según cuenta uno de sus propietarios, José Manuel Moure, en realidad esta bodega de la Ribeira Sacra (subzona Ribeiras do Miño) plantó sus cepas "hace unos 16 años, antes de que se creasen las denominaciones" y se les pusiesen cancelas a las comarcas vitivinícolas.

Francis Ford Coppola está viendo madurar su primera cosecha de blanco gallego este año

Y desde entonces -con una producción media de 20.000 botellas al año-, ha ganado 45 premios nacionales e internacionales y se ha impuesto dos veces seguidas a sus hermanos del Suroeste en la cita más importante del sector en España: la Cata Sumiller, en la que el Abadía da Cova fue reconocido como el segundo mejor blanco del país, sólo por detrás de un rueda. Siempre se lleva los oros y las platas, y ahora también acaba de ser segundo en el Certamen de Vinos de Montaña que se celebra en Aosta y en la última cata de los enólogos suizos. Allí resultó ser el único blanco elegido, según Moure, "entre unos 4.000" del planeta.

En España, solamente las denominaciones Rías Baixas, Ribeira Sacra y Ribeiro tienen autorización del Ministerio de Agricultura para utilizar contraetiquetas de albariño. El caldo, si se produce en otras zonas de España, únicamente se puede comercializar como vino de mesa, una traba con la que, en cambio, no se topan las regiones vinateras que están fuera del alcance del Gobierno español.

Mientras en Lérida Codorníu tiene que dedicar sus hectáreas de cepa albariño a mejorar la composición de sus vinos Raimat, una rama del clan Torres (las también catalanas Bodegas Torres, líderes españolas en exportación de vinos) que ha crecido en California podrá lanzar su primer blanco gallego en Estados Unidos, probablemente para el año 2009.

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Marimar Torres, la hermana más joven de la generación que rige los destinos de la marca, fundó la bodega Marimar Estate en el valle Verde (subsector del valle del Río Ruso, en el condado de Sonoma), cerca de Sebastopol. Después de 32 años en California, lo último que decidió plantar (hace tres temporadas) fueron cepas de albariño en su viña Don Miguel.

Pero ella no es la única viticultora que experimenta con la uva gallega al otro lado del charco. También en California, el cineasta Francis Ford Coppola está viendo madurar su primera plantación de la variedad autóctona de las Rías Baixas (bajo su sello Niebaum-Coppola, en el valle de Napa), y en el mercado hay ya otras marcas, Bonny Doon (en Santa Cruz), Havens (en Los Carneros, Napa) y Verdad (en el valle de Santa Inés, cerca de Santa Bárbara).

Ninguno de estos albariños (para los norteamericanos, "albarinos", que así se anuncian y así se venden en un país sin ñ en el alfabeto, aunque en las etiquetas la lleven) se puede conseguir por menos de 15 dólares y lo normal es que ronden los 20. Y suele ser más fácil encontrarlos en restaurantes (como las marisquerías Blue Water Grill de Manhattan y Chicago) que en tiendas, aunque también los ofrecen -junto a los albariños con ñ, de las Rías Baixas o de la Ribeira Sacra- algunas vinotecas de California y, sobre todo, de Nueva York.

A orillas del Miño, río arriba o río abajo, nadie teme esta fiebre albariña de ultramar. Más bien, todo lo contrario: los productores gallegos asumen que la cepa autóctona es la segunda más valorada del mundo, únicamente por detrás de la chardonnay. Asumen y presumen, porque dicen que la viña no lo es todo y que la tierra y el calor californianos no ayudan.

El albarino nunca será albariño aunque sus autores se esfuercen en reproducir las condiciones climáticas gallegas en el lejano oeste americano. Louisa Sawyer, la bióloga que fundó Verdad Winery, la primera plantación de blanco galaico en California, al sur del estado, buscó unos terrenos suficientemente inclinados y debidamente aireados.

Optó por instalarse en la hacienda Ibarra-Young y plantó los viñedos a 300 metros sobre el nivel del mar, orientados de tal forma que se beneficiasen de la humedad que entra con la brisa del Pacífico. Después, ella y su marido, Bob Lindquist, especializado en cepas del Ródano, viajaron a las Rías Baixas para copiar las técnicas de cultivo y fermentación de los genuinos albariños. Así, imitando lo más posible, consiguieron lanzar su primera cosecha en 2003, nueve años después de plantar las 150 cepas iniciales, aunque la mejor añada, según los expertos, llegó dos temporadas más tarde. Eso sí: los mismos especialistas (americanos, por cierto), si tienen que elegir, se quedan con los albariños de Pontevedra y de Lugo.

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