Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Un empresario ofrece sin éxito trabajo al rumano que se quemó a lo bonzo

Viajó ayer a Valencia y no logró contactar con la familia del inmigrante

A Marian Mirita le han ofrecido trabajo y un hogar para su familia, pero él no lo sabe. Sigue en estado muy grave en el hospital La Fe de Valencia, donde ingresó el pasado miércoles con quemaduras en el 70% de su cuerpo. Marian, de 44 años, se quemó a lo bonzo ante la subdelegación del Gobierno de Castellón delante de su mujer y dos hijos por pura desesperación, al no conseguir 400 euros con los que regresar a Rumanía tras meses de penuria y sin trabajo.

Ayer, mientras luchaba por salir adelante conectado a un respirador, consiguió la promesa de un empleo. Un empresario de la localidad toledana de Quintanar de la Orden, Sebastián Oliva Ruiz-Díaz, de 46 años, está dispuesto a darle un puesto en su industria de productos químicos. Impresionado por la dramática historia de los Mirita, el empresario viajó ayer a Valencia junto a su esposa Monserrat y un empleado para localizarlos. Su acto de solidaridad se frustró y no logró ver a la familia.

Sin más datos que el ingreso del inmigrante en La Fe y un posible contacto entre la comunidad rumana, Oliva se plantó a las 13.15 en el centro sanitario con una primera ayuda económica recaudada entre amigos. "Lo que queremos es ofrecerles la tranquilidad de que tienen una empresa que está dispuesta a darles trabajo", afirmó Oliva, rodeado de cámaras. El industrial, que emigró a España desde Argentina a los 18 años, denunció a las "mafias que engañan a inmigrantes", y aseguró que había llamado a políticos de Castilla-La Mancha, entre ellos, José Bono, para que ayuden a regularizar la situación de Mirita, por la que se habría interesado el gobierno autonómico.

En La Fe no pudieron facilitar su paradero. Oliva no llegó a llamar a la Consejería de Bienestar Social, que ha acogido a la familia de Mirita. "Todo ha sucedido muy deprisa", dijo.

Oliva contactó con una representante de una asociación de inmigrantes que, dijo, había hablado esta semana con Ionela, esposa de Marian. Y confiaba en que esta mujer pudiera organizarle un encuentro. Sin embargo, a media tarde, Oliva explicó que le habían emplazado a intentar el lunes el encuentro y a que ingresase el dinero para los Mirita en un banco. "Esto no tiene ni pies ni cabeza", comentó desconfiado; "nos vamos como hemos venido". El contacto de Oliva explicó que no había localizado a una conocida suya que podría facilitar la entrevista, y que sólo pretendía "ayudar". La oferta de Oliva "sigue en pie".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de septiembre de 2007