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Reportaje:LOS FRANCO

Meirás vuelve a verse en blanco y negro

La herida por la cesión 'voluntaria' del pazo al dictador se reabre con la resistencia de la familia al posible uso público

Josefa rompía a llorar a cada vez que se le preguntaba por la conversión de las Torres de Meirás, el refugio literario de su ilustre vecina, la escritora Emilia Pardo Bazán, en el Pazo del Caudillo, la residencia veraniega del autoproclamado jefe del Estado, Francisco Franco. "No revuelvas por ahí... ¡Lo pasamos tan mal!", rogaba la mujer a su hijo Juan o a su sobrino Carlos, ansiosos por saber más de esa historia que marcó a su familia, pero de la que nadie quería hablar, ni siquiera en la intimidad. En Meirás, una parroquia rural de unos 800 habitantes a tres kilómetros de la villa costera de Sada, aún hoy, en una democracia ya treintañera y fallecidos la mayoría de los afectados por la propiedad regalada al dictador en nombre de la "ciudad y la provincia de A Coruña", la donación del pazo es un tema tabú. Con la pretensión de la Xunta de Galicia de entrar en el dominio para determinar si se le puede dar un mínimo uso público, resurgió el pasado. Los herederos del Caudillo cerraron sus puertas y afloró el doloroso episodio del obsequio. Quedan testimonios que algunos hijos o nietos consiguieron sonsacar a sus mayores. Pero casi nadie quiere dar nombre o apellidos. "Vaya usted a saber lo que puede pasar, de política no se puede hablar", se excusa una vecina.

"Saludo a Franco. ¡Arriba España!". Así se encabezaban los recibos de las 'donaciones'

Franco celebró allí múltiples Consejos de Ministros. "Mi Parlamento de bolsillo", lo llamaba

Josefa Babío tenía 18 años cuando fue desalojada a la fuerza, con su familia, de su humilde casa de labranza porque ésta 'se cruzó' en el camino del grueso muro de piedra con el que se delimitó el pazo

La declaración de bien de interés cultural obligaría a abrir el pazo al público cuatro días al mes e impondría rigurosas medidas de conservación y protección. A cambio, habría derecho a subvenciones

Fue en 1938, en plena Guerra Civil, en una Galicia adherida al bando de los nacionales desde casi el principio de la sublevación militar que protagonizó Franco. Josefa Babío tenía 18 años cuando una mañana, sin previo aviso, fue desalojada por la fuerza, con su madre viuda y sus dos hermanos pequeños, de la humilde casa de labranza situada a los pies del castillo de tres torres rectangulares ideado por la autora de Los pazos de Ulloa a finales del siglo XIX. El grueso muro de piedra que se estaba construyendo para delimitar la propiedad destinada al dictador tropezó con la casa de los Babío. Se superó el obstáculo incorporándolo al conjunto de fincas y anexos del pazo con el que se hizo un grupo de políticos y empresarios coruñeses deseosos de demostrar su entrega a Franco agasajándole con una residencia en su Galicia natal. Estaban capitaneados por el entonces gobernador civil de A Coruña y futuro jefe de la Casa Civil del Generalísimo, Julio Muñoz Aguilar, y por el banquero Pedro Barrié de la Maza, luego recompensado con el título de conde de Fenosa (el anagrama de su empresa, Fuerzas Eléctricas del Noroeste, SA). Crearon una Junta Provincial Pro Pazo del Caudillo para sufragar el obsequio con una "suscripción popular". Los coruñeses eran invitados a demostrar su lealtad al nuevo régimen con "una aportación voluntaria para la adquisición y reconstrucción de la finca Torres de Meirás, dedicada al Caudillo", según consta en los recibos, encabezados por un "saludo a Franco. ¡Arriba España!". Las autoridades locales fijaban la cantidad del donativo. A funcionarios del Ayuntamiento de A Coruña y de la Diputación Provincial se les descontaron días de sueldo. Una anciana, ex limpiadora municipal, asegura que le restaron una semana.

La Junta Pro Pazo cerró la compra, en marzo de 1938, por 400.000 pesetas. La operación incluía el pazo con todo el mobiliario y el legado de la escritora, así como unas tres hectáreas de terreno. Ni siquiera la hija de la escritora pudo recuperar sus pertenencias personales cuando, tras firmar la venta, acudió a Meirás. "La Guardia Civil no le dejó entrar", cuenta la actual condesa de Pardo-Bazán, Carmen Colmeiro. Con la misma diligencia comenzaron de inmediato las obras y expropiaciones para duplicar los terrenos y acondicionar la propiedad destinada al dictador, así como los accesos. A medida que se construía el muro que encierra el dominio, y que se asfaltaba, reparaba o ampliaba la carretera, se iban ocupando tierras de labradío. Cada mañana, los vecinos salían a averiguar si sus fincas estaban o no entre las afectadas. A falta de testigos, quedan el registro de Catastro y la hemeroteca. Bajo el título de 'Las rutas de Meirás, cómo se embellece el Pazo del Caudillo', un amplio reportaje publicado el 11 de agosto de 1938 en La Voz de Galicia relata con profusión de detalles la transformación. "Ya no se trata de un pazo más o menos señorial, sino de la suntuosa y adecuada residencia del jefe del Estado nuevo". El redactor corrobora que se "duplicó sus tierras y ensanchó parques y jardines con cuantas tierras y prados -y hasta alguna casa- fueron precisos para mejor regularizar la rumbosa oferta de la provincia al Generalísimo". Josefa Portela y sus tres hijos aún tuvieron suerte: al poco de quedarse en la calle recibieron una pequeña indemnización y fueron realojados. Otros expropiados no vieron nunca una peseta. Quienes se resistían a perder sus tierras eran amenazados con ser expulsados a Asturias, aún bajo control de los rojos. Con compensación o sin ella, todos los afectados eran llevados en vehículos militares hasta una notaría de Betanzos para formalizar el cambio de propiedad.

El pazo, sus jardines, huertas, prados y bosques, 66.792 metros cuadrados en total, quedaron registrados a nombre de Francisco Franco Bahamonde y familia. Hoy figura como dueña su esposa, Carmen Polo, fallecida en 1988. Medio siglo antes, el 5 de diciembre de lo que los franquistas denominaban "II Año Triunfal", todo un regimiento de representantes de los estamentos institucionales y sociales de Galicia acudió a Meirás para asistir a la ceremoniosa entrega de la donación. Franco escogió personalmente el pergamino, entre dos de diseño distinto pero con idéntico texto, que establecía: "La ciudad y la provincia de La Coruña hicieron la ofrenda-donación de las Torres de Meirás al fundador del nuevo imperio, Jefe del Estado, Generalísimo de los Ejércitos y Caudillo de España Francisco Franco Bahamonde". El agasajado escribió "acepto", firmó y aclaró verbalmente que si recibía "el obsequio gustoso" era "exclusivamente por tratarse de una donación" de sus "queridos paisanos". Durante los 36 años que fue jefe del Estado, Franco se trasladaba con su familia cada agosto a las Torres, que pasaron a ser escenario habitual del No-Do. Allí se celebraron múltiples Consejos de Ministros. "Mi pequeño Parlamento de bolsillo", decía el dictador. Murió hace 32 años y con él se desvaneció el interés por Meirás. Hasta este mes de agosto: la parroquia y sus gentes vuelven a poblar la pequeña pantalla y las páginas de los periódicos como "hacía bien tiempo que no ocurría", confirma Rosa, la dueña del bar Lilo, situado enfrente a la entrada principal del pazo. Temas para alimentar crónicas y comentarios no faltan. Los descendientes del Caudillo, con su hija, Carmen Franco, a la cabeza, estaban en Meirás cuando, el pasado 30 de agosto, dieron con la puerta en las narices a los técnicos de la Xunta que pretendían realizar una inspección del interior del pazo y sus jardines para determinar si es susceptible de ser declarado bien de interés cultural (BIC).

Parcos y desconfiados, algunos vecinos de Meirás se atrevieron los primeros días a salir en pantalla para defender o criticar el proyecto de imponer un mínimo uso público a un pazo que figura desde 1991 en el Inventario del Patrimonio Cultural de Galicia. La declaración BIC, reclamada formalmente por la corporación municipal de Sada, obligaría a abrir la propiedad al público cuatro días al mes, impondría a sus dueños rigurosas medidas de conservación y protección, pero también les permitiría acceder a subvenciones públicas. El debate está servido. "Tienen que devolverlo al pueblo", sostiene ante las cámaras un hombre. "A mí, si me regalan una casa, ya podrían esperar sentados que la devuelva al pueblo", replica una vecina. Pero en la pequeña parroquia, todos han vuelto a atrincherarse en el silencio. "Llegó el momento de conocer la verdad, sin afán vengativo, sino para tomar nota y que no vuelva a ocurrir", clama Carlos Babío, portavoz del Bloque Nacionalista Galego (BNG), el partido que gobierna en Sada desde mayo. Él y su primo Juan son los únicos que llevan años tratando de reconstruir y difundir aquel "drama" que vivieron su familia y otras. Babío confiesa que muchos de sus vecinos le preguntan si no teme "represalias por hablar de eso".

Los herederos de Franco también se encerraron en el mutismo más absoluto tras presentar un contencioso-administrativo contra la Xunta por pretender inspeccionar el estado de conservación de su patrimonio. Siguiendo la pauta general de los residentes en Meirás, la familia del dictador no quiere ni declaraciones, ni grabaciones. El "amplio reportaje fotográfico" del interior del pazo que pretendía hacer el equipo de la Consejería de Cultura (una arquitecta, un arqueólogo y una historiadora del arte) fue lo que desató las suspicacias de los Franco. Claman por su derecho a la inviolabilidad del domicilio y exigen confidencialidad. "La posición de la familia no es cerrada", afirman fuentes próximas. "Es que quiere garantías de que las cosas no anden circulando por ahí".

Tampoco gustó la fecha que impuso la Xunta para visitar la propiedad. "Está llena de familiares", protestaron. Como cada verano. Los Franco son ahora discretos en sus idas y venidas. No mantienen relación con las gentes del lugar salvo para acudir a la misa anual en memoria del Caudillo, en la iglesia parroquial de corte modernista que éste hizo construir en 1971. El pasado 27 de agosto, Carmen Franco acudió al oficio con su nieto, Luis Alfonso de Borbón; la esposa de éste, Marga de Vargas, y el ex alcalde Ramón Rodríguez Ares, al que todos en Sada llaman Moncho. Mancebo de farmacia, Moncho fraguó amistad con la familia cuando acudía al pazo a llevar medicinas. Retirado de la política tras ser apeado en las elecciones de mayo de la alcaldía que ejerció durante 27 años, mantiene inquebrantable su apoyo. "El pazo es una propiedad privada, no un museo. Las cosas que hay allí no son las que había cuando vivía el Generalísimo. Había muchas que hoy no hay porque el pazo está adaptado para el veraneo de la familia, no para recorridos turísticos", declaró a los periodistas.

Ahí está el quid de la cuestión: el estado de conservación del interior de la fortaleza y, sobre todo, cuáles son los bienes que alberga. El incendio, de causas indeterminadas, que arrasó la noche del 18 de febrero de 1978 parte del edificio alimenta el enigma. En el vecindario, recuerdan que aquel día, horas antes, hubo "un tráfico continuo de camiones" que entraban y salían de la propiedad. A la mañana siguiente se acordonó una zona del atrio de la iglesia parroquial para depositar objetos rescatados de las llamas, como una talla del Quijote con el brazo quemado o "libros de tapas bonitas", pero chamuscados. Cuando las Torres de Meirás se convirtieron en el Pazo del Caudillo, se hicieron traer de toda Galicia hórreos, cruceros y fuentes. La afición conocida de Carmen Polo por las antigüedades también protagonizó la nueva decoración, que se enriqueció con piezas procedentes de otros pazos e incluso, se especula, de monasterios. ¿Qué queda del legado de la Pardo Bazán? El valor cultural y patrimonial de la singular fortaleza, que la escritora encargó construir en 1893, data de esa época. La Consejería de Cultura solicitó autorización judicial para entrar en el pazo. La inspección, alega, es imprescindible para determinar si realmente reúne las condiciones de un bien de interés cultural.

Las Torres de Meirás fueron concebidas como santuario literario de doña Emilia. Allí pasaba los veranos escribiendo y organizando reuniones de intelectuales. En la torre más alta, la Quimera, quedan 3.000 libros de su biblioteca. La Real Academia Galega, con 8.000 volúmenes donados por la esposa de Franco tras el incendio de 1978, logró, en colaboración con la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, que una delegación visitase el pazo, hace seis años. Carmen Franco actuó de guía.

En Meirás, nadie habla. Pero el revuelo mediático ha propiciado descubrimientos como imágenes antiguas y de buena calidad de varias estancias principales, probablemente de época anterior a los Franco. Manuel Chas, vecino septuagenario, las guardaba en casa sin que nadie lo supiese. Hasta ahora.Meirás vuelve a verse

en blanco y negro

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de septiembre de 2007