Los de allí vistos por los de aquí

Los europeos residentes no molestan, hablan en inglés y gastan poco dinero en el comercio local

En Rojales el mercado de abastos, junto al Ayuntamiento, está tranquilo. "Por aquí vienen poco y lo que se dice gastar, gastan menos", admite José Francisco Rodríguez, un vendedor de carne que heredó el puesto de sus padres cuando todavía Rojales era un pequeño pueblo de la huerta en el que todos se conocían. "Con gestos nos entendemos", admite este carnicero que lamenta el escaso interés que tienen los extranjeros por aprenden el castellano, y además asegura que para la economía de la zona su presencia apenas ha tenido incidencia.

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Los extranjeros residentes, fundamentalmente ingleses, alemanes, suizos, franceses o de los países nórdicos, prefieren para ir de compras las grandes superficies comerciales donde escogen lo que buscan, los rótulos están en inglés y tienen productos propios. Carmen Campos, una anciana de 70 años que observó con sus ojos cómo iba cambiando ese pequeño pueblo agrícola al que fue a vivir cuando se casó, asegura que: "Llegaron con la peseta y entonces vivían como reyes, ahora con el euro no tanto", recuerda, "pero el vino y el jamón no les falta". José Noguera, que regenta una tienda de comestibles en el mismo mercado, coincide en admitir que son pocos los clientes foráneos que se acercan hasta su colmado, "les gusta más los mercadillos ambulantes o los súper", a pesar de que disponen de un servicio de bus gratuito que conecta la urbanización de Ciudad Quesada, la zona residencial en la que viven 10.000 personas de las 15.000 censadas, con el centro.

Los autóctonos detectan dos oleadas migratorias, la primera que llegó procedente de Europa, compuesta por jubilados y que se instaló en urbanizaciones de la periferia del núcleo urbano, y la más reciente con mano de obra dispuesta a trabajar y que proceden de Latinoamérica y de los países del Este. "Al menos estos sí que vienen a comprar", comenta con alivio Noguera. De hecho, el 51,4% de los 727.000 extranjeros que viven en la Comunidad Valenciana son extracomunitarios, según informó ayer la Generalitat. Sus principales países de origen son Marruecos, Ecuador, Colombia y Argentina. Los más de 353.600 extranjeros comunitarios residentes proceden del Reino Unido, Rumanía, Alemania y Bulgaria. En el mercado, clientes y vendedores admiten que la población foránea no genera problemas pero les recrimina que no se integren más y no quieran participar ni con los donativos para las fiestas patronales. "Si vives en el pueblo, el gasto hay que hacerlo en el pueblo", afirma tajante Campos.

Rojales es una localidad de origen agrícola ubicada en la Vega Baja del Segura que en 1990 superaba apenas los 5.000 habitantes y que en 2005 rondaba los 14.000. Sólo un 35% de los residentes son españoles, el resto es un conglomerado de culturas diferentes, mayoritariamente europeas, que tienen sus bares, sus tiendas, periódicos en sus lenguas, emisoras de radio e incluso empresas de servicios domésticos (fontanería, albañilería o carpintería). Pese a ello, su alcalde, Antonio Martínez, del PP, asegura que buscan "la mayor integración posible". En su equipo de gobierno está el Grupo Independiente de Rojales, que obtuvo dos concejales, y los dos son extranjeros.

Los primeros en llegar a Rojales a partir de los años 80 fueron los suizos merced a una promoción inmobiliaria que se hizo en el país helvético. ¿Qué descubrieron en Rojales, una población agrícola de interior a orillas de río Segura? Martínez cree que además del sol y la tranquilidad encontraron "una población de acogida cercana y cálida, viviendas diseminadas y menos humedad que en la costa". El ladrillo dilapidó el campo. "Aquí la agricultura ha desaparecido casi por completo, la construcción se lo ha comido todo", admite José García, un agricultor jubilado que charla con unos amigos en un jardín a orillas del Segura. El dilema de estos pueblos ha sido entregarse a la construcción o malvivir de la huerta. Todos coinciden en que el ladrillo ha ido conquistando el paisaje, a cambio de más bien poco, porque los únicos que se han enriquecido han sido los promotores y las arcas municipales, porque pagan más impuestos, pero no hacen vida en el pueblo. "Se relacionan poco, cada uno va por su lado, son vecinos y ni te conocen, tienen sus fiestas y todo organizado para ellos", admite García que critica la tozudez de los ingleses por seguir hablando su lengua y manteniendo sus tradiciones. "Ahora ya parece que no seamos ni españoles, nos sentimos extranjeros en nuestra casa", dice Carmen Campos.

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¿Qué dicen los nacidos en el pueblo de los que llegaron de lejos y se quedaron a vivir?

"Llegaron con la peseta y vivían como reyes, ahora con el euro no tanto", admite una anciana, "pero el vino y el jamón no les falta" añade.

"Por aquí vienen poco y lo que se dice gastar gastan menos", asegura el carnicero del mercado de abastos.

"En Rojales encontraron sol, tranquilidad, gente cálida, casas diseminadas y menos humedad que en la costa", explica su alcalde.

"La agricultura ha desaparecido, la construcción se lo ha comido todo", lamenta un campesino jubilado.

"Ahora parece que no seamos ni españoles, nos sentimos extranjeros en nuestra casa", dice una vecina.

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