X
Privacidad y Cookies

Utilizamos Cookies propias y de terceros para ofrecer un mejor servicio y experiencia de usuario.

¿Permites el uso de tus datos privados de navegación en este sitio web?

Lecciones de una crisis

La tormenta financiera del verano estrangula el crédito y amenaza con frenar el crecimiento

Parece que la tormenta ha comenzado a amainar, pero las turbulencias que han sacudido los mercados mundiales durante buena parte del mes de agosto pasarán factura, en mayor o menor medida, a los inversores, los bancos, las empresas y los consumidores. Aunque aún es pronto para saber cuál será el legado de la crisis de las hipotecas de alto riesgo en EE UU, ya pueden extraerse algunas lecciones de lo sucedido. Una de ellas es que, en una economía cada vez más globalizada, un contratiempo aparentemente local como el estallido de la burbuja inmobiliaria de EE UU ha extendido sus efectos por todo el mundo. El crecimiento económico mundial acabará notando el impacto. Está por ver en qué medida.
Parqué de la Bolsa de Madrid, en una jornada de este mes de agosto. CRISTÓBAL MANUEL

Los inversores especulan con los pasos que tomarán en septiembre la Reserva Federal y el Banco Central Europeo para calibrar el alcance de la crisis financiera de las últimas semanas. Pero lo sucedido ya tiene consecuencias en aspectos cruciales de la economía.

- Se acabó el dinero fácil. El mercado inmobiliario de EE UU vivió un gran auge a principios de la década. Con el nivel de los tipos de interés muy bajo, decenas de miles de estadounidenses con recursos escasos pidieron créditos para ver cumplido el sueño de una casa en propiedad. Los bancos y otras entidades especializadas en créditos hipotecarios prestaron dinero a mansalva a gente incapaz de demostrar unos ingresos mínimos y regulares. Son las ya célebres hipotecas de alto riesgo, origen de la tormenta financiera de este mes. ¿Por qué se prestó dinero con tanta alegría? Porque las entidades pudieron convertir esas deudas de baja calidad en activos para venderlos en el mercado, y así evitar parte de los riesgos de impago. Los inversores en este mercado secundario de deuda se financiaban a su vez con dinero prestado a bajo interés que utilizaban para arriesgar en estos activos, que prometían rendimientos más elevados, aunque menos seguros.

La burbuja inmobiliaria empezó a desinflarse en 2006. A medida que subían los tipos de interés, muchos propietarios dejaron de pagar las cuotas mensuales de sus hipotecas. Además, las casas empezaron a bajar de precio y a ser difíciles de vender. Los impagos no sólo perjudicaron a los bancos, sino también a quienes habían comprado activos vinculados a deuda de alto riesgo. La crisis se extendió con rapidez por un sistema financiero cada vez más complejo y con más agentes.

Las dificultades de los ciudadanos con pobre historial crediticio para obtener un préstamo son crecientes en EE UU, y también en el Reino Unido. Está por ver si será así en otros países y si los clientes más solventes tendrán problemas.

- La globalización de los mercados tiene sus peligros. La rápida propagación de la crisis muestra que el embargo por impago de una casa en el Estado de Kansas puede acabar haciendo daño a un pequeño inversor de Alicante. La proliferación de activos respaldados por deuda de baja calidad ha provocado que el riesgo se extienda por todos los mercados. Y la dificultad de seguir la evolución de esos instrumentos -ya sean bonos, derivados u obligaciones- ha llevado a algunos gestores de fondos a no saber con exactitud qué compró y cuánto dinero ha perdido.

La incertidumbre se ha apoderado de los inversores, que han vendido sus activos de mayor riesgo para protegerse de males mayores. Muchos han querido deshacerse de esos títulos al mismo tiempo y no han encontrado comprador, con la consiguiente caída del valor de sus inversiones. A partir de ahora, el riesgo costará más caro.

- Los expertos también se equivocan. Hasta el viernes de la semana pasada, cuando la Reserva Federal bajó su tipo de descuento -con el que presta dinero a los bancos en dificultades- y expresó su preocupación por el peligro de que la crisis acabe dañando a la economía, sus responsables llevaban meses, si no años, enviando mensajes de tranquilidad a los inversores. En su último año en el cargo, el ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan llegó a animar a los estadounidenses a pedir más hipotecas a tipo de interés variable, muy comunes en España pero poco frecuentes en EE UU, donde la tradición es el tipo fijo. Su sucesor, Ben Bernanke, afirmó el año pasado que lo más probable era que el mercado inmobiliario de EE UU experimentara "un enfriamiento gradual en lugar de una ralentización repentina". En marzo pasado, el primer ejecutivo de Countrywide Financial -segunda entidad hipotecaria de EE UU y una de las más castigadas por la crisis- dijo en televisión que la preocupación de los mercados por las hipotecas de alto riesgo era excesiva.

- Hay que revisar el sistema de alarma. Las más prestigiosas agencias de calificación de riesgo, Moody's y Standard & Poor's, no advirtieron del peligro y esperaron hasta el último momento para avisar de lo que se avecinaba. Las autoridades de EE UU y la UE están investigando su papel en la crisis, ya que también aconsejaron (y cobraron por ello) a los fondos sobre cómo estructurar su cartera para obtener la máxima calificación. Las agencias se defienden diciendo que sus calificaciones no son palabra de Dios, sino un elemento más para la toma de decisiones.

Además, muchos modelos informáticos utilizados para calcular los riesgos de determinados activos y situaciones han fallado. Consecuencia: los agentes han perdido confianza en las instituciones y en los mecanismos encargados de hacer sonar las alarmas.

- La economía notará el impacto, especialmente la de EE UU. Así lo han reconocido el propio secretario estadounidense del Tesoro, Henry Paulson, y el subdirector del Fondo Monetario Internacional (FMI), John Lipsky, ambos con gran experiencia en grandes firmas de Wall Street. En una economía globalizada, las repercusiones de la crisis tendrán alcance global, y los economistas han comenzado ya a rebajar las previsiones de crecimiento para este año.

Una de las consecuencias de la crisis ha sido la falta de liquidez en el mercado bancario, donde las entidades de crédito se prestan dinero unas a otras. Todo el mundo quiere reducir los riesgos y tiene miedo a prestar dinero. La falta de liquidez, paliada en parte por las inyecciones de dinero de los bancos centrales, endurece las condiciones de los créditos. A medio plazo, es probable que esas reticencias a prestar dinero hagan más difícil que las empresas y los consumidores, ya de por sí muy endeudados, logren financiación. Los bancos y sociedades de inversión estadounidenses más afectados por la crisis han comenzado a despedir empleados y ya se ha detectado una ralentización del mercado de alquileres de oficinas. La volatilidad en los mercados ha dejado en suspenso numerosas fusiones y adquisiciones, ya que los posibles compradores no están seguros de qué precio pagar y tienen dificultades de financiación. En EE UU se apunta ya una caída del consumo, motor de la mayor economía del mundo.

- Los bancos centrales refuerzan su posición. Los mercados se han tambaleado y el desastre ha estado cerca, pero las inyecciones de dinero en los mercados monetarios a cargo de la Reserva Federal y del Banco Central Europeo han logrado que no cunda el pánico.

¿Bajarán los tipos de interés? El mercado da por descontado que la Reserva Federal lo hará del 5,25% al 5% el próximo 18 de septiembre, fecha prevista para la reunión de su comité ejecutivo, aunque han surgido voces contrarias a que la política monetaria sirva para sacar de un apuro a entidades que hicieron malas inversiones. En la zona euro los pronósticos apuntan en la dirección opuesta. A menos que el BCE vea peligro para el crecimiento económico, los tipos de interés subirán del 4% al 4,25% en septiembre.

Los problemas en un mercado financiero cada vez más extenso tienen repercusiones globales