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jueves, 16 de agosto de 2007
Reportaje:MÚSICA

El último garito 'punk'

Cae un icono de Nueva York. La especulación inmobiliaria ha acabado con 30 años de leyenda del club CBGB. En su escenario nacieron bandas míticas como Talking Heads, The Ramones o Blondie. Y miles de grupos más probaron suerte ante un público incondicional.

BÁRBARA CELIS 16 AGO 2007

En la puerta se hablaba de crimen, de tragedia, de muerte con mayúsculas. Dentro, la guitarra de Patti Smith, la gran poeta del punk neoyorquino, le ponía música al funeral que había reunido en el CBGB no sólo a la vieja guardia que a lo largo de sus 33 años de vida hizo célebre un local oscuro y sucio en un antaño sórdido barrio de Nueva York, sino también a centenares de parroquianos anónimos que acudieron a presentarle sus últimos respetos al bar que vio nacer a The Ramones, Talking Heads o Blondie.

Era el último concierto que se celebraba en el CBGB, el local del East Village de Nueva York con cuyo cierre, el pasado 15 de octubre, se enterraba no sólo un capítulo fundamental en la historia de la música del siglo XX, sino también una etapa clave en la trayectoria de una de las capitales culturales del planeta.

El punk se resiste a morir. Hilly Kristal ha desvelado su próximo destino: "Me lelvo todo a Las Vegas, hasta los retretes"

Era la última institución que había sobrevivido a la comercialización salvaje de una ciudad donde durante el reinado de Giuliani -el alcalde que en los noventa limpió Nueva York y al que muchos acusan de haberla convertido en Disneylandia- se impuso la lógica del dinero, y en la que el que no puede pagar, deja de existir. Y el septuagenario Hilly Kristal, el dueño del CBGB, como muchos otros antes que él, ya no puede enfrentarse al disparatado precio que están alcanzando los alquileres en los barrios del sur de Nueva York. El East Village, refugio de artistas en los setenta y ochenta, adonde los taxis se negaban a viajar por miedo a los asaltos, es hoy uno de los barrios con mayor demanda comercial y residencial de la ciudad. Frente al CBGB, antes había bares grasientos, tugurios underground, yonquis y casas modestas. Hoy se venden apartamentos a doce millones de dólares y los locales se limitan a dar cobijo a sedes bancarias, Starbucks o cadenas comerciales como Barnes & Noble.

Kristal luchó desde agosto de 2005 para que el propietario de su local, The Bowery Residents Committee, una organización que depende del Ayuntamiento y que da cobijo a los indigentes de la ciudad, le renovara sin éxito su contrato por un precio lo suficientemente asequible como para continuar en activo. Pero el supuesto retraso en los pagos por parte de Kristal y la exigencia de 50.000 dólares al mes le obligaron a rendirse. El actual alcalde, Michael Bloomberg, que llegó a ponerse una camiseta diciendo "Salvemos el CBGB", trató de mediar sin éxito entre ambas partes y resumió en una sola frase la importancia de esta sala de conciertos: "Es una gran institución neoyorquina, es más que un club, es muy triste que desaparezca".

Nadie sabe si Bloomberg llegó alguna vez a presenciar alguno de los más de 50.000 conciertos que, según diversos cálculos -30 conciertos por semana durante 33 años-, se llegaron a presentar en este local, definido por la mayoría de los músicos que lo habitaron como "un agujero oscuro y maloliente, pero entrañable y con el mejor equipo de sonido de la ciudad". Pero no importa porque incluso quienes nunca lo pisaron, recibieron el producto sonoro de lo que se incubó dentro: The Ramones, Televisión, Patti Smith, Talking Heads, The Heartbreakers, The Dead Boys, Bad Brains, Blondie, The Dictators... la lista es interminable, y aunque suene añeja, con ellos nació el punk-rock, cuya influencia sobre las bandas futuras fue decisiva.

El CBGB abrió sus puertas una fría noche de diciembre de 1973. La intención inicial de Hilly Kristal no era ser un revolucionario, sino crear un espacio para el country, el blue grass y el blues, el acrónimo del nombre del local, CBGB. Pero lo que se acabó imponiendo finalmente fue el apellido del mismo, OMFUG, other music for uplifting gormandizers; en español, otras músicas para la elevación espiritual de los glotones.

"Era difícil encontrar frescura en la música folk y country. Y un día, mientras estaba sentado en la puerta, se me acercaron unos tipos que resultaron ser los miembros de Television", cuenta Kristal. Así fue como los primeros sonidos rockeros entraron en el CBGB, el 31 de marzo de 1974. "No fue un gran debut. Sonaban fatal. La entrada costaba un dólar, pero casi nadie pagó y todos los amigos que fueron a verles ni siquiera tenían dinero para cervezas", recuerda Kristal.

The New York Dolls, con su pose provocadora y glam, estaban revolucionando el panorama musical nacional, pero apenas tocaban en la ciudad, y The Velvet Underground, con Lou Reed a la cabeza, estaba a punto de desintegrarse. Pero había toda una nueva generación de músicos hambrientos por subirse a un escenario y escupir sonidos de los que aún nadie había sido testigo. "Hilly Kristal fue valiente. Se atrevió a dar oportunidades en un momento en el que apenas había locales para tocar en Nueva York", recordaba el día de la clausura Tina Weymouth, la bajista de Talking Heads. Junto a Chris Frantz y David Byrne, que le dio voz a la banda que unió el punk-rock al pop y al funk, Talking Heads debutaron en el CBGB en mayo de 1975. "Hicimos una audición y Hilly nos puso como teloneros de los Ramones. El local estaba medio vacío. Sabíamos que no podíamos competir con los rockeros, así que tuvimos que inventarnos otra cosa para que nos hicieran caso. Fuimos muy listos, obligamos a la gente a bailar".

"Vivíamos a dos calles del CB's (como se le conocía coloquialmente). No teníamos dinero ni para comprar carne. Nos pasamos un año entero comiendo espaguetis con queso. David engordó", susurra con malicia. "Aquel local era como nuestra televisión", resume. Frantz, a su lado -su pareja desde entonces-, apuntaba: "Conseguías cervezas gratis, te codeabas con músicos, era nuestro punto de encuentro. Como Internet, pero en la calle Bowery".

Debbie Harry, la "rockera más guapa de la historia", según Kristal, también comenzó su andadura en el CBGB en 1974 como parte de The Stilettos, que pronto se transformaría en Blondie, con Harry, ex chica playboy, como protagonista.

Otro de los conciertos que pasarían a la historia fue el primero de The Ramones, en agosto de 1974, que a su vez telonearon a Television después de que Terry Ork, el manager de aquella banda, convenciera a Kristal para darles una oportunidad. "Me los vendió como otro gran grupo de Forrest Hill, Queens. Fue un desastre. Peor que Television. Se pasaron todo el concierto insultándose entre ellos, parando en medio de cada tema y rompiendo el equipo", afirma Kristal. "Quién me iba a mí a decir que, con el tiempo, ambos grupos aprenderían a tocar y se convertirían en dos de las bandas de punk más importantes de los setenta. Abrieron caminos, eran innovadores", añade.

Entre el público que asistió al tercer concierto que dio Television, el 14 de abril de 1974, estaban Patti Smith y su guitarrista Lenny Kaye. Pero ellos no se subieron al escenario del CBGB hasta marzo de 1975, cuando la artista hizo historia con su ya mítico álbum Horses y se convirtió en la banda estrella del local, tocando prácticamente a diario durante siete semanas seguidas. ¿Su público? Artistas y vecinos del barrio que marcaron con su talento el Nueva York de los setenta: Andy Warhol, Allen Gingsberg, Lou Reed, John Cale, Robert Rauschenberg...

Los temas de 'Horses' volvieron a sonar el pasado 15 de octubre durante la clausura de un espacio sobre cuyos muros quedó grabada la historia del punk-rock neoyorquino, con su olor a cerveza y orines. La espesura del tabaco y otros efluvios que antaño imperaban en una ciudad rebelde han sido barridos de la geografía de Nueva York para dar paso a bares impolutos donde las velas perfumadas han sustituido la luz de los neones y donde la estética de la serie Sexo en Nueva York ha enterrado cualquier atisbo de atrevimiento. "Cuando vimos a los Ramones tocar aquellos temas a esa velocidad, con sus chupas de cuero, su actitud macarra y con ese sonido tan crudo, supimos que algo estaba ocurriendo. Había una actitud hacia el mundo, no querían ser estrellas, a menudo incluso maltrataban a su público, había mucho nihilismo, pero eso generó todo un movimiento musical. Hoy, la ciudad es sólo un fantasma de sí misma", declaraba a este diario Anthony Countey, manager de los Bad Brains, uno de los primeros grupos afroamericanos de punk.

Tommy Ramone, el último superviviente de la banda que formaron Dee Dee, Joey, Johnny y él, prefiere no entregarse a la nostalgia. "El mundo cambia, ya nada es igual. Vendrán otras generaciones. Yo ya ni siquiera vivo en Nueva York, y no toco punk, sino blue grass con un grupo llamado Unkle Monk. El cierre del CBGB es triste, pero no podemos llorar. Las nuevas generaciones tienen que encargarse de hacer algo nuevo y potente como hicimos nosotros", afirma.

Lo cierto es que los años gloriosos del CBGB y del rock en general quedaron atrás hace una década. Por el local de Hilly Kristal han pasado todos los grandes nombres del rock, pero si consiguió sobrevivir 33 años fue sobre todo gracias a sus ingresos por merchandising: gorras, camisetas, pósters... Incluso abrió una galería contigua, CB's 313 Gallery, en la que el material para turistas suplió a la falta de bandas relevantes en los últimos años. Trigger, dueño de otro garito histórico del East Village, el Continental, asegura que el rock languidece y eso es lo que ha acabado con locales como el CBGB o el suyo, que desde septiembre ya no es una sala de conciertos -donde tocaron desde Iggy Pop hasta Gun's and Roses-, sino un bar cervecero con pantallas gigantes para ver fútbol americano. "El barrio ha cambiado. Cuando yo abrí en 1991, aquí no había McDonalds o Kmart. Lo que antes ocurría en el East Village ahora ocurre en Brooklyn. Y a los conciertos de rock apenas viene gente porque el ambiente ya no es como antes. Ya no hay público para esa música", afirmó en el diario Village Voice un empresario que antes recibía 150 maquetas por semana y que con la llegada del siglo XXI vio desinflarse su negocio.

Pero el punk se resiste a morir. Cuando Hilly Kristal anunció el cierre del CBGB, también desveló su próximo destino. "Me lo llevo todo a Las Vegas, hasta los retretes". Kristal ha aceptado la oferta de un inversor y no ha dudado en convertir su local en una atracción capitalista como las que pueblan la capital mundial de los casinos. "¿Por qué no? Lo cierto es que en Las Vegas apenas hay salas de conciertos de rock, y las bandas de la costa oeste pueden sacarle provecho y meterlo en sus circuitos", se defiende Kristal. Tras subastar parte del interior del bar, acaba de abrir otra tienda de camisetas en la calle Saint Marks de Nueva York, la calle de la nostalgia setentera y punk neoyorquina, y espera inaugurar su nuevo CBGB el año próximo "en un barrio cutre de Las Vegas como lo era antes el East Village de Nueva York".

A Kristal le han llovido las críticas, pero sus viejos amigos le apoyan. Stephanie Kaye, casada con Lenny Kaye, guitarrista de Patti Smith, y vecina del CBGB hasta hace 10 años, cuando su casero decidió echarles del edificio para construir apartamentos de lujo, resume así la visión general de una generación que hizo historia: "Que se mude a Las Vegas es un símbolo muy gráfico de este nuevo siglo. Reciclarse o morir. Nueva York agoniza creativamente porque Manhattan se ha convertido en un lugar tan elitista, que si no tienes millones, no puedes sobrevivir. Pero el CBGB es un icono del siglo XX, y en esta cultura nuestra tan pop, la vía de la supervivencia aparece precisamente adaptándose a esas reglas del juego. Es triste, pero ¿hay alguna alternativa?".

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