Reportaje:

Olímpica y conflictiva

Los empresarios cercanos al Kremlin se abalanzan sobre Sochi, la ciudad rusa que albergará los Juegos de Invierno de 2014

Sochi, la primera localidad turística de Rusia, está en el ojo del huracán. Su elección como sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014 ha desatado ya conflictos internos e internacionales. En el frente interior, la salvaje especulación inmobiliaria; en el exterior, la posibilidad de que la vecina región separatista de Abjazia se consolide gracias a su participación en gigantescas obras que se avecinan en el sur de Rusia. Esto último ha hecho que Georgia haya puesto el grito en el cielo y hay riesgo de que la olimpiada exacerbe los conflictos del Cáucaso.

Desde que los Juegos de Invierno de 2014 se adjudicaron a Sochi los precios se han disparado en este municipio que se extiende entre 145 kilómetros de litoral del mar Negro y los picos de la gran cordillera del Cáucaso. El afán de lucro lo impregna todo. Las instituciones federales, la Administración provincial y las grandes empresas se coordinan en una maquinaria gigantesca. Putin ha prometido invertir 8.700 millones de euros, de los cuales 3.600 millones serán capital privado.

Criticar los juegos es exponerse a ser tildado de traidor a la patria

Tras las maquetas virtuales que cautivaron al Comité Olímpico Internacional se perfilan serios problemas. En el futuro emplazamiento de las instalaciones olímpicas hay hoy casas y huertos que serán expropiados y entornos ecológicos únicos.

Sochi 2014 pretende ser la primera olimpiada a la que se llegue por mar -en yates y cruceros-, para seguir después en tren hacia las pistas de esquí de Krásnaya Poliana, a 45 kilómetros tierra adentro. El puerto y el tren están por construir, pero los grandes empresarios rusos ya han llegado. Oleg Derepaska, rey del aluminio, ha privatizado el aeropuerto; el magnate Vladímir Potanin construye una estación de esquí y Gazprom construye otra, además de haber edificado una urbanización de montaña.

Criticar los juegos hoy es exponerse a ser tildado de traidor a la patria, pero mientras los grandes tiburones se reparten la presa, las arbitrariedades se multiplican.

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El esquí fue introducido en Krásnaya Poliana en 1993 por Piotr Fedin, presidente de Alpika-Service. Esta empresa, que posee 16 kilómetros de pistas, ha sido la única en la zona durante estos 15 años. Desde que en 2000 Putin se deslizó por las pistas de Alpika-Service, "los funcionarios comprendieron que tenían que esquiar por la misma pendiente", afirma Fedin. Sin embargo, el empresario comenzó a tener problemas, pues el gobernador, Alexandr Tkachov, le hizo una propuesta: "Me pidió que le entregara el negocio, pero me negué". En enero, una treintena de inspectores se personaron en Alpika-Service y, alegando deficiencias, cerraron las pistas. Fedin acusa a Tkachov de "saqueo" y de haber instigado dos juicios amañados, pero Moscú ignora sus peticiones de socorro. "No quieren comprar mis instalaciones, las quieren gratis", dice.

Incluida en el programa oficial de los juegos de 2014, Alpika-Service ha firmado contratos por millones de euros para alquilar sus instalaciones al Comité Olímpico. Si las cosas no cambian, Fedin acabará en la bancarrota y sus contratos, en otras manos.

Ante la rentabilidad de las operaciones inmobiliarias, el ayuntamiento de Sochi se resiste a permitir que los simples mortales ejerzan su derecho a privatizar los solares sobre los que se alzan sus viviendas y prefiere venderlos a "inversores" más lucrativos, que acaban por desalojar a los moradores. Al intentar privatizar el terreno donde su familia reside desde 1946, el capitán de la marina mercante Anatoli Troschin descubrió que éste había sido registrado ya a nombre de otro. Troshin se ha querellado, pero la justicia calla. Mientras tanto, el "inversor" ha intentado demoler el tejado de su vivienda y le ha puesto un guardián a la puerta del jardín. El pecado de Troschin es residir en un lugar ideal para un hotel o un centro comercial.

La Sociedad Geográfica, situada en una dacha que albergó la escolta de Stalin, también se topó con un "inversor". "Cuando intentamos privatizar el jardín, descubrimos que la mitad ya estaba a nombre de otra persona y que habían conseguido venderlo y revenderlo", señala Nadezhda Didenko, que acusa al Ayuntamiento de imponer impuestos exorbitantes a la sociedad que ella representa.

Rusia se gastó millones de euros en dar una buena imagen de Sochi. La realidad es menos idílica e incluye atascos de tráfico permanentes y ausencia de canalización para la mitad de los habitantes (200.000 personas de 400.000). Los vertidos los echan directamente al mar, denuncia el ecologista Vladimir Ostapuk. Además, hay 30.000 familias esperando una vivienda social mientras que los planes olímpicos ni siquiera han previsto dónde mudar a los que deberán ser expropiados para dejar sitio a las pistas de hielo, advierte Yuri Dzagania, dirigente comunista.

Sobre la firma

Pilar Bonet

Es periodista y analista. Durante 34 años fue corresponsal de EL PAÍS en la URSS, Rusia y espacio postsoviético.

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