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Editorial:

Dientes bajo sospecha

Entre la falta de escrúpulos del fabricante de turno y la negligencia del importador nacional, España se ha topado con un asunto de consecuencias potencialmente graves que afecta a la salud y la higiene. El tema no es otro que el sospechoso dentífrico tóxico de origen chino que se ha llegado a distribuir en hospitales públicos.

Son dentífricos que, según Sanidad, contienen un 6% de dietilenglicol, una sustancia tóxica empleada en la fabricación de anticongelantes y disolventes. En principio, sólo su ingesta, y no el uso en el cepillado de dientes, puede producir vómitos, mareos, problemas renales y daños en el hígado. Pero hay que recordar que en Panamá y Nigeria la ingestión de medicamentos conteniendo esta sustancia ha provocado centenares de muertos. En Estados Unidos han sido retiradas 900.000 unidades importadas de China, que contenían una cantidad menor de esa sustancia, un 5%.

Además, alrededor de 91.000 tubos cuya importación ha sido irregular, han sido inmovilizados por la policía y más de 10.000 retirados por las autoridades sanitarias en apenas tres días de esta semana en seis comunidades, además de Ceuta. Cuando esto sucede es lícito interrogarse qué función desempeñan las consejerías de sanidad autonómicas y cómo se ganan el sueldo los inspectores sanitarios a escala nacional, e incluso si acaso hay inspección y controles preparados para detectar este tipo de productos falsificados o tóxicos que entran ilegalmente y se comercializan en el mercado español.

No hay aún una prohibición específica dentro de la Unión Europea, pero Bruselas alertó el pasado mayo a los 27 países miembros, incluido España, de los riesgos del dietilenglicol. Ese mismo mes, un tribunal de Pekín condenó a pena de muerte al ex responsable de la agencia de medicamentos y fármacos por aceptar sobornos ligados al dietilenglicol. Lo más irritante de esta historia es que nadie en España se hace plenamente responsable de la presencia de este tipo de productos: los importadores culpan a la Administración y aquéllos a ésta. Pero, entretanto, la pasta en entredicho no se retira definitivamente del mercado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2007