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Reportaje:El cambio de imagen del Gobierno

La ministra contra el tabaco

Salgado se ha centrado en promover hábitos de vida saludables

El tabaco, los anuncios de macrohamburguesas de Burger King, el anisakis, la ley del vino, las tallas de la ropa. Elena Salgado -controladora, concienzuda, exigente y dura negociadora- se ha empeñado a lo largo de estos tres años al frente del Ministerio de Sanidad en mejorar la salud y los hábitos de vida de los españoles, en quitar los malos humos y las grasas del día a día. En ocasiones, ley mediante. Otras veces, promoviendo la autorregulación y los acuerdos con las empresas. En los últimos tiempos se enfrentó a un sonado fracaso: esa ley del vino que se empecinó en sacar adelante contra viento y marea y que, finalmente, retiró ante el alud de críticas. No convenció ni a su partido.

Con pocas competencias sanitarias estatales, se empeñó en dar peso político al ministerio

Salgado (Ourense, 1949) llegó a Sanidad en 2004 sin experiencia en el campo sanitario. Ella misma confesó que apenas sabía nada del tema al principio. Pero, con una capacidad de trabajo a prueba de bombas, en tres meses había superado con creces sus carencias iniciales. Licenciada en Ingeniería Industrial y Economía, entró en política en 1984, con Felipe González. En 1996, después de haber ocupado distintos cargos, dio el salto a la empresa privada -a Vallehermoso Telecom y Telegate AG-, donde se quedó hasta que José Luis Rodríguez Zapatero la recuperó para la vida pública.

La ministra ha dirigido un departamento desinflado por las transferencias sanitarias a las comunidades -hasta el punto de que había quien cuestionaba incluso la necesidad del ministerio-, pero ha querido dotarlo de peso político. Nada más pisar terreno, asumió la gestión del Plan Nacional de Drogas quitándoselo a Interior, aunque no se pueden acreditar unos buenos resultados: España es el primer consumidor del mundo de cocaína, según la ONU.

Durante estos tres años, la ministra ha tenido veleidades internacionales. El Gobierno la propuso como directora general de la Organización Mundial de la Salud. El cargo lo obtuvo al final una médica china, Margaret Chan, pero Salgado quedó entre los cinco candidatos finales: la única que no era médico y que no había trabajado en la organización.

A lo largo de su mandato se han aprobado cuatro grandes normas: la polémica ley antitabaco, cuya aplicación le ha generado broncas sonoras con algunas comunidades; la Ley de Reproducción Asistida, que permite que las familias puedan seleccionar hijos compatibles genéticamente con sus hermanos enfermos; la Ley del Medicamento y la reciente Ley de Investigación Biomédica, que permite la clonación terapéutica. Esta última parece un regalo a su sucesor, Bernat Soria, investigador especializado en células madre.

Esta mujer menuda y enérgica vuelve a un campo que conoce: los funcionarios. Fue directora general de costes de personal y pensiones públicas en el Ministerio de Economía y Hacienda de 1987 a 1991. Negaba entonces que fueran burócratas: "Lo que sucede es que la Administración no sabe decirles qué es lo que espera de ellos". Ahora queda ella al mando de todos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2007