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Reportaje:El cambio de imagen del Gobierno

La voz de la razón biomédica

Bernat Soria, el nuevo ministro de Sanidad, se ha destacado por su defensa de la investigación sobre células madre

Nadie había oído hablar de Bernat Soria hasta el verano de 2001, cuando la Juvenile Diabetes Research Foundation, el mayor lobby de pacientes diabéticos de Estados Unidos, le concedió la mayor ayuda para un proyecto de investigación de su historia (620.000 dólares), y The Wall Street Journal envió de inmediato a uno de sus reporteros científicos desde Nueva York a Elche (Alicante) para entrevistarle.

Hasta ese momento, el Gobierno de José María Aznar había podido eludir sin problemas la cuestión de las células madre embrionarias, una prometedora técnica biomédica descubierta en 1998, defendida por la mayoría de los científicos y atacada sin misericordia por los obispos, convencidos como estaban -y siguen estando- de que un óvulo fecundado es un ser humano de pleno derecho. Si ningún científico español quería hacer nada, el Gobierno español no tenía por qué hacerlo tampoco.

"Una creencia religiosa no debe impedir a un enfermo la posibilidad de un tratamiento", dice

La situación cambió radicalmente con la mera aparición de Bernat Soria, un científico de la Universidad Miguel Hernández de Elche que no sólo pretendía trabajar con células madre obtenidas de embriones humanos, sino que había puesto a punto en animales de experimentación las técnicas necesarias para convertirlas en células del páncreas productoras de insulina: su laboratrio había curado la diabetes a ratones con ese método.

Como ha ocurrido en Estados Unidos y muchos otros países, la cuestión se politizó de inmediato. Soria y el rector de su universidad empezaron a recibir llamadas intimidatorias que les avisaban de que investigar con células madre constituía una "infracción grave". Provenían del entonces número dos del Ministerio de Sanidad, Rubén Moreno.

Y no las hacía por orden de su ministra, Celia Villalobos -que poco después se reveló como una firme partidaria de esas investigaciones-, sino por encargo directo de la esposa del presidente del Gobierno, Ana Botella, conocida simpatizante de los Legionarios de Cristo.

Ayer mismo, mientras las asociaciones médicas y científicas se felicitaban por el nombramiento de Soria, fuentes de la Conferencia Episcopal citadas por Europa Press lo calificaban de "muy preocupante", ya que el nuevo ministro, según ellos, "trabaja desde la ideología y no desde la ciencia".

Los sectores interesados en convertir al investigador en la encarnación de belcebú se encontraron desde el primer momento, sin embargo, con una misión poco menos que imposible. Soria no sólo es un científico solvente, y lo parece, sino que es un médico plenamente consciente de su responsabilidad con los pacientes. Sus declaraciones públicas han hablado siempre por sí solas:

- "Yo ejercí la medicina antes de dedicarme a investigar, he presidido la Sociedad Española de Diabetes y siempre he tenido contacto con los pacientes de esa enfermedad", ha recordado.

- "El bien de los pacientes siempre debe prevalecer sobre los supuestos derechos de un embrión que no es un ser humano, ni siquiera en potencia, mientras no se le implante a una mujer". El nuevo ministro de Sanidad respondía así en 2001 a las críticas de la Conferencia Episcopal, que le había acusado de "matar seres humanos".

- "Si me dedico a la ciencia, y a este tipo de investigación en particular, con evidentes implicaciones médicas, es precisamente porque tengo un fortísimo sentido ético", ha explicado el científico. "Si estos experimentos se impidieran, estaríamos renunciando a la mejor oportunidad que tenemos de curar innumerables enfermedades devastadoras".

Soria (Carlet, Valencia, 1951), que dirige desde 2005 el Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa, es doctor en Medicina por la Universidad de Valencia y fue el primer presidente de la Red Europea de Investigadores con Células Madre, creada en 2004 por un centenar de científicos.

"Vida humana es cualquier célula humana", ha explicado también. "Pero 'ser humano' es un concepto distinto. Sostener que un embrión es un ser humano no es más que una creencia religiosa. Toda creencia es respetable, pero no se puede legislar para todos los ciudadanos basándose en las creencias de algunos. Una creencia no debe impedir a un enfermo la posibilidad de un tratamiento. Si hay alguien que tiene esa creencia, lo razonable es que él no acepte el tratamiento cuando exista. Pero impedir ese tratamiento a los demás, a quienes no comparten ese punto de vista, aduciendo creencias religiosas es una forma de integrismo, una actitud muy lejana de los principios que suelen orientar a las sociedades occidentales".

Soria no ha buscado el papel de científico estrella con que se le puede ver maliciosamente. "Soy un modesto trabajador de laboratorio", aseguró en los años difíciles. "Hay muchas dificultades para hacer ciencia -falta de inversión, carencia de infraestructuras, atraso secular-, y la política es una más".

La política sanitaria está ahora en sus manos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2007