Reportaje:

Un escáner salva huellas de dinosaurios

En Barcelona, pisadas de hace 70 millones de años dan datos sobre los últimos saurópodos

En 1985, los mineros que trabajaban en la explotación de carbón a cielo abierto de Fumanya (en la comarca barcelonesa del Berguedà) se encontraron con que una de las paredes había dado ya todo de sí. Se quedó estéril de carbón pero fue en ese momento cuando empezó a ser fértil para los paleontólogos: el agotamiento de ese filón carbonífero había dejado al descubierto tras él una cantidad ingente de pisadas de dinosaurios. Nada menos que 3.500.

Un gran rebaño de herbívoros dejó su rastro en la llanura fangosa

En 2006 se puso en marcha un proyecto para estudiarlas, encabezado por Oriol Oms, geólogo de la Universidad Autónoma de Barcelona y coordinador de un estudio de las icnitas (pisadas) de los dinosaurios en el Levante ibérico. Había un problema, causado por la peculiar ubicación de la pared donde habían quedado impresas: en su día fue una llanura fangosa por la que caminaban los grandes saurópodos, pero de eso hacía 70 millones de años y desde entonces el terreno se había ido plegando y deformando hasta la actual posición casi vertical, con inclinación de 60 grados.

Para observar de cerca las pisadas, los paleontólogos Bernat Vila y Àngel Galobart intentaron acercarse a ellas mediante técnicas de escalada, descendiendo atados a cuerdas. "Era incómodo y peligroso", recuerda Oriol Oms, "porque la tierra se deshace y existe riesgo de derrumbamiento". Además, no sólo había peligro para los investigadores, sino también para las huellas: "Al estar en terreno abierto, se están erosionando como fruto de la lluvia y el clima, y llegará un momento en que desaparecerán por completo dejándonos sin el rastro de los dinosaurios".

Durante un congreso sobre este yacimiento acudió a ver el lugar Phil Manning, de la Universidad de Manchester, uno de los máximos especialistas internacionales en una nueva tecnología de imagen: los escáneres láser aplicados a la geología. Esta técnica ayuda a la prospección petrolífera, por ejemplo en la detección de afloramientos, pero Manning en seguida se dio cuenta de que también podría utilizarse en este caso.

"La pared resultaba un objetivo perfecto para el escáner", explica Oms, "porque es una superficie muy plana sin zonas de sombra, y eso permite hacer un barrido de imagen completo". Se puede realizar la operación a gran distancia, consiguiendo sin problemas una precisión milimétrica. En este caso, la máquina se colocó al otro lado del agujero de la explotación de carbón, a una distancia de 800 metros. Las imágenes producto de este trabajo han comenzado a conocerse ahora.

El escáner es un aparato portátil alimentado por una batería que trabaja lanzando contra la pared haces de rayos láser, cuyos reflejos son captados por un espejo receptor. Los datos que de ello se obtienen se cruzan con otros procedentes de una cámara y un GPS, también integrados en el mismo equipamiento. Los datos de las tres fuentes se enviaron a un ordenador portátil conectado. En todo el trabajo se emplearon apenas cuatro días. "Es una técnica de adquisición de datos muy rápida", explica Oms.

El siguiente paso fue utilizar un programa que permite generar un modelo virtual en 3D muy detallado. Con él, los investigadores pueden analizar las huellas desde diferentes ángulos e incluso desde dentro hacia afuera. "La precisión es tal que resulta más práctico estudiar las huellas así que si las tuviéramos delante de nuestros ojos", comenta Oms. Pero quizá lo que más entusiasma a los científicos es haber podido preservar definitivamente estas huellas que, si no, estaban condenadas a la desaparición: "Haberlas escaneado tiene un gran valor documental", admite Oms.

Las pisadas pertenecen a una época, hace 70 millones de años, que interesa mucho a la paleontología por tratarse de la etapa de los últimos dinosaurios, poco antes de su desaparición hace 65 millones de años. Las icnitas encontradas en Fumanya corresponden a cuadrúpedos cuellilargos herbívoros: los lithostrotia (su nombre proviene de las placas óseas que recubrían su cuerpo), del grupo de los titanosaurios o reptiles titanes.

En Fumanya vivía un gran rebaño de estos ejemplares, para los cuales la llanura fangosa que era entonces este lugar, una marisma donde se mezclaba agua dulce de los ríos con agua marina, resultaba un hábitat perfecto. El estudio de sus huellas permite entender mejor su anatomía y las particularidades de su locomoción.

En cuanto a su cuerpo, esta especie tenía una singularidad morfológica respecto a sus antepasados: una cadera muy ancha, identificable por los científicos a través de la distancia interna muy pronunciada entre el conjunto de sus huellas. Y por lo que se refiere a su manera de desplazarse, las icnitas de Fumanya han permitido desvelar la incógnita de por qué en muchos yacimientos de este tipo de saurópodos sólo aparecen huellas de las extremidades delanteras (a las que los paleontólogos llaman manos). Por los rastros observados, se ha concluido que esas manos, de menor superficie que los pies, tenían más poder de penetración en el sedimento, por lo que dejaron marcas más profundas que se han conservado mejor. Los pies no se hundían, algo similar a cuando un esquiador de fondo se impulsa con los palos y éstos dejan una marca mucho más profunda en la nieve que los esquíes.

"A pesar de los ríos de tinta que han corrido sobre la extinción de los dinosaurios", advierte Oms, "todavía necesitamos saber con exactitud qué especies existían en aquel momento antes de lanzar hipótesis; por ello es importante estudiar los últimos representantes conocidos, que nos dan claves sobre hacia dónde se dirigió su evolución". En el proyecto que coordina Oms se analizan no sólo huellas, sino también huesos y huevos de estos animales, así como restos de fauna y flora contemporánea a los saurópodos.

En la investigación de Fumanya colaboran la Universidad Autónoma de Barcelona y el Instituto Catalán de Paleontología, que consiguieron una ayuda de 9.000 euros del Departamento de Cultura de la Generalitat de Catalunya y el Consorcio Ruta Minera, una institución que agrupa a los municipios propietarios de los terrenos y que gestiona fondos europeos para zonas mineras deprimidas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 05 de junio de 2007.

Lo más visto en...

Top 50