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Crónica:Baloncesto | 'Final Four' en Atenas

Cruel desplome

El CSKA avasalla al final a un Unicaja bajo mínimos que llegó a tutear al campeón vigente de la Euroliga

El baloncesto, a veces, es justo y cruel a la vez. Así se reveló en una semifinal tensa, vibrante, fieramente jugada por el equipo que la perdió. Fue el Unicaja de Málaga, que dejó en el ambiente una nota de tristeza por lo que le pasó. Tuteó al campeón vigente de la Euroliga durante tres cuartas partes del partido.

CSKA MOSCÚ 62 - UNICAJA 50

CSKA Moscú: Holden (7), Torres (0), Langdon (13), Smodis (8) y Savrasenko (7); Andersen (12), Papaloukas (11), Vanterpool (2), Kurbanov (0), Ponkrashov (0) y Pashutin (2).

Unicaja: Cabezas (13), Brown (8), Welsch (2), Jiménez (6) y De Miguel (4); Faison (4), Rodríguez (7), Tusek (3), Pietrus (2) y Sánchez (1).

Árbitros: Pitsilkas (Grecia), Pukl (Eslovenia) y Sahin (Turquía). Sin eliminados. Señalaron una falta técnica a Sánchez por protestar en el minuto 17.

18.400 espectadores en el pabellón OAKA.

4º CUARTO

3º CUARTO

2º CUARTO

1º CUARTO

18-15

15-9

11-20

18-6

Por momentos flotó en el ambiente la posibilidad del bombazo de la victoria del conjunto malagueño

Puso contra las cuerdas al CSKA de Moscú con el mérito que entraña lograrlo con la descorazonadora escasez de recursos con la que afrontó el encuentro. Ausente Santiago, su principal referencia bajo los aros; cortísimo de forma su principal anotador, Brown; errático en el tiro Welsch, remisos también Sánchez, Pietrus y Tusek, llegó al último cuarto con un empate a 44 puntos en el marcador. Poco menos que un milagro. Pero no se debió a ninguna intermediación divina. Se lo trabajó con una defensa que encasquilló el poderoso ataque del CSKA. Pero, llegado al acto decisivo, se desplomó.

El parcial de 12-0 en el último cuarto puso el punto y final a una de las historias más bonitas que se han escrito en el torneo, la de un conjunto que consiguió superar las mil y una dificultades que se le presentaron desde el principio de la temporada y cuyo coraje y acierto al plantarse en la final four ya merece de por sí un monumento. La energía y la intrepidez que opuso ante el campeón le honran y ponen un broche más que digno a su actuación. Delante tuvo a un CSKA que no se descompuso en ningún instante pese a sus dificultades para definir ante una defensa tan bien plantada y solidaria como la que dispuso el cuadro español.

El CSKA se lo tomó con filosofía. Eso fue en perjuicio del espectáculo, que se resintió de veras y deparó un juego falto de velocidad y acierto ofensivo. Evitar las pérdidas del balón fue una de sus obsesiones. Jiménez y Faison arañaron dos pases y sus contraataques evidenciaron lo caras que le iban a resultar las pérdidas al CSKA. Papaloukas y Holden durmieron el juego con ataques largos que fueron encontrando grietas en la defensa del Unicaja. Los balones interiores también hicieron mella. Llegado el descanso, ya se podía observar por dónde se decantaba la balanza. Hasta 12 tiros libres ejecutó el CSKA por sólo dos el Unicaja. Una prueba más de la patente superioridad física y técnica de los gigantes de rojo, Savrasenko, Vanterpool, Andersen y Smodis, y de lo mucho que echó en falta el Unicaja a Santiago, convaleciente de su lesión en un ojo.

A Messina no le parecía importar mayormente que su equipo no estuviera muy inspirado en el lanzamiento desde larga distancia ni en las transiciones de la defensa al ataque. Le bastaba con que rindiera defensivamente y estrujara el ataque del Unicaja. Remisos ante el aro, faltos de alguien que fuera capaz de coger carrerilla, los jugadores del Unicaja fueron perdiendo ritmo y pólvora. En el intervalo, Rodríguez y Cabezas eran sus máximos anotadores con cinco míseros puntos cada uno y ninguno de sus hombres se había atrevido a lanzar más de cuatro veces. El CSKA, sin desmelenarse, ya había abierto brecha (33-24).

Pero el Unicaja, a base de confundir a los rusos con su defensa en zona, de robar balones, de enlazar una buena serie de triples y de aprovechar la inspiración de Cabezas, llegó a darle la vuelta al asunto (41-42) en el tercer cuarto. Por momentos flotó en el ambiente la posibilidad del bombazo que habría supuesto la victoria del Unicaja. Daba la sensación de que cada canasta podía marcar el punto de inflexión. No hubo fluidez en el juego y los fallos fueron constantes, como reflejan los míseros porcentajes de acierto en el tiro: un 45% del CSKA por un 35% del Unicaja.

La impermeabilidad de las defensas empujó a casi todos los ataques prácticamente al final de la cuenta de los 24 segundos de posesión. En esa tesitura, el oficio del CSKA marcó la diferencia. El manejo de Papaloukas y la persistencia de Andersen y Langdon acabaron de hacer mella en un Unicaja exhausto que fió en demasía a los triples sus últimas posibilidades. Cayó, pero lo hizo con la cabeza bien alta, exigiendo del CSKA que demostrara, si no por su brillantez, sí al menos por su sabiduría para manejar el partido, por qué es el campeón.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de mayo de 2007