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Crítica:

Frustración en la celda

En un convento de la Galia tardorromana del siglo VI sitúa la irlandesa Julia O'Faolain Emparedadas. Una historia de psicología femenina centrada en unas monjas indefensas frente a los hombres, pero tiránicas frente a sí mismas y a sus cuerpos.

Cuando no existía aún el auge actual de la novela histórica como modelo de best seller, se escribían novelas con personajes históricos y ficticios que no sólo tenían intención de fidelidad a la época sino que también resultaban sólidas como narraciones. Es el caso de Emparedadas, novela publicada en 1975 por la irlandesa Julia O'Faolian, que tiene además la virtud de acercarnos a una época no demasiado frecuentada por la novela: la Galia tardorromana del siglo VI. El escenario es un convento de monjas. La fundadora, Radegunda, fue una princesa germánica cautiva del rey franco Clotario, que la convirtió en una de sus esposas, la más dócil y a la vez la única que consiguió dejarle por su propia voluntad. Rodeada de brutalidad y de obispos, Radegunda siente la llamada de Dios y se instala en Poitiers. A expensas de su esposo erige un convento y reúne allí a una serie de mujeres, la mayoría de origen noble, que comprenden que sus vidas estarán más seguras fuera del mundo de los hombres y sus guerras y pillajes, sus cacerías y sus instintos amorosos. Entre ellas, Inés será su favorita, la novicia perfecta: apasionada, imitativa, voluntariosa.

EMPAREDADAS

Julia O'Faolain

Traducción de Silvia Komet

Global Rhythm

Barcelona, 2007

398 páginas. 22 euros

El mundo que construye Ra

degunda es el reverso del castillo al que estaba destinada, con sus torres de delirio, sus fosos de santidad y sus mazmorras donde se castiga al cuerpo y se humilla el espíritu naturalmente sociable. Inflexible, una reina de la teología, la monja irá convirtiendo su comunión con Dios en una fortaleza insana, hasta el punto de desear que su sangre "palpite, aunque sea loca, profanamente, con vergüenza".

Haciendo uso de varios puntos de vista, yendo hacia delante y atrás en el tiempo, dando a la narración diversas voces, O'Faolain consigue adentrarnos en un mundo poco trillado, los extremos de la psicología femenina, y ello sin que se note demasiado la mirada sesgada de la sensibilidad moderna. Trata de no juzgar a sus personajes. Incluso el terrible Clotario muestra su lado humano cuando años después de la marcha de su esposa va al convento a pedirle compañía y generosidad. Esa escena y el diálogo, donde Radegunda se muestra insensible y dogmática, vale por toda la novela. Como también algunos diálogos inspirados con Fortunato, el trovador italiano que ha acudido para cantar la poesía de esa experiencia de mujeres recluidas. Él será quien seduzca a Inés y quien enrede los hilos del convento con los hilos del exterior, con su trama cortesana y episcopal.

"Todas esas mujeres jóvenes, lozanas y frustradas eran tan peligrosas como un ejército de visigodos", leemos en un punto de la novela. Y así era: indefensas frente a los hombres y tiránicas frente a sí mismas y sus propios cuerpos, las monjas llevaban su orgullo de santidad a la decisión de emparedarse en una minúscula celda. Al final, la realidad acuchilla los muros del convento. La rebelión de las monjas, comandadas por Clotilde, y el desenlace final resultan un tanto precipitados, teniendo en cuenta la meticulosidad con las que se han narrado antes pasiones e intrigapero se trata de objeciones menores. En conjunto Emparedadas es una novela interesante y original.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de mayo de 2007

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