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Reportaje:

Infiltradas entre la turba

La procesión conquense más famosa levanta el veto a la participación de las mujeres

Todas las madrugadas del Viernes Santo, unos 3.000 hombres participan en Cuenca en la Procesión de Las Turbas. No son nazarenos: los participantes representan a la masa desordenada que insultaba a Jesucristo cuando éste iba camino de la crucifixión. Vestidos con túnicas moradas, van tocando los clarines y los tambores y hacen burla a las imágenes durante el desfile más emblemático de la Semana Santa conquense, declarada de interés turístico internacional.

Este año se volverá a repetir el desfile, pero en medio de la muchedumbre participarán por primera vez tres mujeres, dos de ellas menores de edad. Para la ciudad es un hecho histórico: esta particular celebración, mal llamada procesión de los borrachos y cuyos orígenes se remontan al siglo XVIII, siempre ha estado vetada a la participación femenina.

"La mujer es más débil y en la procesión hay mucho pesado", dice un participante

Una mujer y dos niñas desfilarán el Viernes Santo junto a unos 3.000 hombres

El Grupo Turbas, la asociación que aglutina a los turbos, aprobó el pasado mes de marzo la revisión de sus estatutos. En el texto, donde antes ponía que sólo podían participar "los varones nacidos en Cuenca", ha sido cambiado para que pueda participar "cualquier persona con una antigüedad de dos años en cualquiera de las hermandades de la ciudad", explica Ramón Pérez, directivo del Grupo Turbas. El obispo de Cuenca, José María Yanguas, ha dado el visto bueno a la participación femenina.

Gema, de 31 años, Alba García, de 9, y Andrea Sánchez, de 11 son las primeras turbas oficiales. La primera no quiere hablar con los medios de comunicación porque considera que la incorporación de la mujer a la procesión es algo normal y no una noticia. Las dos niñas están sorprendidas por la expectación que ha levantado en Cuenca su participación en el desfile. "Si los hombres y las mujeres salen en el resto de las procesiones, ¿por qué no vamos a salir nosotras en ésta?", se preguntan las niñas, casi al unísono. Las dos participarán en el desfile protegidas por sus respectivos padres.

A su lado asiente Mari Luz González, de 37 años y madre de Andrea. "Yo salí algún año en la procesión de manera clandestina, con un pañuelo en la cabeza. En cuanto me veía algún hombre me hacían salirme del desfile, pero yo al rato volvía a meterme", recuerda.

Aunque oficialmente sólo se han inscrito en el desfile de este año tres mujeres, los organizadores suponen que saldrá alguna más. "Y el número irá aumentando año tras año. Dentro de un tiempo será normal verlas", agrega Ramón Pérez. ¿Y se han quejado muchos hombres a la organización de la incorporación femenina? "De las 1.300 inscripciones oficiales que hemos tenido este año, sólo uno", puntualizan en el Grupo Turbas.

Otra cosa es el debate que hay en la ciudad y que se repite en todos los bares en cuanto alguien saca el tema. La Procesión de las Turbas es especial: se celebra de madrugada, hay aglomeraciones, es habitual que más de un participante salga con el espíritu entonado. Ese día, Cuenca, con 50.000 habitantes, dobla su población.

Todos los detractores de la incorporación de la mujer al desfile empiezan la frase igual: "No me parece mal, pero...". "No me parece mal, pero una mujer es más débil y entre los turbos hay muchos que se ponen pesados, hay empujones... Es una procesión muy brusca, agresiva y extrema. Vamos, un poco delicada para una mujer. Pero cuidado, que no soy machista", asegura Juan Carlos García, turbo de 34 años.

Santiago Moya, de 38 años, también empieza diciendo eso de que no le parece mal. "Pero la Biblia dice que los hombres se burlaban de Jesús y las mujeres iban detrás llorando, a mí es lo que me han enseñado de pequeño. Así se lo he intentado explicar a mi hija de 12 años, que me ha dicho que quería salir. Y me ha contestado que soy un machista". "Y si somos todos iguales, pues entonces que las mujeres vayan también delante dentro de la procesión, nada de ir detrás donde hay menos peligro", agrega.

La presencia de la mujer en la Semana Santa conquense es abrumadora entre los nazarenos (representan el 80%); muy bajo entre los directivos de las hermandades (el 10%) y apenas se cuentan con los dedos de una mano las que llevan en andas los pasos. "Las mujeres son las que han levantado la Semana Santa conquense. En los años sesenta hubo una crisis de participación, y entonces las mujeres se incorporaron de forma masiva como nazarenas. Si dejásemos de salir, no habría desfiles", opina Raquel Pinos, de 37 años y máxima responsable de la hermandad Jesús Nazareno de El Salvador.

La polémica sobre la participación de las mujeres en la Semana Santa también salpicó hace unas semanas al municipio de Córdoba. Allí, la junta directiva de la hermandad Nuestra Señora de los Dolores expulsó a dos costaleras por tener menos fuerza que los hombres y porque bajo el paso pueden darse "posturas soeces". Finalmente, la hermandad ha reculado y, aconsejados por el obispado de la ciudad, ha vuelto a admitir a las dos expulsadas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 4 de abril de 2007