Atacada con proyectiles de grueso calibre la mayor base española en Afganistán

Dos artefactos explotan a unos 200 metros de la valla del aeropuerto de Herat

Las tropas españolas en Afganistán, en permanente estado de tensión, se llevaron el lunes un nuevo susto, afortunadamente sin consecuencias. Dos proyectiles hicieron explosión junto a la base de Herat a las 23.23 y 23.25, horas locales, sin causar heridos ni daños materiales. Una de las explosiones tuvo lugar a 200 metros de la valla de la base. El segundo impacto, que ayer no fue localizado, a unos tres kilómetros de distancia. Según los primeros análisis, las explosiones fueron causadas por granadas o proyectiles de artillería de unos 100 milímetros de calibre.

Si se confirmara que los atacantes utilizaron granadas de mortero o proyectiles de artillería, como ayer sugirió el Ministerio de Defensa en Madrid, se trataría de un salto cualitativo.

En los últimos ataques de este tipo contra la base de Herat, que tuvieron lugar el pasado verano, se emplearon cohetes de fabricación artesanal. Ya entonces se procedió a la construcción de refugios, especialmente en la zona de dormitorios, donde duermen 430 militares españoles, del total de 690 desplegados en Afganistán.

Los expertos consultados por EL PAÍS indicaron que, si se confirmara que los insurgentes disponen de este tipo de armamento, la base debería reforzarse con el envío de radares contra morteros, como los cuatro Arthur de fabricación sueca que adquirió en noviembre pasado el Ejército español por 69 millones de euros, a pesar de que este tipo de sistemas están pensados para localizar emplazamientos fijos y no para ataques realizados con camionetas tipo pick-up, que se dan a la fuga después de disparar.

Más inteligencia

Más urgente, según las fuentes consultadas, es reforzar las capacidades de inteligencia del contingente, para evitar que ataques de este tipo se produzcan sin aviso previo y sorprendan a los soldados fuera de los refugios, como pasó el lunes. La alarma se activó tras las explosiones y se desactivó 30 minutos después, al comprobarse que no había daños personales ni materiales.

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El Equipo de Desactivación de Explosivos (EOD) de la base localizó el impacto de un proyectil a unos 200 metros de la valla norte de la base, donde se encuentra la academia de la nueva policía afgana, mientras que no encontró rastros de la segunda explosión, que se habría producido a unos tres kilómetros de distancia.

El Ejército de Tierra ha iniciado el proceso para adquirir dos aviones no tripulados (UAV), con los que mejorar la información de que dispone el contingente, pero éstos no estarán operativos hasta final de año, en el mejor de los casos.

Éste es el tercer ataque contra las tropas españolas en Afganistán en lo que va de año. El pasado 15 de marzo un presunto talibán perdió la vida y otro resultó herido al explosionarles el artefacto improvisado que manipulaban a unos 200 metros del convoy español contra el que pretendían atentar en la provincia de Farah.

El 21 de febrero, la soldado Idoia Rodríguez Buján se convirtió en la primera militar muerta en una operación en el extranjero tras explotarle una mina cerca de la localidad de Shindand.

Con todo, los incidentes violentos en los que se ven implicadas los españoles sólo son una parte de los que se producen en el oeste de Afganistán, donde están desplegados. El 31 de marzo, dos niños murieron y otro resultó herido al explotarles un artefacto en Shindand.

El ministro de Defensa, José Antonio Alonso, que compareció el 28 de marzo en el Congreso para informar sobre la muerte de la soldado Idoia Rodríguez, reconoció la situación de riesgo en que se encuentran los soldados españoles, pero aseguró que las medidas ya adoptadas para reforzar la seguridad de las tropas son suficientes.

Alonso esgrimió una nota del jefe del Estado Mayor de la Defensa (Jemad), fechada el 6 de marzo, en la que alegaba que, dados los riesgos a los que se enfrenta el contingente (minas y artefactos explosivos improvisados), no se consideraba necesario enviar más tropas.

La nota concluía, sin embargo, con una frase que dejaba claro el carácter provisional de esta afirmación: "Si se observara una evolución desfavorable de la situación", advertía el Jemad, "propondría las medidas correctoras correspondientes".

Las fuentes consultadas estiman que sólo es cuestión de tiempo que, a la vista del deterioro de la situación, el general Félix Sanz proponga reforzar las medidas de seguridad. Podría ser demasiado tarde si antes se produce una desgracia.

EL PAÍS

Sobre la firma

Miguel González

Responsable de la información sobre diplomacia y política de defensa, Casa del Rey y Vox en EL PAÍS. Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) en 1982. Trabajó también en El Noticiero Universal, La Vanguardia y El Periódico de Cataluña. Experto en aprender.

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