El futuro electoral de la izquierda 'abertzale'
Columna
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El sosias de Batasuna

La presentación la pasada semana de Abertzale Sozialisten Batasuna (ASB) en la ventanilla del registro de partidos políticos cuando faltaban pocas horas de plazo para dar de alta a las formaciones de nuevo cuño dispuestas a concurrir a las elecciones municipales y forales en el País Vasco (y además a las autonómicas en Navarra) no sorprendió al Gobierno con la guardia baja. Las huellas de ilegalidad de la marca eran tan visibles que el Ministerio del Interior ordenó de inmediato paralizar la tramitación y enviar el expediente de ASB a la Fiscalía General y a la Abogacía del Estado: ambas instituciones interpusieron ayer la demanda de ilegalización correspondiente ante la Sala Especial del Supremo. La pertenencia de dos de las tres personas promotoras de ASB a la Mesa Nacional de Batasuna (disuelta por el Supremo en marzo de 2003), la inclusión del nombre del partido ilegalizado en el frontispicio de la recién creada formación y la semejanza de la organización y de las estructuras entre el sosias y su modelo conculcan el artículo 12.1.b) de la Ley de Partidos Políticos de 27 de junio de 2002, que prohíbe la inscripción en el registro de una formación que continúe o suceda la actividad de un partido declarado ilegal y disuelto.

Parece improbable que el paso dado por los dirigentes de la disuelta Batasuna al promover una formación política gemela sin apenas molestarse en guardar las apariencias se deba a un cálculo equivocado sobre los costes de su relegalización; ni siquiera los negros vaticinios del PP acerca del entreguismo de Zapatero, contradictorios con la justificación por ETA del atentado de Barajas a causa de la negativa del Gobierno a satisfacer sus pretensiones, podían despertar tan insensatas ilusiones en el mundo del nacionalismo radical. Es más verosímil que la presentación de ASB en el registro de partidos haya sido un gesto provocador para reafirmar que el brazo político de ETA no contempla la posibilidad de romper con la banda terrorista ni tampoco renuncia a seguir compatibilizando la utilización de dos vías supuestamente complementarias -una legal y otra violenta- hacia un mismo destino: la territorialidad (la Gran Euskal Herria con Navarra y los territorios vasco-franceses) y la autodeterminación (un Estado soberano e independiente). El desmantelamiento en estos días del comando Donosti de ETA, cuya reorganización comenzó dos meses después de proclamada la tregua permanente de la banda y que había realizado los seguimientos preparatorios de eventuales atentados contra cargos públicos y dirigentes de movimientos cívicos (entre otros Fernando Savater y Maite Pagaza), confirma que el nacionalismo radical no tiene el menor propósito de enterrar las armas.

El cantado tropiezo de los líderes de la izquierda abertzale en su intento de concurrir a las urnas con las siglas ASB (era estúpido suponer que el Gobierno y el fiscal general aceptasen ese burdo trágala) no agota, sin embargo, su espacio de maniobra para las elecciones del 27 de mayo. Desde su ilegalización, Batasuna ha recurrido con diferente fortuna a diversos expedientes para seguir recogiendo los votos de sus bases, magnitud que se ha movido desde 1980 a 2005 dentro de una horquilla entre los 220.000 y los 150.000 sufragios. ASB no es la primera plataforma electoral acusada de ser una continuación de Batasuna: la Sala Especial del Supremo ilegalizó en 2004 la lista de Herritarren Zerrenda para el Parlamento Europeo y en 2005 la de Aukera Gutziak para el Parlamento vasco. La izquierda abertzale, sin embargo, aprende de la experiencia. En 2005 Batasuna eludió la ilegalización de Aukera Gutziak encauzando sus 150.000 votos hacia el Partido Comunista de las Tierras Vascas, inscrito en el Registro de Partidos en 2002 (sin oposición del Gobierno del PP y de su ministro del Interior, Ángel Acebes): ahora podría tratar de subarrendar con el mismo fin las siglas de algún partido ya registrado. A las municipales de 2003 concurrieron 249 agrupaciones electorales abertzales, de las que quedaron fuera 225 tras la doble criba realizada por la Sala Especial del Supremo y el Constitucional. En aquella ocasión a Batasuna no le quedó más salida que el voto de protesta, obedecido por 100.000 electores; quizá esta vez intente sorprender a los tribunales con una desbordante multiplicación de listas de todos los colores.

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