"Lo arquitectónico y lo social forman un todo único, indivisible"

Desde su oficina de Londres, Richard Rogers contestó por teléfono a las preguntas de EL PAÍS.

Pregunta. ¿Había perdido la esperanza?

Respuesta. Uno quiere pensar primero que hay demasiados candidatos excelentes y luego que vive su mejor momento cuando le dan el premio.

P. ¿Cree que se le ha premiado más como urbanista, como el ideólogo del nuevo Londres abierto y social o como arquitecto?

R. Todo es parte de lo mismo: una continuidad. No veo una diferencia entre los edificios y el espacio entre los edificios. Es sólo una cuestión de escala. En noviembre se inaugura una exposición en el Pompidou sobre mi trabajo que lleva por título De la casa a la ciudad, y eso es lo que pienso. Me parece tan crucial que Madrid tenga un aeropuerto cosmopolita como poder caminar por Londres.

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P. ¿Se reconoce más en el Pompidou o en Barajas?

R. Hay casi cuarenta años de diferencia entre ambos proyectos. Y, de nuevo, creo que son parte del mismo continuo. Uno cambia. Evoluciona. Si miro 40 años atrás me veo arreglando una cocina o diseñando una casa. Pero no sólo yo he cambiado. El mundo es otro. Hoy es más importante controlar el impacto que la arquitectura causa en el medio ambiente que hacer una protesta. Los edificios se relacionan de otra manera con su contexto. Antes formaban parte de él, ahora lo generan. Todo ha cambiado, y lo que más es cómo los arquitectos seguimos en Internet lo que hacen nuestros colegas en cualquier rincón del mundo. Todo eso influye en la arquitectura. Y afecta a nuestra manera de mirar. Pero, además, no estoy solo. Trabajo con un gran equipo. Y los escucho. Sus críticas son importantes. Nuestra evolución lo refleja.

P. Ha sido pionero en la construcción de iconos como el Pompidou, en la preocupación por la sostenibilidad con el edificio Lloyds y de la ciudad social, con el urbanismo que diseña y asesora en Londres. ¿Qué viene ahora?

R. Creo que la sostenibilidad es una cuestión candente y urgente. Estoy trabajando mucho en Nueva York, levanto una torre de 71 pisos donde estaba el World Trade Center y varios edificios más. Y en España tengo también mucho trabajo. Creo que España es hoy un líder cultural mundial. Es un país enérgico y dispuesto. No ha terminado algo y ya ha pensado en algo más. No dormirse da vitalidad a las ciudades. No lo digo porque su periódico sea español, lo he repetido antes.

P. ¿Le ha felicitado su amigo Renzo Piano?

R. Me llamó Peter Palumbo para decirme que había ganado y todavía no he podido hablar con él.

P. ¿Qué cree que quedará como su mayor contribución a la arquitectura en los libros de historia?

R. He querido cambiar un poco la calidad de vida. Entender que lo arquitectónico y lo social forman un todo único, indivisible. Tratar de no separar gente y urbanismo, ciudad y arquitectura. Me gustaría que a la gente le hiciera pensar mi idea de una ciudad social, abierta y con la gente. Sólo las ciudades con ciudadanos en la calle, con plazas, parques y sin miedos son lugares vivos. Quisiera creer que he contribuido algo a la regeneración de algunas ciudades con las que he estado trabajando.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 28 de marzo de 2007.

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