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Reportaje:

Las ballenas del Estrecho se mueren

Los científicos investigan la extraordinaria muerte de 20 ballenas piloto en cinco meses, la mayoría frente a Gibraltar

Windgurú ha fallado. La web de los surfistas que han adoptado los pescadores como guía para manejarse por los cambiantes vientos del Estrecho anunciaba calma, pero en el puerto de Tarifa el poniente es de fuerza 4. "Se puede salir. Un poco más de viento y no podríamos ir a buscar a las ballenas piloto", explica Renaud de Stephanis, un experto en cetáceos que desde hace 10 años censa la población del Estrecho. El Elsa, su barco, tan viejo como robusto, aguanta los embates del mar. Con nueve metros es, con diferencia, el menor de la zona. Tras 50 minutos de travesía, una espuma anuncia la presencia de las ballenas piloto o calderones. Los animales, negros y majestuosos, saltan alrededor del barco, salen y expulsan el chorro de aire. Los 15 ejemplares que rodean el bote dan imagen de normalidad, pero algo va mal.

Desde octubre, han aparecido unas 20 ballenas piloto muertas entre el Estrecho y Murcia. El 13 de octubre pasado varó en Torrox (Málaga) un cadáver de cuatro metros. Ayer apareció de nuevo en Torrox otro ejemplar. En medio, 20 ejemplares han aparecido de Huelva a Cabo de Palos (Murcia) y de Almería a Ceuta. Más de la mitad de ellos encallaron frente al Estrecho. Juan José Castillo, del Centro de recuperación de Especies Amenazadas de la Junta de Andalucía, explica que su centro "está en alerta".

Puede que la cifra sea sólo un pico anormal y que la mortalidad acabe volviendo a niveles normales. Pero es poco probable. La principal preocupación de los expertos es que las corrientes del Estrecho arrastran los cuerpos lejos de la costa, hacia el Atlántico o el Mediterráneo, pero rara vez hacia el litoral. Lo que quiere decir que si han llegado 20 a costa, han muerto muchos más.

"Es una cifra muy alta. En el Estrecho hay unos 260 calderones. Si ha muerto el doble de ejemplares de los que han aparecido, esto significaría un porcentaje muy alto de muertes", explica Pierre Gallego, que colabora con la Whale and Dolphin Conservation Society: "No podemos saber si es la contaminación o un virus. Posiblemente sean muchas cosas juntas".

Hasta ahora sólo se ha podido realizar una necropsia completa, explica Castillo: "Los cuerpos de los animales estaban en muy mal estado. En un caso apareció una infección bacteriana oportunista, pero los datos no son suficientes para atribuir la muerte a esta infección".

Y sin embargo, una infección es la causa más probable, como explica Annabelle Cuttelod, responsable de especies amenazadas de la Unión Internacional para la conservación de la Naturaleza del Mediterráneo, con sede en Málaga: "La contaminación del Mediterráneo vuelve a las ballenas piloto más vulnerables a las infecciones. El plancton acumula la contaminación, que pasa a los peces y de allí a las ballenas, que son especialmente sensibles". Si fuera un sónar o un vertido concreto los cuerpos no aparecerían a lo largo de varios meses, sino en varamientos masivos.

Como la población de calderón en el Estrecho no se mueve, no emigra y es estable, el dato es especialmente preocupante. De Stephanis señala: "Aunque no se tengan todavía datos sobre las poblaciones en el mar, está claro que la situación es preocupante, ya que en cinco meses habría muerto ya casi el doble que en la media anual de los últimos siete años".

A su lado saltan los calderones y, a veces, un grupo de delfines mulares. El Estrecho es el paraíso para ver cetáceos. En verano llegarán las orcas y se pueden ver los enormes rorcuales. Para proteger a los cachalotes, el Gobierno ha pedido a los barcos que reduzcan la velocidad y estén atentos para evitar las colisiones. Para proteger a las ballenas piloto nadie sabe qué hacer.

Redes, polución y delfines

Contaminación, ruido, ferrys, colisiones con los cetáceos, delfines enredados en las redes de pesca... Puede que el Estrecho sea demasiado pequeño para tanta gente. Cada hora, 10 barcos pasan por una de las mayores autopistas del mundo. Son buques enormes, cargados de contenedores, como el YM Jupiter, uno de los 90.000 que al año pasan de un mar a otro frente a Tarifa. El YM Jupiter es un barco con bandera maltesa impasible ante las olas. Los contenedores que lleva y que en el puerto parecen enormes recuerdan a bordo piezas de un Lego.

Un ferry rápido, que alcanza los 40 kilómetros por hora pasa por la popa del carguero. En su proa saltan los delfines mulares. Las ballenas piloto y los delfines se divierten con estos barcos, pero los rorcuales y los cachalotes, gigantes del mar, pueden ser arrollados.

Otro problema son las redes de deriva en las que se quedan atrapados delfines que persiguen los bancos de peces y, sobre todo, las tortugas, como explica Óscar Ocaña, presidente de la Fundación del Mar de Ceuta. Pese a que en el último acuerdo pesquero entre la UE y Marruecos se destinaron 1,25 millones de euros al año para eliminar estas redes de deriva, la asociación ecologista Oceana se mostró ayer escéptica sobre el impacto de la medida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de marzo de 2007

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