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Reportaje:MÚSICA

Un árbol sobrevuela Zaragoza

Biella Nuei ha revolucionado el panorama folclórico peninsular con Sol d'ibierno, un disco optimista y sin prejuicios para plantarle cara "a estos tiempos desesperanzados". La formación decana de la música tradicional aragonesa suena ahora más viva y jovial que nunca.

Llevan más de dos décadas empeñados en que no se pierda para siempre la música de sus ancestros aragoneses. Han pateado los caminos más recónditos en busca de melodías antiquísimas: jotas, pasacalles, tarantainas o paseíllos que sólo perduraban en las memorias de los más viejos del lugar. Y todo ello lo conjugan con su firme determinación de mirar hacia delante, de abrir los oídos a los nuevos sonidos de un mundo en permanente ebullición. Algunos se refieren a Biella Nuei como el grupo que mejor encarna la paradoja del árbol volador, una criatura con las raíces bien hundidas en la tierra pero el empeño de elevarse muchos metros gracias al impulso de la imaginación. Y ningún disco como Sol d'ibierno (Delicias/Ventilador), su flamante nueva entrega, para encarnar esta mágica ambivalencia.

Hasta ahora habían centrado su producción discográfica en recuperar el acervo cultural aragonés. Las aves y las flores constituía, por ejemplo, un "manual de ecología sonora", mientras que Solombra rescataba del olvido la música modal antigua para gaita de boto. En contraste con aquellas producciones casi etnográficas, Sol d'ibierno representa una eclosión de frescura, heterodoxia y un descaro entre el hippismo y la multiculturalidad. "Es como si hubiéramos salido del armario", anuncia entre risas el cantante, flautista, laudista, dulzainero y fundador del grupo, Luis Miguel Bajén. "Tras 22 años de investigaciones, trabajos de campo o estudios de lutería, creímos llegado el momento de grabar un disco un poco anárquico, sin fronteras, colorista. Y nos salió éste".

Bajén nació hace 41 años en Elgoibar (Guipúzcoa), pero reside en la capital maña desde chiquillo. Se crió escuchando folclor irlandés, tropicalismo brasileño y las colecciones del mítico sello Guimbarda. Eran unos tiempos en los que a nadie parecía interesarle lo más mínimo la música de raíz aragonesa. "Fueron años de una orfandad total", rememora. "Las Tarantainas de la casa sin pared, el tema que abre el nuevo disco, se refieren a todos aquellos tópicos que presentaban la música tradicional como un elemento rancio y caduco". Por lo que cuenta, ya ha pasado el peligro de perder las enseñanzas de nuestros antepasados. "Soy profesor desde hace quince años en la Escuela Municipal de Folclore de Zaragoza. En este tiempo no han parado de crecer ni el número de alumnos ni su preparación, y cada vez resulta más natural que compartan espacio las guitarras eléctricas con las dulzainas, los violines o el conjunto coral".

Ese talante ecléctico alienta composiciones como Te kambian los tiempos, una polca tradicional que se despendola a ritmo de rockabilly. Su delicioso vídeo promocional retrata un jolgorio callejero de músicos ambulantes, malabaristas y automovilistas sublevados: una ciudad distinta en la que es posible el nudismo en bicicleta, un mosén se lía a bailar con una especie de Jomeini y dos chicos barbudos se morrean sin que nadie ponga el grito en el cielo. En el fondo, estos nuevos y desprejuiciados Biella Nuei no quedan demasiado lejos del espíritu de la extremeña Bebe o de los barceloneses Ojos de Brujo. "Musicalmente vamos por otros derroteros, pero el planteamiento filosófico general, ese gusto por lo asambleario y por romper fronteras, es bastante parejo", admite Luis Miguel.

Una parte de culpa en toda

esta redefinición de la banda se le debe imputar al productor de Sol d'ibierno, Juan Alberto Arteche. Fundador en los últimos años sesenta de los seminales Nuestro Pequeño Mundo y descubridor, un cuarto de siglo más tarde, de Radio Tarifa, Arteche se encariñó de los aragoneses y convivió con ellos en su estudio segoviano de La Barraca. "Siempre me había atraído la idea de que la música ibérica significa la intersección de Europa con África y Suramérica", admite Bajén. "Ahora he descubierto que el lugar físico donde confluyen todos esos mundos es el cuarto de instrumentos de Juan Alberto. Él nos daba mucha libertad, pero sabía cómo dar el último toque de color a cada tema".

Es el único cuarentón del septeto, pero Bajén admite que estos nuevos derroteros artísticos le han hecho rejuvenecer. "Inmersos en un mundo que ha perdido el rumbo, nos hemos propuesto ejercer de guerrilla musical. Queremos que estos sonidos nos den calor y vidilla", proclama. La preparación de Sol d'ibierno le ha ocupado tres largas temporadas, pero ahora mismo se le nota embalado. Mira el futuro con optimismo ("la música del futuro será, gracias a internet, mucho más rica y mestiza") y agolpa un proyecto tras otro en su mesa de trabajo. Tiene muy avanzado un álbum sobre música pirenaica junto a varios músicos occitanos y ha emprendido una colaboración con el músico electrónico Juanjo Javierre (Nu Tempo) que podría conocer su puesta de largo en el próximo festival Pirineos Sur. Ah, y aún encuentra ratos libres para preparar una antología de Biella Nuei con nuevas mezclas en torno a sus veintipico años de historial. El árbol zaragozano prosigue, imparable, su fulgurante ascenso a los cielos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de marzo de 2007