Reportaje:Apagón contra el calentamiento

Un ahorro de 20 millones de bombillas

El consumo eléctrico cae un 2,5% durante los cinco minutos de protesta contra el cambio climático

Veinte millones de bombillas se apagaron ayer en España para permitir un respiro energético en el planeta durante cinco minutos, entre las 19.55 y las 20.00. Este apagón, equivalente a la producción durante ese intervalo de tiempo de una central nuclear y de 500 molinos de viento, supone el 2,5% del consumo eléctrico. Sirvió para que España dejara de emitir 35 toneladas de CO2, un gesto meramente simbólico teniendo en cuenta que diariamente emite más de 1,2 millones de toneladas. La convocatoria fue amplificada por Internet hasta el punto de que sumó tantas adhesiones que se llegó a temer por la capacidad de respuesta de la red eléctrica ante un apagón masivo. Al final, el paro fue más visible en las instituciones que en los hogares.

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El origen de esta movilización fue una nota en la web de la asociación ecologista francesa Alianza por el Planeta destinada a consumo interno. Después, miles de internautas difundieron el mensaje mediante correos electrónicos y colgaron en múltiples blogs el breve texto de los franceses: "Se trata de ahorrar cinco minutos de electricidad en todo el planeta para llamar la atención de los ciudadanos, de los medios de comunicación y de los que tienen el poder sobre el derroche de energía y la urgencia de pasar a la acción. Cinco minutos de respiro al planeta no es mucho tiempo; no nos costará nada y mostrará que el cambio climático es un tema en el que se debe pensar dentro del debate político".

La chispa prendió y las organizaciones ecologistas incluyeron en sus webs llamadas al seguimiento, y sus dirigentes dejaron claro que no eran ellos los organizadores, sino meros catalizadores de la iniciativa ciudadana. El pasado miércoles, a última hora de la tarde, el Ministerio de Medio Ambiente decidió sumarse al apagón. A lo largo de todo el día de ayer, ayuntamientos, instituciones autonómicas, centros públicos de ocio y sindicatos respaldaron la convocatoria. Por una vez importó poco el color político de ciudades y parlamentos: los Ayuntamientos de San Sebastián, Zaragoza, Pamplona, Barcelona, Vigo, Vitoria, Bilbao, Valencia, la Xunta de Galicia, el Parlamento de Andalucía... Los dos grandes partidos, el PP y el PSOE, aparcaron durante cinco minutos sus diferencias y optaron por apagar la luz de sus sedes centrales. Comercios, museos y miles de hogares optaron por el mismo sistema de protesta ante el cambio climático.

Las grandes ciudades oscurecieron sus monumentos emblemáticos: en el Kursaal de San Sebastián los acomodadores acompañaron con linternas a los espectadores que aguardaban la actuación del cantautor cubano Pablo Milanés, la Alhambra de Granada, la Giralda en Sevilla, la Puerta de Alcalá en Madrid, el Guggenheim en Bilbao, la Mezquita de Córdoba y la Sagrada Familia en Barcelona, entre otros, suspendieron la iluminación de sus fachadas. En Valencia, la Ciudad de las Artes y las Ciencias se convirtió durante cinco minutos en una silueta oscura sobre el río Turia. Lo mismo que ocurrió con la Torre Eiffel en París, la capital del país que originó la convocatoria y donde hoy se hará público el informe que los científicos han elaborado para el Panel Intergubenamental sobre cambio climático de la ONU. También fue cortada la iluminación durante los simbólicos cinco minutos de ayer en el Coliseo y el Capitolio de Roma y en las sedes del Consejo Europeo, el Parlamento y el edificio Atomium de Bruselas.

Expectativas frustradas

Red Eléctrica Española, el operador del sistema eléctrico, garantizó al Ministerio de Medio Ambiente la normalidad en los hogares españoles inmediatamente después de las ocho de la tarde de ayer. Entre otras razones, porque el consumo doméstico sólo representa el 40% del total, y el sistema español está preparado para resistir su caída. La realidad no se acercó ni de lejos a ese tope. Sólo el 2,5% de los usuarios apagaron la luz. Ante las expectativas generadas, la respuesta supo a poco, pero los ecologistas la juzgan importante: "Lo importante no es el número de seguidores, sino el gesto que supone que miles de ciudadanos pasen a la acción y dejen patente su preocupación por las consecuencias del calentamiento", dijo José Luis García, responsable de la campaña del cambio climático de Greenpeace.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0001, 01 de febrero de 2007.

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