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Reportaje:SIGNOS

Los "buenos tiempos" del arte

Se reedita con material inédito 'Luces y sombras del flamenco', de Caballero Bonald y Colita

En los años sesenta y setenta el flamenco era distinto. Había fiestas que duraban hasta el amanecer. Antonio Mairena, Juan Talega, La Piriñaca o El Borrico extendían su arte desde la noche hasta el sol, cuando, como recuerda el escritor José Manuel Caballero Bonald (Jerez, 1926), el flamenco "era de gente menesterosa". Las cosas han cambiado. "Ahora son como estrellas de rock", mantiene la fotógrafa Isabel Steva (Barcelona, 1940), conocida por todos como Colita. Ambos, amigos desde hace mucho, publicaron hace 32 años Luces y sombras del flamenco, un tesoro reivindicado por los grandes aficionados que la Fundación José Manuel Lara acaba de reeditar.

El proyecto nació en los años setenta, en las comidas en restaurante que Colita y Caballero Bonald compartían en su recién estrenada amistad. Pensaron en hacer un libro sobre flamenco. La fotógrafa aportaría su ya entonces extenso archivo y el escritor sus reflexiones sobre este arte. "Yo pensé que no lo querría nadie", reconoce Colita. Pero sí lo quisieron. La editorial Lumen lo eligió para su colección Palabra e Imagen. Se agotó rápidamente y se convirtió casi en un mito. Hubo un reciente y frustrado intento de reedición hasta que la Fundación Lara lo ha recuperado para el gran público.

"El escenario siempre le fue mal al flamenco", sentencia Caballero Bonald

Hay algunas aportaciones nuevas con respecto a la primera versión de los años setenta. Caballero Bonald ha hecho una reflexión sobre los nuevos intérpretes y Colita ha elegido fotografías hasta 2003. Pero ambos reconocen que lo más interesante era lo originario. Añoran lo que definen como "buenos tiempos" del flamenco. El de las fiestas y el de la cercanía a los artistas. "Es curioso cómo han cambiado las cosas en estos años. Yo me pasaba todo el día con Carmen Amaya. En su casa, comiendo, bebiendo y haciendo el animal", rememora Colita. "Ahora para hacer una foto a un flamenco te dan 10 minutos en un ensayo y te tienes que conformar". La fotógrafa reconoce que tiene retratos de muchos de los artistas más importantes del momento pero sus imágenes no aparecen en el libro porque las restrictivas condiciones que imponen no le han permitido hacer un trabajo "a la altura". Es su protesta principal. "Son estrellas de rock. Ha entrado el marketing", mantiene.

Caballero Bonald avala su postura. En su casa de Madrid se celebraban esas fiestas hasta el alba. Aquella intimidad favorecía la cercanía con el arte. "El escenario siempre le fue mal al flamenco", sentencia el escritor, quien reconoce haber perdido el interés por la música actual, la de la fusión y los grandes focos.

Las fotografías de Colita extraen la esencia de los grandes. Y lo hace en la plenitud de una actuación pero también en el calor de su hogar. Todavía recuerda el día en que conoció a Carmen Amaya. Estaban en el rodaje de Los Tarantos y ella se puso a bailar. "Padecí el síndrome de Stendhal, que sobreviene cuando una persona es expuesta a una sobredosis de arte y belleza. A mí me dio un vahído por la impresión de ver algo maravilloso. Acabamos todos llorando". Y, desde entonces, la siguió en los tablaos, en su casa y en las calles. Ahora admira a Cristina Hoyos, "una maestra", y a algunos cantaores de Barcelona, la ciudad donde residen, como Duquende o Miguel Poveda, con los que también ha trabado amistad.

Por delante de su cámara han pasado Antonio Gades, Paco de Lucía, José Menese, Camarón, Peret o Fernanda y Bernarda de Utrera, entre otros muchos. Como profesional de la imagen, Colita se autodefine como apasionada del documentalismo vivo. "Tienes que estar lo más cerca posible de las personas y no resolver los trabajos en 10 minutos como te quieren imponer". Para ella, este libro es "un trozo de vida". Fragmentos de alegrías, momentos de convivencia, recuerdos de buenos ratos. "Es un libro por amor. No he ganado dinero pero lo he pasado tan bien y he conocido a gente cojonuda". Desde varias gitanas en Montjuic retratadas en 1962, que abren la colección de fotografías, hasta un primer plano de Martirio tomado en 2003, el archivo flamenco de Colita se expande con luces y sombras "Yo trabajo con una intención. Siempre espero que me sorprendan. Y lo sigo esperando a pesar de todo porque, a veces, me sorprenden", explica.

Caballero Bonald ahonda en sus textos sobre la evolución del flamenco. Profundiza en sus orígenes, en la intimidad del hogar gitano, su paso por los cafés cantantes hasta su explosión fuera ya de la marginalidad. "Yo no ataco al flamenco actual. Pero para mí es otra cosa. Puede ser interesante pero me llega menos". En un texto escrito para esta reedición, el autor alude al neoflamenco, la nueva fase en la que ha entrado esta música para conquistar amplios sectores del público. Sostiene que actualmente siguen conviviendo dos parcelas: la del flamenco tradicional, a salvo de la modernización y heredero de las herencias gitanas y andaluzas, y la del cúmulo de fusiones que constituyen lo que denomina como "otro flamenco". Caballero Bonald no se atreve a prever qué ocurrirá en un futuro inmediato.

El escritor jerezano guarda en sus estanterías auténticos tesoros. Cintas originales con las grabaciones de artistas cantando o conversando sobre su arte, entre ellas, la única que ha registrado la voz de un miembro de la saga de Enrique El Mellizo. Era el flamenco de cuevas y tabernas, de cantaores desconocidos y marginales, antes de que las cosas cambiaran.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 2 de febrero de 2007