Entrevista:HUANMING YANG | Director del Instituto de Genómica de Pekín

"La biotecnología es la solución para la falta de comida"

China desafía el dominio de EEUU, Europa y Japón en investigación científica, titulaba un resumen del informe de la Unesco sobre ciencia de 2005. La afirmación se apoyaba en cifras: en sólo cinco años China ha pasado de contribuir el 3,9% del gasto mundial en I+D al 8,7%. Un aumento no sólo debido al crecimiento general del país, sino a la política de priorizar la investigación. "En su plan quinquenal China incluyó las tecnologías de la información; la biotecnología; los nuevos materiales; la aeronáutica; y las tecnologías avanzadas de manufacturado entre las áreas en que debía intentar lograr avances importantes", destaca el informe. Y también es China un ejemplo en atraer de vuelta a casa a cerebros fugados: "(...) aproximadamente un tercio de los que salen al extranjero vuelven cada año". En investigación biomédica, en concreto, China ha participado en los últimos años en algunos de los principales proyectos internacionales, como los de secuenciación de los genomas humano; del pollo; del gusano de seda; del chimpancé; o del arroz. Huanming Yang, director del Instituto de Genómica de Pekín, explica la estrategia y los logros de su país.

"La medicina china ha sido prohibida ya dos veces en la historia por el Gobierno"

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Pregunta: ¿Cómo está la investigación en biomedicina y biotecnología en China?

Respuesta: El Gobierno y el público se han dado cuenta de la importancia de la biotecnología. Pero estamos en el principio. Por ejemplo, en lo que respecta a la comida en China tenemos dos problemas. Uno es la cantidad: cómo dar de comer a tanta gente. Esto aún es un problema importante para nosotros. Y el segundo es que no hay suficiente agua para cultivar la comida base, que es el arroz. Es imposible que los chinos comamos siempre arroz, porque es un cultivo que necesita muchísima agua. Y para estos dos problemas la biotecnología es muy importante. La biotecnología representa la solución del futuro para el problema de la falta de comida.

P. ¿Cómo desarrollar la biotecnología?

R. La fórmula es la misma para cualquier país: investigación básica e infraestructuras para aplicaciones, para trasladar el conocimiento a aplicaciones. Y en esto, en China, estamos empezando. El nivel de investigación en China, con algunas excepciones, es aún muy bajo.

P. ¿Cómo piensan aumentarlo?

R. Lo primero, con más dinero para investigar. Segundo, necesitamos más gente bien preparada, ya sea de China o de fuera. Y tenemos que crear condiciones razonablemente buenas para trabajar. De nuevo, esto es igual para todo el mundo, sin excepciones: presupuesto; equipo; y condiciones de trabajo.

P. Dice que su nivel es bajo, pero están ustedes implicados en muchos programas internacionales.

R. Sí. Al principio para China es muy difícil ponerse a la altura de la investigación mundial. Pero la mejor manera de hacerlo es colaborar con quienes están a ese nivel. Es algo enraizado en la cultura china, el trabajar con gente que sabe más que tú. En el proyecto genoma humano, por ejemplo, aprendimos mucho. Por eso fuimos capaces de hacer algo parecido en arroz, en gusano de seda y en otros genomas.

P. ¿Le preocupa que grandes multinacionales biotecnológicas conquisten el mercado chino, en detrimento del desarrollo de la industria local?

R. No me preocupa en lo más mínimo. Creo que tenemos que tener confianza. Nuestra cultura no es tan frágil. Podemos aprender de los demás, aprender por qué tienen éxito. Es como las cadenas de comida rápida estadounidense, instaladas en China. Ahora los restaurantes chinos aprenden de su limpieza, de su rapidez de servicio, de su calidad... Hay que afrontar la competencia global.

P. ¿En qué proyectos están trabajando más ahora?

R. Estamos muy metidos con colegas de Estados Unidos en el proyecto del genoma internacional del cáncer.

P. Cuando dice que la biotecnología es la solución, ¿se refiere a cosas como el arroz dorado?

R. Seamos claros. Lo del arroz dorado ha sido horrible. Tienen que resolver al menos 70 problemas legales con las patentes, tienen que negociar con cada una de las compañías que tienen la patente. Eso es tremendo, es una lección que tenemos que aprender. Es el lado malo de los derechos de propiedad intelectual. El arroz dorado es muy bueno para mucha gente, pero se tardaría más de medio siglo sólo en tratar de resolver todos los problemas de propiedad intelectual. Es prácticamente imposible. Es más fácil, y más barato, comenzar de nuevo a desarrollarlo.

P. Pero las compañías implicadas cedieron sus derechos, ¿no?

R. Sí, pero los problemas legales no se han resuelto aún. Y no hay esperanza. Ahora nos damos cuenta de que las leyes son estupendas contra los criminales, pero malísimas si queremos hacer algo bueno, porque limitan nuestros esfuerzos.

P. ¿Cómo se puede evitar algo así?

R. Usando patentes protectoras. Son patentes que permiten a todo el mundo usar algo gratis, pero es algo que está patentado y que por tanto nadie más puede patentar de nuevo. Nosotros las hemos usado muchas veces.

P. La biotecnología es el futuro. ¿Sólo en la agricultura?

R. En todos los demás sectores. En la energía, por ejemplo. Aún usamos el mismo tipo de energía que nuestros antepasados creían que le habían robado a la divinidad, el fuego -a base de quemar carbón y gas-. Pero tenemos que usar renovables. Y sólo los materiales biológicos son reciclables.

P. Ha mencionado en su ponencia el papel de la medicina tradicional china. ¿Cómo engarza con la ciencia moderna?

R. La medicina china ha sido prohibida ya dos veces en la historia por el Gobierno de China, porque no es científica. Ahora hay gente muy joven que también quiere prohibirla.

P. Pero, ¿funciona?

R. Por supuesto que funciona, en muchos aspectos. Aunque por ejemplo no reconoce la existencia de ningún patógeno. O afirma que los niños vienen de una mezcla del ying y el yang, o sea que está totalmente equivocada si se la juzga con los criterios científicos actuales. Pero en otros aspectos, relacionados más con la psicología, es muy útil.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 19 de diciembre de 2006.

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