Reportaje:

Vacaciones inolvidables

Dos pasajeros de Air Madrid pasan tres días en Londres sin su equipaje

Pasear por Leicester Square pasando frío. Recorrer la Tate Modern con la misma camisa con la que se llegó al aeropuerto de Gatwick dos días antes. Esto, o algo parecido, es lo que les ha ocurrido esta semana a dos madrileños. Su error: elegir Air Madrid para volar a Londres.

Roberto Aguarón, administrativo de 31 años que vive en Getafe, ya conocía la capital inglesa y quería enseñársela a su prima Sonia, de 29 años, también administrativa y también residente en Getafe. A ella no le han quedado ganas de repetir la experiencia.

Cuenta que el viaje ha sido un horror de principio a fin. Puertas de embarque que cambian sin que los pasajeros reciban ninguna notificación, retrasos de una hora... Hasta ahí, más o menos lo normal. Cuando el martes llegan a Londres se enteran de que su equipaje -y el de los 70 pasajeros que compartían avión con ellos- se ha quedado en Madrid. El asunto continúa sin ser excepcional. Pero es que cuando Roberto y Sonia, dos días después y unos 500 euros gastados en ropa más tarde, regresaron a Barajas, las maletas estaban en el aeropuerto londinense.

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Una portavoz de Air Madrid asegura que los equipajes llegaron a Londres 24 horas más tarde de cuando debían estar. Pero los dos primos pasaron no uno sino tres días con lo que llevaban puesto en el avión y con la ropa interior y prendas de abrigo -gorros, bufandas...- que compraron "escatimando al máximo" para pasar el mal trago.

Roberto cuenta que los operarios de Gatwick les dijeron que las maletas llegarían el jueves. Como ése era su día de vuelta, pidieron por escrito que sus cosas se quedaran en Madrid. Esto era demasiado complicado. Las maletas de todo el pasaje volaron hacia Londres, en dirección opuesta al trayecto que hacían los dos getafenses. Por si esto fuera poco, el resto de la estancia tampoco fue para tirar cohetes. La primera noche, Sonia se despertó con una araña -"del tamaño de mi puño", dice- en el cabecero de la cama. La habitación donde dormían estaba en un sótano colindante con un restaurante indio del que emanaban olores a especias todas las noches. La mampara del baño -"en el que sólo se podía entrar si metías tripa", según Roberto- estaba rota. Los dos primos preferían no apoyarse por si se cortaban.

Al final, los dos se han arrepentido de contratar una ganga a través de un portal de viajes: 230 euros por el vuelo y el hotel. El mal paso acabó en la mañana de ayer, cuando recibieron el equipaje en su piso. "Si quieren sus maletas, bajen a por ellas", les dijo por el telefonillo el hombre que se las llevó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 10 de noviembre de 2006.

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