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CARTAS AL DIRECTOR

Respuesta a Suso de Toro

Terrassa, Barcelona

Regatear la ejemplaridad moral a Ridruejo frente a Günter Grass invierte los términos de una manera bien extraña: el sentimiento de culpa profunda de Grass parece justificar ahora su largo silencio, mientras que la valentía para condenar y explicar abiertamente su pasado fascista rebaja a Ridruejo de personaje trágico a mero deportista de la autocrítica (dado el tono que le atribuye Suso de Toro). Por lo demás, me dejará seguir pensando que el sentimiento de culpa es una afección de matriz religiosa e irracional, y que lo que moralmente puedo exigir de los demás no es que sientan todo lo profundamente que quieran la culpa, sino que sean responsables, veraces y consecuentes con sus actos y decisiones.

Ésa es la integridad que demostró con hechos y palabras Ridruejo, pese a que Suso de Toro, que debe de ser un juez moral mucho más exigente que yo, crea que no fue "una autocrítica verdadera". La entrega al martirio no hace más veraz ni más honrado a nadie; lo hace sólo penitente.

Ridruejo explicó de muchas maneras y muchas veces cómo se hizo fascista y cómo asumió el error de serlo, y pedir disculpas por haberlo sido es lo que hizo durante sus últimos 20 años, mientras entraba y salía de comisaría y andaba de un lado para otro haciendo un partido con dos o tres docenas de socialdemócratas mal contados. Y como es un asunto que me pirra, no voy a discutir ahora si este país ignora la culpa, como dice Suso de Toro. Yo lo veo al revés: lleva toda su historia aprendiendo de la Iglesia católica a manosearla de tal manera que ha perfeccionado increíblemente el sistema para neutralizarla en privado, confidencialmente... Justo lo contrario de lo que hizo Ridruejo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de octubre de 2006