Pyongyang coloca a China en una posición incómoda
Cuando China decidió acoger las negociaciones multilaterales destinadas a poner fin a la crisis nuclear norcoreana, jugó una baza diplomática que podía reportarle buenos frutos en su esfuerzo por ocupar una posición cada vez más destacada y responsable en la escena internacional.
Desde 2003, representantes de las dos Coreas, EE UU, Rusia y Japón han acudido en varias ocasiones a Pekín para intentar avanzar en la resolución del conflicto. Pero hasta ahora las conversaciones a seis bandas no han tenido éxito, y desde el pasado noviembre están paralizadas. Pyongyang se niega a acudir, debido a las sanciones financieras que le ha impuesto EE UU por su supuesta implicación en el blanqueo de dinero y la falsificación de dólares.
El Gobierno del presidente Hu Jintao ha tenido que hacer frente a las continuas presiones de Washington para que convenza a su vecino de que regrese a la mesa negociadora y abandone su programa atómico; y la prueba ha venido a empeorar las cosas, ya que da nuevos argumentos a Washington a favor de las sanciones económicas.
"El ensayo atómico coloca a China en una posición muy incómoda", asegura una fuente diplomática europea. "Por un lado, porque le hace perder la cara, ya que siempre ha defendido una salida negociada. Y, por otro, porque puede llevar a Japón a dotarse también de armamento nuclear. Y no hay nada que deseen menos los chinos que esto".
La prioridad de Pekín
Pekín tendrá que decidir si continúa la vía de la diplomacia, o si apoya una línea más dura, como la que han esgrimido EE UU y Japón. Pero lo que de ningún modo desea es un enfrentamiento militar en la zona o sanciones que puedan provocar el hundimiento del régimen norcoreano. La estabilidad para proseguir el desarrollo económico es la prioridad número uno del Ejecutivo de Hu Jintao, y no quiere ver a millones de refugiados cruzando la frontera, ni tampoco perder el efecto tampón que supone Corea del Norte frente a los soldados estadounidenses instalados en el Sur.
De momento, Pekín pidió ayer a la comunidad internacional que reaccione de forma pacífica, al tiempo que instó a Pyongyang a que regrese a las negociaciones y "detenga toda acción que pueda conducir a un deterioro de la situación". Algunos observadores consideran que la división entre quienes han defendido la vía negociadora, como ha sido hasta ahora también el caso de Corea del Sur, y quienes esgrimen la amenaza de las sanciones es la que ha impedido hablar con una única voz y dar una respuesta internacional conjunta.
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