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Reportaje:63ª MOSTRA DE VENECIA

Una maravillosa sorpresa

El italiano Emanuele Crialese triunfa con 'Nuevo Mundo', un ejemplo de emoción

Hay películas tocadas por un indefinible halo de magia. Nuevo Mundo, la última película proyectada en la Mostra de Venecia, se cuenta entre ellas. Y podría acabar siendo la gran sorpresa de este año. El argumento de Nuevo Mundo no tiene nada de especial: trata del viaje a Nueva York de una familia de emigrantes sicilianos, a principios del siglo XX. Pero eso es como decir que Guerra y paz trata de Rusia. Hay mucho más que emigración en esta película. Hay alma, por ejemplo. La proyección para la prensa se cerró con una ovación interminable, la más larga de la Mostra.

¿Recuerdan la ilusión ingenua que brilla en los ojos de los personajes de Amarcord? Un destello de ese tipo brota ocasionalmente de algunas escenas de Nuevo Mundo. El filme de Emanuele Crialese, un cineasta de 40 años, romano con raíces sicilianas, formado profesionalmente en Nueva York, consigue una de las mayores proezas posibles cuando se intenta comprimir la vida en una cinta de celuloide de dos dedos de ancho: transforma lo ridículo en mágico. La mayor parte de las películas que se ven en los festivales hacen más o menos lo contrario.

Mushishi, de Katsuhiro, es un filme odioso porque promete mucho y da muy poco

Los elementos oníricos suelen estallar en las manos de quien se atreve a embutirlos en un relato cinematográfico. Cuesta mucho introducir en una película zanahorias gigantes, ríos de leche y mujeres que paren culebras, sin que al público se le escape la risa o se ponga a pensar en que no ha vaciado la lavadora. Crialese consigue el milagro. Cabe atribuir parte del mérito a los protagonistas, Vincenzo Amato (escultor afincado en Nueva York y actor "fetiche" de Crialese) y Charlotte Gainsburg, y a los estupendos secundarios: la abuela medio bruja, el chaval sordomudo (que habla con gran propiedad cuando, por imperativo de las leyes que rigen los sueños, tiene que pronunciar una frase decisiva), el adolescente boquiabierto ante tanta novedad...

Los emigrantes sicilianos de los que habla la película viajaron de la antigüedad mítica a la modernidad en las bodegas de un trasatlántico. De un mundo de fantasmas, pedruscos, cabras y pobreza pasaron, en cuestión de días, a la gran urbe contemporánea. Fue, para cientos de miles de personas, un indescriptible salto en el vacío. Crialese resume el vértigo y el asombro de aquellos héroes con una sola escena en la que sus protagonistas emergen a la superficie del soñado río de leche americano. La luz se apaga antes de que consigan salir de Ellis Island (reconstruido para el rodaje en un antiguo centro de inmigrantes de Buenos Aires), y el espectador sabe que la familia Mancuso, dividida a la fuerza por la policía de emigración (la abuela es repatriada), no encontrará en Nueva York ningún río de leche, ni cultivará zanahorias de dos toneladas. Basta, sin embargo, ver la ilusión de esos ojos para tener la seguridad de que ese grupo de patanes analfabetos ayudará a construir un gran país. Un país que fue, hasta hace poco, el faro del mundo.

El penúltimo filme presentado a concurso fue Mushishi (El señor de los insectos), del japonés Otomo Katsuhiro. Un filme odioso, porque promete mucho y da muy poco. No se puede tener entre manos una idea tan sugestiva (los insectos se metamorfosean en enfermedades, roban los sonidos, transforman la luz), unos paisajes tan sobrecogedores, una fotografía tan refinada, y convertir estos materiales en una película tópica y banal. Katsuhiro procede del mundo de la animación y la fantasía científica. Lo cual no es excusa, incluso si aspira a captar con Mushishi un público muy joven o infantil. La inteligencia no debería estar vedada a ninguna edad.

'La reina', la preferida

La quiniela de Venecia parecía casi cantada. Mejor película: La reina (Stephen Frears). Mejor actor: Sergio Castellito (La estrella que falta). Mejor actriz: Hellen Mirren (La reina). Las únicas dudas rodeaban al premio a la dirección, que podía recaer en el propio Frears, en Gianni Amelio (La estrella que falta) o incluso, porque la vida es así y hay que tomarla como viene, en Brian de Palma: su Dalia negra no gustó, pero quizá convenía agradecerle la presencia en la Mostra.

La aparición a última hora de Nuevo Mundo, de Emanuele Crialese, podría cambiar algunas de las previsiones, porque tanto la película como el director son dignos de llevarse un premio. Y son italianos, un factor a tener en cuenta. El cine italiano, aquejado de una larga crisis, lleva años de ayuno en Venecia. Lo único realmente indecente sería que Hellen Mirren, que roza la perfección en su interpretación de Isabel II, se quedara sin Copa Volpi a la mejor actriz femenina.

Todo lo demás es opinable. Vincenzo Amato, el protagonista de Nuevo Mundo, podría desbancar a Castellito. Alfonso Cuarón, el director de Los hijos de los hombres, podría arañar un León. Igual que Emilio Estévez, que tuvo el valor de llevar a la Mostra Bobby, una película inacabada pero estimulante.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de septiembre de 2006

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