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Pan.Optikum recrea en la Fira de Tàrrega el mito de Orfeo en versión de teatro de calle para adultos

Tras la inauguración institucional de la 26ª edición de La Fira de Teatre al Carrer de Tàrrega, en la que el consejero de Cultura de la Generalitat, Ferran Mascarell, tuvo palabras de agradecimiento -"dos generaciones de espectadores hemos aprendido mucho de teatro en Tàrrega"- y de compromiso -"los recursos se han incrementado y seguiremos apoyando la proyección internacional de La Fira"-, llegó, la noche del jueves, la inauguración oficial y artística, la que los ciudadanos de Tàrrega y los muchos visitantes de La Fira esperan agrupados en la explanada de la avenida de Tarradellas. De los 4.000 asistentes, según cifras oficiales, muchos se sintieron defraudados, sobre todo aquellos que iban con niños con la idea de ver algo vistoso y sorprendente para todos los públicos. El montaje de los alemanes Pan.Optikum es más vistoso que sorprendente, pues el público local cuenta con la referencia de un grupo de casa como es La Fura dels Baus. Su trabazón mitológica, su poesía y su concepción, alejada de la recurrente pirotecnia, lo hacen, sin embargo, apto sólo para adultos que puedan dejarse llevar y no tengan que estar pendientes de los críos.

Orpheus es una superproducción multidisciplinar de teatro de calle que recrea el mito de Orfeo desde los lenguajes escénicos más contemporáneos. Bajo una estudiadísima estructura metálica que delimita el espacio de acción y que permite proyecciones cenitales y sujeciones varias de las que los artistas penden, y apoyados además por otras estructuras rodantes sobre las que se desplazan entre el público, girando sobre sí mismos o alzándose por encima del público, los integrantes de Pan.Optikum parecen desafiar constantemente a la gravedad. Las fuerzas y los elementos, como la lluvia con la que Orpheus llega a su final, están al servicio de un mito actual, un Orfeo de 1,70 m de altura, ojos claros, complexión estándar y músico callejero de profesión, pues es con su música, una ópera polifónica, con la que ablanda el corazón de los soberanos del Hades para poder recuperar a la que aquí es una carnal y musculosa Eurídice, una inauguración de altura poética y de enorme plasticidad.

En una programación tan abundante y variada como es ésta (participan 80 compañías procedentes de 11 países), toca escoger y no siempre se acierta. Los vascos Ados Teatroa, que en 2003 presentaron Las mujeres de verdad tienen curvas, un montaje tierno y divertido que tuvo una gran acogida, han vuelto este año con otra comedia, un musical escrito y dirigido por Garbi Losada. Pero El vendedor de tiempo, basado en la novela de Fernando Trías de Bes, es una propuesta fallida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de septiembre de 2006