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Ana Torroja evocó su pasado más juvenil en el Sant Jordi

¿Pero las entradas están numeradas o no?, preguntaba una mamá mientras contemplada asombrada que todo el público entraba sólo por dos puertas. La enormidad del Sant Jordi, con sus largas e indistintas colas de acceso, descubrían que la señora apenas tenía experiencia en tal recinto, lo que evidenciaba con el nervioso uso de su teléfono, que en aquel momento necesitaba más que su propia y adolescente hija. La hija no estaba allí, Mecano no le debía ni sonar a juguete metálico de construcción, pero la señora compartía con sus amigas los nervios asociados a un local desconocido que iba a albergar unas canciones con las que quizás bailó por vez primera con el progenitor de su ahora adolescente hija. Porque Ana Torroja iba a cantar a Mecano en el Sant Jordi.

Lo había hecho por vez primera en Cataluña apenas hacía un mes, en un festival veraniego de la Costa Dorada donde la cantante de Mujer contra mujer estuvo más bien pálida ante un público tibio frente al que no pudo mostrar todo su montaje escénico. No ocurrió lo mismo en el Sant Jordi, donde gracias a las dimensiones del local y a la posibilidad de colgar mucha producción del techo, el espectáculo de Ana Torroja funcionó a pleno rendimiento. Aun con todo, la entrega, participación y ganas del público, unas 12.000 personas, parecieron ser los responsables de que en esta nueva cita catalana Ana Torroja se mostrase más resuelta y el concierto funcionase con mayor soltura. Tanta que en un momento de la actuación, un desajuste técnico impidió la continuación de la misma y para hacer tiempo, Ana se atrevió a cantar a capella un fragmento de El mapa de tu corazón. Pese a no ser un prodigio de soltura, carisma y determinación, Ana encontró una solución improvisada a un problema inopinado.

Repertorio largo

El concierto en sí puso a sus seguidores en pie desde la preciosa Cruz de navajas, cuarta canción del repertorio, y sólo lo enfrió un bloque de canciones perfectamente prescindible formado por la presentación de la banda, realizada bajo los acordes de Boda en Londres, 7 de septiembre, No es serio este cementerio y Busco algo barato. De esta manera se hubiese aligerado un repertorio demasiado largo que alcanzó su cénit con la tripleta Una rosa es una rosa, Me colé en una fiesta -¡cuántos recuerdos juveniles pasaron por la memoria del público con edad para tenerla!- y Un año más. Pero claro, ya se sabe que ante un cancionero tan popular hace falta mucha mesura para no emborracharse. Ana se emborrachó, pero su público no se lo recriminó.

Aun con todo, queda el pequeño gran sinsabor de recuperar a Mecano de manera parcial, impidiéndose un reencuentro pleno con la memoria. Arropada por Nacho y Jose María, Ana era más resuelta en escena, las canciones no tenían arreglos tan cuestionables como los de Maquillaje o Mujer contra mujer. Pero en fin, sobrevivir en el mundo del espectáculo parece obligar a Ana a maniobras como ésta. ¿Cuál será la próxima?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de septiembre de 2006