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COLUMNA

Carta al amigo Pepe Rubianes

Esperaba verte pronto, en el Zorrilla de Badalona, para disfrutar de tu Rubianes solamente. Pensé: "Le preguntarás a Pepe cómo va todo el lío descomunal de sus declaraciones". Pero me temo que no tengo que esperar al próximo sábado porque las noticias corren con patas largas y traen malos augurios. Han conseguido callarte en el teatro Español de Madrid; es decir, han conseguido callar a García Lorca, a Agustín Penón, a Ian Gibson, a Eduardo Molina Fajardo y a José Luis Vila Sanjuán, todo un mérito de la sanjurjada. Y, por el camino, te han puesto la diana, malo, malísimo, antipatriota español merecedor de exilio y excomunión. Durante días, los micrófonos de la España-una han rugido contra tu manía de reírte del mundo, escandalizados por tu radical libertad. Nada nuevo bajo el sol de una España -esa, que no es toda-, que ya definió Machado con dolorosa precisión, y que Ana Belén cantó con delicada voz. ¿Tienes el corazón helado, o ya has superado al poeta, y sólo te hiela el aire acondicionado? Porque, querido amigo, dudo mucho que te sorprendas de nada a estas alturas. Pero, mira, jode, la verdad es que jode mucho que un espectáculo de homenaje a García Lorca, dirigido por tu mirada incisiva, apague las luces del teatro y sucumba ante las sombras de la reacción. Cuando ocurren cosas como éstas, cuando la voz de un creador es violentada hasta el silencio, cuando el miedo se instala en las instalaciones de un teatro, y el ruido feroz gana a la palabra, una siente una profunda derrota. Una honda tristeza. ¿Cómo vencer a los bárbaros cuando cabalgan impunes? Sólo los valientes saben que se les vence con la retirada, pero los cobardes como yo no nos moveríamos de la silla. Que vengan, que rujan, que griten, que pateen y pataleen, que muestren su ferocidad al mundo. Que... Puede que tengas razón. Puede que sea mejor dejarles el camino llano para que crean que han vencido, sabiendo como sabemos que, por mucho que venzan, nunca convencen. Lo dijo Unamuno en los tiempos de la negritud, y a veces, esos tiempos tienen un ratito de éxito en nuestros tiempos. ¡Maldita intransigencia!

"No eres el primero al que silencian y violentan y no serás el último. La libertad, ya lo sabemos, no es un don, no es una fe, no es un dogma, es una puñetera y maldita conquista diaria"

Querido Pepe. Podríamos hablar de lo que soltaste en la TV-3 de Albert Om. Y nos reiríamos un rato, que los dos sabemos, y lo saben todos los que quieren saberlo, que eres un cachondo escatológico y salvaje, y que nada se libra de tu verbo ácido. Ni las Españas, ni las Cataluñas. Ni las derechas ordenadas, ni las izquierdas sublimes, servidor del único amo que reconoces, el humor crítico. Lo sabré yo, que tampoco me he librado de ti... Además, también sabemos que te cagaste en la España-una, esa que había machacado tu cerebro, tu sociedad y tu gente durante 40 años de paz. Fue un grito de cabreo histórico, no un desprecio a la España democrática que hoy te ampara. ¿Te ampara? Te ampara a ratos, por lo que parece. Pero, sí, te ampara. Pasas de patriotismos y sus variedades heroicas. Estás muy por encima de nacionalizarte nacional, porque eres un bufón, y los bufones vuelan libres. Pero, ¿cómo quieres que esto lo entiendan los que aún van por la vida queriendo ganar la batalla de Lepanto? Los hay que viven España como una fe religiosa, y tú llevas la pesada carga de los herejes. Demasiada nostalgia de Inquisición. Recuerda que a los afrancesados los demonizaron hasta convertirlos en parias sociales, y que, en algún momento de la historia, todos los grandes ilustrados han sido Jovellanos. Has topado con la Iglesia del Mío Cid, y eres tan enclenque como lo era el héroe de Cervantes. ¡Cómo no vas a estar por los suelos!

No sé, estimado colega. No hay mucho por decir. Leí en alguno de los libros de Albert Camus, a quien devoré en las épocas en que devorábamos a Camus, que "a pesar de las ilusiones racionalistas, e incluso marxistas, toda la historia del mundo es la historia de la libertad". Y de eso se trata. De la libertad de cagarse en los dogmas de fe, en aras del humor, el librepensamiento y el libre albedrío. De la libertad de expresarse sin miedo, más allá de los miedos que genera la violencia. De la libertad de ejercer la heterodoxia ante los ejércitos de la ortodoxia sectaria. De la libertad de poder gozar de un espectáculo lorquiano, a pesar del ruido, el estruendo y el rugido externo. Se trata de la libertad, estúpido mío, querido mío, amigo mío. Yo, por si no te di aún el permiso -que puñetera falta te hace-, me pongo primera en la fila para que te cagues en mí. Cágate en lo que quieras, en Cataluña, en mi santa persona, en mi gata Guapa, en el vecino de la esquina, y hasta en ti, que eres un cagón ilustrado. Cágate en la España que impone y en la que esculpió a fuego, la historia de la intransigencia. Cágate en los micrófonos de la reacción y en todos aquellos papeles sin lustre que comandan los ejércitos de la censura. Cágate en la censura, esa que toda la vida te rozó y hasta te silenció. Cágate en los censores, en los patriotas que rebuznan imposición, en los periodistas que olvidaron su código deontológico. Cágate en el miedo a la libertad. Hazlo, porque si dejas de cagarte en todo lo cagable, el mundo será menos habitable, menos bello, menos libre. Esta sociedad miserable y mediocre no puede vivir sin las luces que iluminan las muchas sombras, sin los bufones de la razón, sin los herejes. Todo esto no te lo diré en mi ciudad, el sábado que viene, cuando goce de tu espectáculo. ¿Sabes?, me daría apuro. Puede que no sepas que detrás de esta pluma descarnada y rebelde, hay alguien bastante tímido. ¿Tímida la Rahola? Tímida para el cariño, ya conoces, para decirle a la gente que se la quiere. Pero hoy, en la distancia del papel escrito, a días de verte, quería que supieras que somos muchos los herejes que estamos tristes y cabreados, que algunos te queremos, mi querido amigo. No eres el primero al que violentan y silencian. No serás el último. Pero, con cada silencio arrancado, vuelan palabras de razón. La libertad es eso, ya lo sabemos, no es un don, no es una fe, no es un dogma, es una puñetera y maldita conquista diaria.

www.pilarrahola.com

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de septiembre de 2006