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Jordi Hereu, alcalde de Barcelona

A las dos de la tarde de ayer, Jordi Hereu recibió el bastón de mando del Ayuntamiento de Barcelona de manos de Joan Clos, que poco antes había presentado su renuncia. Hereu alzó la vara en dirección al repleto Saló de Cent y lanzó un beso al aire. En el Saló de Cent se vivió una escena parecida hace casi nueve años -el 26 de septiembre de 1997-, cuando Clos recibió la vara de mando de manos del entonces alcalde y ahora presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, que decidió poner fin a sus 15 años de mandato municipal para abrir una reflexión previa a la lucha por el Gobierno catalán. Clos ha dejado la alcaldía después de nueve años para asumir la cartera de Industria.

Si en aquella ceremonia de hace casi nueve años fue Clos quien habló de forma más pormenorizada de las cosas de la ciudad, de sus proyectos y de sus anhelos, en el relevo de ayer ese papel lo asumió con claridad su sucesor, Jordi Hereu: "La Barcelona de hoy es muy diferente de la de hace 10 años, una transformación que ha sido liderada por Joan Clos". Un proyecto de transformación que, dijo, arrancó con Narcís Serra y continuó con Maragall.

CiU critica el relevo porque considera que es en "interés" del PSC, y el PP descalifica al tripartito por estar "agotado"

Joan Clos reconoce haber cometido errores, pero subraya que el modelo de ciudad ha sido revalidado en seis elecciones

Hereu promete estar atento a los problemas de convivencia y "bajar siempre a pie de calle, al lado de las personas"

Hereu defendió la Barcelona de progreso y con proyección internacional que de forma simultánea cuida a su gente: "Lo que tenemos que saber hacer es ser un ejemplo de cohesión social, de convivencia y de calidad de vida, sin dejar de crecer económicamente y sin de dejar de ser cosmopolitas". Insistió en que la gobernabilidad de las ciudades se debe construir combinando dos miradas: "La mirada sobre la ciudad global y la mirada sobre la ciudad que viven los vecinos y vecinas". Conseguir un aeropuerto mejor, duplicar la oferta del transporte público, generar más puestos de trabajo de la nueva economía, más colaboración con las otras administraciones y el deseado -pero siempre frustrado- gobierno metropolitano, desgranó. Pormenorizó más, sin embargo, las cuestiones estrictas de ciudad y de convivencia.

Mejorar el espacio público, la limpieza y el mantenimiento y dar prioridad al acceso a la vivienda. Se dirigió a todos los colectivos de la ciudad y puso especial énfasis en los inmigrantes: "Queremos añadir a sus deberes de ciudadanía, el ejercicio pleno de sus derechos. La experiencia histórica de nuestra ciudad nos dice que en 10 años formarán parte inseparable de la ciudad". Más que alcalde de la ciudad de Barcelona, dijo que quería ser alcalde de la "gente" de Barcelona. Y prometió, al final de su discurso, "bajar siempre a pie de calle, al lado de las personas y sus problemas".

Fue un discurso completamente institucional. No replicó a los grupos de la oposición que momentos antes, en sus intervenciones, habían descalificado la labor de gobierno realizada por Clos, que también imputaban, en parte, a Hereu, ya que ha sido concejal desde 1999. Ese papel, el de la voz replicante, lo asumió Carles Martí, el edil que se ha convertido en el hombre de confianza de Hereu y cantado quinto teniente de alcalde del consistorio.

Tres candidatos

Hereu contó con los 25 votos del tripartito. No fue el único candidato. Alberto Fernández Díaz obtuvo el respaldo de los siete concejales de su formación y Xavier Trias (CiU) el de los nueve ediles nacionalistas. Fernández Díaz postuló por una Barcelona de orden y firmeza. Trias fue muy crítico con la elección de Hereu porque considera que la marcha de Clos supone un "menosprecio" a la ciudadanía y anteponer los intereses del PSC.

Si Hereu bajó más a lo concreto y se refirió a lo cotidiano de la vida de la ciudad, Clos en su renuncia realizó una intervención más genérica y, por primera vez, leída. Reconoció que había cometido errores y pidió disculpas a las personas que haya podido ofender: "No siempre se puede contentar a todos. En cualquier caso, siempre he trabajado con la convicción de un modelo de ciudad y en el interés general". Se mostró convencido de que el modelo de ciudad y convivencia desarrollado desde 1979 -siempre en manos del tripartito- está funcionando: "Prueba de ello es que ha sido revalidado seis veces en las urnas". En esos años, dijo, Barcelona ha dado un giro de 180 grados recuperando el peso que tuvo en la historia y convirtiéndose en una ciudad de "prosperidad, equidad y generadora de oportunidades". Para sus socios tuvo palabras de agradecimiento: "De que la coalición ha funcionado muy bien tenemos una prueba muy clara, que es Barcelona". Para Clos fue un pleno lleno de agradecimientos y de recuerdos. De los Juegos de Barcelona, "cuya factura acabamos de pagar este año", y del Fórum, "que se pagó a tocateja".

Pese a que tanto el PP como CiU se mostraron críticos con el trabajo realizado por Clos -especialmente Fernández Díaz-, todos los concejales y los presentes en el Saló de Cent acabaron aplaudiendo al ex alcalde y a un Hereu exultante con el bastón de mando, que le fue arrebatado rápidamente por su hijo.

Intereses comunes y propios

Jordi Portabella, presidente del grupo municipal de ERC, e Imma Mayol, presidenta de ICV-EUiA, ambos socios en el gobierno municipal, dejaron claro ayer en sus intervenciones que hay una parte de interés común -ahora con Hereu y antes con Clos-pero que empieza a predominar el propio. Hicieron suya la candidatura de Hereu, pero en sus intervenciones -en principio, explicativas de su voto- pasaron a desmarcarse del PSC y a dejar claro su acento. Faltan sólo nueve meses para las elecciones municipales y se nota. Mayol, por ejemplo, dijo que su coalición no apoyará más la política de "grandes acontecimientos" de ciudad. Es partidaria de poner el acento en equipamientos, en promover políticas de sostenibles y en mejorar los servicios sociales.

Y Portabella, por su parte, puso el acento en que la ciudad no puede ni debe renunciar a la identidad catalana. Dijo que si no se interviene con "más catalanidad" en las políticas de ciudad se deteriorará la convivencia. Y también se mostró partidario de que la ciudad gire hacia la economía "moral" y no a la del máximo beneficio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de septiembre de 2006

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