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Las verdades del barquero

En un reciente artículo de Miquel Caminal publicado en este mismo diario el pasado miércoles, se apuntaba que sólo desde la convicción del PSC de perder las elecciones se podía avalar a José Montilla como candidato a la presidencia de la Generalitat. El artículo combinaba una loa a la actuación del presidente Pasqual Maragall con el convencimiento de que un pacto entre el nacionalismo catalán y el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a espaldas del PSC podría ser la mejor opción para el PSOE, y por ello los socialistas catalanes vamos a presentar un candidato para perder. Tesis peregrina donde las haya, pues aun reconociendo que algunos partidos se han visto aquejados por tendencias suicidas (basta con recordar al PSUC de los años ochenta), no creo que el PSC esté aquejado de ese mal.

La candidatura de José Montilla responde a un nuevo ciclo de la política catalana

Sin embargo, no puedo sino estar de acuerdo con Caminal cuando alaba al presidente Maragall como político independiente, federalista, con ideas propias y muy valiente. Sin duda, Maragall ha tenido las agallas suficientes para afrontar una reforma del Estatuto de Cataluña desde un Gobierno de coalición y con la necesidad de contar con los votos del principal partido de la oposición. En el empeño por conseguir la aprobación del nuevo Estatuto, a Maragall no le detuvo ni siquiera el riesgo de acortar su mandato, pues antepuso la mejora del autogobierno de Cataluña, la obtención de una mejor financiación y el reconocimiento de la singularidad nacional catalana a cualquier otra consideración. Por cierto, el nacionalismo oficial no afrontó dicha reforma ni cuando gozó de mayorías amplísimas en el Parlament de Catalunya.

Nadie puede negar la valentía y el compromiso de Maragall con Cataluña, aunque se lo hayan discutido los que hoy se lo discuten también a Montilla. Tampoco puede ponerse en duda su compromiso por una Cataluña mejor, pues aunque el Estatuto haya ocultado en parte la gestión de su Gobierno, los hechos son elocuentes, y hoy Cataluña tiene 4.200 profesores más, 350 nuevos médicos, 2.400 Mossos d'Esquadra más, 104 nuevas escuelas, 298.000 puestos de trabajo más, 30 barrios en proceso de rehabilitación integral, 500 kilómetros nuevos de carreteras y 13 bibliotecas más. Sin olvidar otras muchas realizaciones o el retorno de los papeles de la dignidad, el reconocimiento institucional del catalán en Europa y la presencia de las comunidades autónomas en las instituciones europeas.

Como ya he avanzado, discrepo radicalmente de la interpretación que hace el autor de la decisión del PSC de presentar como candidato a Montilla como sinónimo de haber asumido de antemano una derrota electoral.

Como dijo el presidente Maragall, cambiar de candidato era arriesgado, pero más lo sería no hacerlo. En Cataluña se abre un nuevo ciclo político tras la aprobación del nuevo Estatuto. Esta nueva etapa debe estar presidida por el rigor, la seriedad y el trabajo duro, y debe ser liderada por una nueva generación que haya acreditado la suficiente experiencia de gestión y el compromiso por una Cataluña dinámica y más cohesionada socialmente, capaz de aprovechar el magnífico potencial contenido en el nuevo Estatuto.

Como primer partido de Cataluña, el PSC concurre a las elecciones para ganarlas, y lo demuestra tras la renuncia de Maragall a optar de nuevo al cargo, al presentar como candidato no sólo al mejor de entre los nuestros (por algo le elegimos hace años primer secretario), sino al mejor de los cinco que se disputarán la presidencia en octubre. Sólo la candidatura de Montilla responde a nuestra convicción de que se abre un nuevo ciclo y es el único candidato que aporta algo nuevo a una política catalana que se ha mostrado a menudo alejada de los problemas concretos de los ciudadanos. Sólo Montilla puede presentarse ante los ciudadanos con una excelente gestión pública como aval: ha sido alcalde muchos años, y elección tras elección los habitantes de Cornellà fueron aumentando su confianza en él, reconociéndole su liderazgo en hacer de esa ciudad un modelo de empuje económico y de mejora de la calidad de vida de sus habitantes. Una buena gestión local a la que ahora añade la realizada al frente del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, desde la que ha servido no sólo al proyecto socialista en toda España encabezado por Zapatero, sino también a los intereses de Cataluña: baste recordar la decisión de trasladar a Barcelona la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones, su eficaz mediación para garantizar la continuidad del compromiso del Grupo Volkswagen en Cataluña, el haber sido el primero en utilizar la lengua catalana en el Consejo de Ministros de la Unión Europea y el haber contribuido a la consecución del dominio de Internet puntoCAT.

Por tanto, que el PSC presente a Montilla sólo tiene una explicación: presenta al mejor de los candidatos en liza, el que tiene acreditadas la mejor experiencia y capacidad de gestión, una persona de eficacia probada. Puede que las verdades del barquero inquieten a sus rivales, sobre todo a Artur Mas, que no soporta la idea de estar cuatro años más en la oposición, pero los argumentos a favor de su candidatura son tan contundentes que debieran bastar para convencer a todo el mundo de que, como es natural, los socialistas nos presentamos para ganar, de que en Cataluña sólo hay dos grandes alternativas de gobierno: una vertebrada alrededor de CiU y la otra vertebrada en torno al PSC, y de que la mejor manera de garantizar un Gobierno de izquierdas es hacer presidente a José Montilla. Lo demás es fantasía, y un regalo a los oídos de CiU.

Miquel Iceta Llorens es viceprimer secretario y portavoz del PSC.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 06 de julio de 2006.