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Entrevista:ILDEFONSO FALCONES | Autor de 'La catedral del mar' | 65ª Feria del Libro de Madrid

"El que no acepte que le ayuden a corregir su obra es tonto"

Las localidades del sur madrileño: Leganés, Móstoles, Getafe, Alcorcón, Fuenlabrada y Parla, celebraron ayer en la feria el Día del Sur de Madrid, y ello sirvió para dar voz a los que proponen la no exclusión, el mestizaje, la construcción de ciudades "abiertas, cosmopolitas y mestizas", la utopía de un mundo sin guetos en medio de la globalización. También ha pasado por el Retiro Ildefonso Falcones, el autor del best seller La catedral del mar, y ha defendido la autoría de su novela. Además, libros de Joan Didion y Esther Tusquets abren dos colecciones dedicadas a la mujer: Prefiero ser mujer, de Tusquets, en Nos-otras (RqueR), y El año del pensamiento mágico, de Didion, en Palabra de Mujer (Global Rythm Press).

Se ha dicho ya tanto que su novela tan vendida La catedral del mar fue tocada al menos por cinco manos que ayer Ildefonso Falcones explicó, airado pero con humor, que quien no acepta que los editores propongan correcciones "es tonto". Falcones, nacido en Barcelona en 1959, ha tenido un éxito fulgurante con esa novela, que recrea una época de Barcelona a través de una historia que comienza narrando un caso atroz de feudalismo. Triunfó en Sant Jordi y ahora Grijalbo, su editorial, le ha pedido que firme en la Feria de Madrid. Tras esta experiencia, hablamos.

Pregunta. ¿Qué le cuenta la gente en las firmas?

Respuesta. Te cuentan cómo lo han leído, quiénes les han recomendado el libro. En Madrid me preguntaron por Barcelona, pero en Barcelona ya se conocían la geografía de la novela.

P. Parte la novela de un suceso atroz de vasallaje... A veces no parece tan lejano lo que usted cuenta.

R. Hombre, eso ya no pasa. Los malos usos, el vasallaje feudal, acabaron cuando empezó el Renacimiento. Aunque, sí, la esclavitud siguió hasta el XIX.

P. Y hay secuelas...

R. Sí, la trata de blancas. Y la esclavitud a la que se somete a las personas que carecen de medios para subsistir.

P. Ya podrá distanciarse usted de la novela para apreciar las razones del éxito...

R. Es erróneo eso de que me pueda distanciar. Se ha dicho mucho que me han ayudado a escribirla, y claro que me han ayudado, pero eso no te hace perder la autoría.

P. ¿Cómo le ayudaron?

R. Me hicieron sugerencias, algunas acepté. La única manera que tenía de contrastar que su calidad era adecuada era llevándola a quienes podían ayudarme a apreciarla...

P. Y le pasó el manuscrito al taller de escritura del Ateneo de Barcelona...

R. Lo leyeron. Les gustó. Ellos tenían recursos para ayudarme, y me sugirieron correcciones. Corregí y recorregí.

P. Y vino la editorial.

R. E hicieron allí lo que se hace en Estados Unidos y en tantos sitios: ellos saben cómo perfilar mejor una obra. Yo llevo 25 años trabajando como abogado, y siempre me he fiado del criterio de terceros. ¿Cómo no iba a hacerlo con esta primera obra?

P. ¿Le sorprendió este trabajo editorial?

R. No. Parece lo adecuado. Lo que sorprende es que haya gente que no acepta que le toquen ni una coma. Es de tontos. No he tocado todo lo que me han dicho, pero les he hecho caso cada vez que era preciso. Por ejemplo, la novela tenía un capítulo más. Me convencieron de que no valía la pena mantenerlo. Me parece una gilipollez cuando dicen que la novela está escrita a cinco manos. Me he pateado Barcelona, he leído -¡estudiado!- 40 libros...

P. ¿Qué le ha parecido este mundo editorial?

R. No me he metido todavía. Cuando termine de hablar contigo me voy al despacho, a trabajar en dos asuntos de derecho civil.

P. Ya le habrán pedido otra novela.

R. Claro, y es estupendo que una editorial confíe en ti. Pero ¿cómo voy a escribir, si no puedo ni descansar?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de junio de 2006