El Museo Diocesano exhibe el Andy Warhol más íntimo y espiritual

La exposición reúne 80 obras, pertenecientes en su totalidad a colecciones privadas

"La Iglesia ya no debe dictaminar, sino mantenerse abierta y establecer un coloquio con el arte, dentro de las normas del respeto". Así presentó el sacerdote José María Martí Bonet, director del Museo Diocesano de Barcelona, la exposición Andy Warhol (obras 1957-1987), abierta en el edificio de la Pia Almoina (Pla de la Seu) hasta el 9 de julio. La exhibición, que se anticipa a las celebraciones del 20º aniversario de la muerte del padre del pop art en 2007, reúne 80 obras, pertenecientes en su totalidad a colecciones privadas.

"Esta exposición se centra en el Warhol más íntimo y espiritual, influido por el hinduismo y los textos zen, que se centraba en la esencia del sujeto y conseguía resumirla en pocos trazos", afirmó el marchante de arte italiano Gianfranco Rosini, comisario de la exposición y propietario de numerosas obras. "Se trata de piezas únicas o con tirada muy limitada, que se han exhibido en raras ocasiones", añadió Rosini. Entre las obras únicas se encuentran una vista del volcán Vesubio y la refinada y fetichista Diamond dust shoes, unos zapatos de tacón pintados con polvo de diamante sobre tela y cartón. Asimismo, son especialmente raros dos retratos de Liza Minnelli, uno sobre fondo blanco y otro sobre fondo negro, porque la actriz los adquirió todos y no autorizó la reproducción seriada de su imagen. Lo mismo pasó con el rostro de su padre, Vincent Minnelli, también expuesto en el Diocesano, junto a una selección representativa de retratos de celebridades, que incluye a Marilyn Monroe, Mao Zedong, Mick Jagger (firmado por Warhol y también por el cantante) y el mafioso John Gotti en una imagen que se convirtió en portada de la revista Time.

La exposición muestra también un apartado de fotografías que incluye unos retratos del artista firmados por Hans Namuth y Mimmo Jodice, una serie de 28 instantáneas de Dino Periali y las pruebas de las fotografías de Christopher Makos tituladas AW Drag Queen, en las que el artista adopta el look de Marlene Dietrich, con apuntes firmados de su puño y letra.

Su amigo Joseph Beuys, con el imprescindible sombrero de fieltro, aparece junto a Warhol en una foto de 1982, firmada por ambos y también inmortalizado por el artista en una pieza de 1981 con un fondo verde militar, que anticipa los camouflage de 1984, su desencantado alegato antibélico.

La exhibición, que empieza con 20 dibujos para el Gold book de 1957 y concluye con el deslumbrante retrato de Lenin de 1987, recorre toda la trayectoria de Warhol evitando cualquier alusión a su leyenda negra. "Desgraciadamente, el público tiene curiosidad por las noches desenfrenadas en el Club 54, las drogas y su homosexualidad. Pocos saben que era profundamente religioso e iba a la iglesia todos los días. Era muy emotivo y utilizaba la agresividad para ocultar su timidez extrema", señaló Rosini, quien interpretó el célebre mono realizado en 1986 con el grafitero Keith Haring como un ejemplo de su preocupación por las especies en vía de extinción.

La lata de sopa Campbell, uno de los iconos preferidos del artista de Pittsburgh, aparece en el estampado de un vestido confeccionado en 1968, pocos meses antes de que Valerie Solanis, militante de un misterioso grupo feminista y esporádica colaboradora de la Factory, le disparara a quemarropa tres balas que le llevaron al borde de la muerte. El Warhol más lírico toma forma en las obras posteriores al atentado: el retrato de Kimiko y las series Flowers, Space fruits y Kiku, serigrafías de crisantemos de inspiración japonesa, realizados en 1984 para la antológica que le dedicaron en este país.

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Warhol murió a los 59 años de edad durante una banal intervención quirúrgica en un hospital de Nueva York, poco después de haber pintado una premonitoria Última Cena, en homenaje a Leonardo da Vinci.

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