La Torre de los Leones reabre sus puertas en Esplugues de Llobregat con ánimo de recuperar su viejo brillo

Barcelona y su área de influencia acaban de recuperar uno de sus espacios más cargados de encanto y de historia, donde unos recuerdan haber tomado un aperitivo; otros, cenas románticas, y los que más, haber participado en banquetes de comunión o de boda. Tras años de declive silencioso y seis meses de cierre por reformas, la Torre de los Leones, la gran masía de aire señorial edificada hace dos siglos sobre las ruinas de un castillo medieval, ha reabierto sus puertas en Esplugues de Llobregat.

Su aspecto es distinto, a raíz del contrato de explotación para los próximos 18 años que han suscrito la empresa de servicios de comida o catering Síbaris, de Sant Cugat, con los dueños de la torre, la familia Esteva, que se mantiene en primera línea tanto desde las bodegas de Can Ràfols dels Caus, que regenta Carles Esteva, como por el grupo de restauración Tragaluz, que tiene como motor a su hermana Rosa. La radical reforma de este espacio ajardinado ha estado guiada por el estudio de interiorismo MAC, de Adolfo Cornejo y Marta Capdevila, teniendo en mente el objetivo de los nuevos gestores, la adecuación a la organización de grandes eventos, y particularmente de empresas.

"Queremos que la Torre de los Leones recupere el carácter emblemático que tuvo hace más de 20 años", explica Glòria Carulla, gerente de Síbaris, que se ha hecho cargo del casi millón de euros que ha costado la primera parte de la reforma -que ha afectado a la sala comedor y la cava, que funciona también como discoteca, la cocina y los jardines- y que estima que podrá completar la modernización en un par de años. "Nos falta el restaurante antiguo, ahora cerrado. Lleva su tiempo repensar un diseño para el confort y hasta un poco mágico", añade Carulla, que lleva las riendas de Síbaris junto a su marido, Josep Maria Martínez,

Este negocio de catering, que hace 14 años nació como una modesta escuela de cocina y que pronto evolucionó hacia el servicios de comidas a particulares y empresas, buscaba un espacio propio en Barcelona o sus alrededores metropolitanos. El servicio itinerante organizado desde Sant Cugat perdía comba frente a la práctica cada vez más extendida de cerrar contratos de exclusividad con una única empresa de catering con cada palacete, museo o gran masía con salones aptos para la organización de eventos. "También necesitábamos un local propio en Barcelona o cerca de la ciudad porque permite obtener márgenes comerciales superiores al organizar un mismo banquete", explica Carulla, que se presenta como creyente en "el arte de la gastronomía" y cuya empresa ha duplicado los ingresos en los últimos tres años.

A Síbaris le costó un año y medio dar con la torre de Ciutat Diagonal, cuyos vestigios más antiguos -dos lápidas funerarias- se remontan al siglo II después de Cristo. El castillo, llamado de Picalqués, sobre el que se erigió la torre -cuyo nombre se debe a los dos leones de piedra que custodian el patio y que hacen las veces de fuente- fue dueño de buena aparte del territorio de la actual Esplugues durante 200 años. El rey Felipe V mandaría echar por tierra dicho castillo en el siglo XVIII, como hizo con buena parte de los castillos de Cataluña.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS