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Proeza del Tau

El conjunto vitoriano se clasifica en un gran partido para la final a cuatro

Impresionante. El Tau escribió una de sus páginas más heroicas en Atenas, lugar donde en muchas otras ocasiones equipos de más o menos pelaje han enterrado sus sueños. Era el peor de los escenarios y la historia y los condicionantes que siempre rodean los partidos en esos parajes apuntaban hacia otro lado, pero el equipo vitoriano pudo con todo. En el momento justo despachó una actuación enorme por la extrema dificultad que rodeaba la empresa, en la que siempre encontró respuesta a los problemas que fueron surgiendo, que no fueron pocos. Su rendimiento y sobre todo su presencia de ánimo se mostraron inquebrantables, lo que resultó decisivo en un partido en el que los mayores peligros estribaban en saber manejarse ante los inevitables empujones que llegan desde el campo y también desde la grada. Su exito, además de una recompensa incalculable, tuvo el valor de conseguirse a través de un trabajo colectivo casi perfecto. Los bases dirigieron, los aleros anotaron y los pívots libraron una gran batalla debajo de los aros que también resultó definitiva, pues, en los momentos de menos producción, supieron dotar a su equipo de nuevas oportunidades.

PANATHINAIKOS 71 - TAU VITORIA 74

Panathinaikos: Lakovic (12), Batiste (14), Alvertis (12), Diamantidis (5), Spanoulis (16) -cinco inicial-, Tsartaris (4), Tomasevic (6), Femerling (2), Scepanovic y Chatzivrettas.

Tau Vitoria: Prigioni (12), Erdogan (24), Jacobsen (12), Scola (3), Splitter (11) -cinco inicial-, Hansen (3), David (9), Ukic y Vidal.

Árbitros: Carl Jungebrand (Finlandia), Fabio Facchini (Italia) y Boris Ryzhyk (Ucrania). Eliminaron por cinco faltas personales a Kornel David en el minuto 40.

Sala OAKA de Atenas: 20.000 espectadores.

4º CUARTO 18-22

3º CUARTO 17-10

2º CUARTO 22-21

1º CUARTO 14-21

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Siempre se ha dicho que para ganar un partido en este tipo de campos se ha de llegar al final con una buena ventaja que permita quedar libre de posibles complicaciones en forma de jugadas dudosas o alguna que otra decisión discutible. Para mayor grandeza de su hazaña, el Tau lo consiguió en el filo de la navaja, pues se alcanzó la zona de definición con el Panathinaikos empujando de lo lindo. Si tener un base siempre es de buena ayuda, en estas situaciones resulta un bien impagable. Prigioni está haciendo una temporada memorable y lo corroboró con otra actuación estelar. Siempre que estuvo en la cancha, dominó el desarrollo de los acontecimientos, exponiendo lo justo y trasmitiendo una seguridad contagiosa. Pero su figura se agigantó hasta extremos insospechados en los dos últimos minutos. Robó un balón de oro a falta de un minuto y con todo por decidir que terminó en un uno más uno de Erdogan, otro de los milagreros de la noche (66-70, a 49 segundos). En la siguiente jugada Kornel David cometió falta en una penetración de Lakovic que terminó en canasta e hizo irrespirable el ambiente en el pabellón (69-70, a 40 segundos). Prigioni pidió el balón, lo gestionó como podía ante la hiperagresiva presión griega y asumió la responsabilidad como los grandes jugadores. Casi al límite de la posesión, lanzó una suspensión de cinco metros que valió el pasaporte para Praga. Nadie mejor que él, un jugador siempre al servicio de sus compañeros, para representar el éxito de un equipo en el que prima sobremanera el valor de lo colectivo. Dos detalles. Los titulares del Tau lograron 18 puntos. Los suplentes, 56.

Scola, el mejor talento que atesora, se fue más feliz que nunca al vestuario aunque su estadística anotadora fuese pobre: tres puntos. Pero, si su rendimiento en el ataque no resultó acorde con lo esperado, su pelea constante tuvo como recompensa una docena de rebotes y una tranquilidad en el fragor de la batalla que, unida a la sapiencia infinita de Prigioni, mantuvo la moral de todos.

En partidos jugados al límite, estas cosas tienen tanta importancia como el meter canastas. Además, de eso se encargó Erdogan, que hizo honor a su fama de inclemente e indestructible anotador. Hasta en tres ocasiones, cuando el Panathinaikos se venía encima, el turco acalló a los 20.000 espectadores con sus bombas. Será por la animadversión ancestral entre griegos y turcos.

En definitiva, una faena memorable del Tau que le coloca por segundo año consecutivo en una final a cuatro. Justo premio para un equipo singular de una pequeña ciudad que ha demostrado que ya nada está fuera de su alcance. Ni siquiera, eliminar a un equipo griego en su propio campo.

Ukic intenta frenar el avance de Lakovic.
Ukic intenta frenar el avance de Lakovic.ASSOCIATED PRESS

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 12 de abril de 2006.

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