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Un nuevo túnel permite salir a la A-3 desde la M-30 sin pasar por Conde de Casal

Gallardón inaugura la primera fase de la reforma del nudo de la carretera de Valencia

Los 1.200 conductores que cada hora tratan de salir de la M-30 (procedentes del norte) para tomar la autovía de Valencia (A-3) pueden hacerlo directamente, a través de un túnel, sin tener que entrar en Madrid, parar en dos semáforos y cruzar la congestionada plaza del Conde de Casal. El alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, inauguró a mediodía de ayer el nuevo subterráneo, de medio kilómetro de longitud (más las rampas), que ha costado 63,5 millones de euros y ha tardado año y medio en construirse. Aún queda por inaugurar, el próximo otoño, otro túnel similar pero en sentido contrario, que permitirá acceder desde la autovía de Valencia a la M-30 en sentido sur.

El de la autovía de Valencia era, hasta ayer, uno de los nudos de conexión con carreteras nacionales "peor resueltos" de la M-30, según el alcalde. Porque no cumplía su función: los conductores que venían desde la M-30 norte no podían acceder directamente a la A-3 por ese nudo, sino que tenían que volver a entrar en Madrid, subir por la calle de Fernández Shaw (Carlos y Guillermo) hasta la plaza del Conde de Casal, esperar que se pusieran en verde dos semáforos distintos y por fin enfilar la avenida del Mediterráneo y la A-3 (véase gráfico).

A la complicación del giro se añadía el hecho de que en Fernández Shaw está la estación de autobuses Auto Res, así que coches y autobuses acababan atascados. Según los datos del Ayuntamiento, el movimiento M-30 norte-A-3 tiene una intensidad media diaria de 16.000 vehículos, unos 1.200 coches a la hora.

El nuevo túnel termina con eso. Nace en la M-30, pasado el puente de la Estrella, y sale a superficie 793 metros más allá, en la autovía de Valencia a la altura de Moratalaz. De esos casi 800 metros, 452 son bajo cubierta y el resto son rampas. El túnel, construido por la empresa Sacyr, tiene dos carriles y ha costado 63,5 millones de euros: más del doble, por ejemplo, que el túnel de la calle de O'Donnell (a pesar de que éste mide mucho más: 1,4 kilómetros). "Es un presupuesto importante, pero es que el túnel es importante. Y cuenta con los más modernos sistemas de seguridad", argumentó Gallardón.

El alcalde auguró que el nuevo subterráneo aliviará enormemente la próxima Operación Salida de Semana Santa, y subrayó que la obra ha sido terminada e inaugurada "en 18 meses, seis meses antes del plazo fijado". En realidad, el plazo de 24 meses fue dado en septiembre de 2004 no para este túnel exclusivamente, sino para toda la obra de remodelación del nudo de la A-3. Y esa remodelación -con un presupuesto total de 170,7 millones de euros- no ha concluido.

Aún queda por terminar otro túnel, que facilitará el movimiento de vehículos opuesto: de la autovía de Valencia a la M-30 sur -bifurcándose después en dos salidas: al nudo sur, en superficie, y al futuro by-pass o doble túnel sur de la M-30-. Cerca de 24.000 coches usarán ese túnel, según Urbanismo, y se evitarán la vuelta que tienen que dar ahora por el puente de la Lira, que quedará para uso peatonal. El resto de movimientos -de la M-30 sur a la A-3 y de la A-3 a la M-30 norte- permanecerán como están, en superficie, porque se realizan por ramales directos.

Gallardón, que recorrió a pie el túnel acompañado por la concejal de Urbanismo, Pilar Martínez, y todos los altos cargos de ese departamento, pidió "disculpas" por las molestas de las obras e insistió en lo dicho otras veces: que la reforma de la M-30 es el "mayor proceso transformador realizado en Europa en las últimas décadas" y que los madrileños entienden que era mejor "concentrar todas las obras en tres años". "Luego [a partir de 2007] ya no harán falta más infraestructuras en Madrid", dijo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de abril de 2006