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Reportaje:

El Atlético da por fin marcha atrás

El club opta por la tolerancia cero tras no expulsar a los ultras que invadieron un entrenamiento

El Atlético, dicen desde su corazón directivo, ha cambiado su política con respecto a los ultras. Ayer expulsó a un abonado del fondo sur y prohibió la entrada futura a seis hinchas más que habían accedido con entradas convencionales. Pero lo cierto es que nueve de los once fanáticos que invadieron un entrenamiento del equipo rojiblanco en el pasado mes de mayo siguen siendo socios de la entidad y asisten regularmente a los partidos. De hecho, uno de los protagonistas de aquel incidente, Antoñito, fue uno de los interlocutores de Miguel Ángel Gil Marín, conserjero delegado del club, cuando el dirigente trató de apaciguar a los seguidores del fondo sur en el partido contra el Sevilla. Entonces se suspendió momentáneamente el encuentro por el lanzamiento masivo de objetos al campo. Todavía no se conocen los nombres de los responsables. "Es cosa de la policía", dicen los dirigentes rojiblancos.

Miguel Ángel Gil tuvo que escapar a la carrera de los radicales tras el partido en Zaragoza

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"Se expulsó al Fran y al Portu, pero de los demás no se sabían sus nombres y por eso no se tomaron medidas contra ellos", reconocen así, desde el club, su timidez a la hora de tomar decisiones en aquel asunto. Portu vive ahora en Argentina y Fran, aquél que exhibió una porra en el asalto, ha sido expulsado del Frente Atlético por motivos económicos, según algunas fuentes próximas a la peña radical. Otra voz cercana a los servicios de seguridad rojiblancos denuncia que se siguen pagando los desplazamientos fuera del Calderón de estos hinchas. Desde la entidad, uno de los lugartenientes de Gil Marín, Carlos Font, asegura que sólo obtienen las prerrogativas reservadas a las peñas. Esas ventajas suponen un 25% de descuento en los viajes. Aunque las acotan a los últimos viajes, a Villarreal y Cádiz. Pero, precisa la directiva rojiblanca, se les otorga "en tanto en cuanto son una peña y tienen los mismos derechos que los demás". Tambien dicen desde el club que se les financian las escenografías para animar al equipo. Otras voces aseguran que sus entradas para recintos distintos al Calderón llevan la leyenda "invitación" impresa.

Los incidentes del pasado domingo comenzaron, según fuentes policiales, porque uno de los guardas de seguridad fue agredido y pidió a la Policía Nacional que detuviese a sus agresores. Los miembros más relevantes del Frente Atlético pensaron que era una persecución contra ellos por parte de la directiva. Fuentes muy cercanas al grupo radical auguran una definitiva ruptura con los directivos de la entidad. Antes, se había solicitado a los ultras que retirasen una pancarta con el nombre de Ricardo Guerra, el asesino del seguidor de la Real Aitor Zabaleta.

Miguel Ángel Gil Marín, comentan fuentes cercanas a su entorno, tuvo que escapar a la carrera de los radicales tras el partido en Zaragoza. Iba del brazo de su mujer. Le insultaron y le lanzaron objetos. Ya la política de la entidad había virado. De la tolerancia que les llevó a utilizar a los grupos de fanáticos como guardia de corps, se ha pasado a la convicción de que "quien con niños se acuesta, mojado se levanta". La idea de pactar con los hinchas más violentos, la actitud dominante hasta la fecha en el Atlético, ha cambiado. Ahora se les ha advertido de que "quien la hace la paga". Carlos Font, comenta, que desde que él es el responsable del área, hace algunos meses, se ha variado la perspectiva sobre el problema. "Ahora la idea es tolerancia cero". Una visión con la que coinciden algunos grupúsculos del Frente Atlético, que auguran el inicio de una guerra con los mismos directivos que hasta ahora les habían tolerado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de abril de 2006