Cartas al director
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La libertad no es unilateral

A raíz de las violentas manifestaciones provocadas por la publicación de caricaturas de Mahoma, se ha planteado la cuestión sobre qué es antes, si el respeto a las creencias religiosas o a la libertad de expresión. Y es que la difusión de las caricaturas en publicaciones nórdicas se ha centrado en el debate sobre si la libertad de informar debe estar por encima, o no, de la defensa de las creencias religiosas. En este sentido, parece que se debe considerar que una libertad de sátira que ofende el sentimiento de otros se convierte en una agresión. Hay que tener en cuenta que cuando se difama a alguien, la persona afectada puede recurrir a los jueces, pero no si las ofensas se dirigen a símbolos religiosos.

El problema se plantea en Occidente porque el laicismo, que presupone el respeto, y sus mayores defensores afirman que no es admisible la ofensa, por ejemplo, a la bandera, se atreven a ofender impunemente sentimientos religiosos, más profundo que un símbolo patrio. Por este motivo, los países occidentales deben encontrar un límite a su pretexto de hacer de la libertad un absoluto. Cierto que "la libertad es un valor, pero debe ser compartida, no es unilateral", o lo que es lo mismo, "mi libertad empieza donde acaba la de mi prójimo". Si este principio no se tienen en cuenta, la ofensa será continua y el conflicto está servido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 02 de marzo de 2006.

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