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El documental 'Mondovino' sacude el mercado vinícola mundial

El cineasta Jonathan Nossiter (Washington, 1961) nunca pensó que con su modesto documental Mondovino, que se estrena hoy en España, iba a sacudir los cimientos del mercado vinícola, pero así ha sido. Y todo porque su visión del entramado económico que rodea a los viñedos no gustó un ápice a dos de los entrevistados, casualmente los dos máximos gurús del mundo en el campo de la crítica y el asesoramiento: el estadounidense Robert Parker, que con su puntuación de una botella es capaz de doblar su precio en las tiendas, y el francés Michel Rolland, consultor de centenares de bodegas de todos los puntos del globo. "En el site de Parker hay 4.000 páginas atacando la película a lo McCarthy. Dicen que soy un mentiroso, un manipulador, e incluso uno afirmó que yo era un extremista de la

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izquierda y un nazi", contaba aún sorprendido, y en castellano, la semana pasada

Nossiter en Madrid.

"Traté de respetar a todos los entrevistados, aunque no sea neutral. Pero la reacción ha sido muy violenta en Estados Unidos, también de la prensa, y para mí, que soy americano aunque he crecido en Europa, es una pena porque mi país está viviendo un momento muy feo, con una intolerancia total a la crítica. Que un filme tan marginal como éste haya sido recibido así es la prueba de la enfermedad mental nacional, y de que en el mundo la red de poder mafiosa es muy fuerte", comentó el director, que concursó en Cannes en 2004 con Mondovino.

Con Mondovino, que va a convertirse en serie de televisión, se propuso "investigar sobre la transmisión de saberes de una generación a otra, sobre resistir en el pasado o evolucionar". "Es una celebración de la individualidad y de la idea de que cada uno debe de resistir a la homogeneización", explica Nossiter

que ha elaborado cartas de vinos para afamados restaurantes de Nueva York. En dos horas hay espacio para que se expresen los todopoderosos millonarios de California, aristocráticas dinastías florentinas, humildes campesinos indígenas o numantinos viticultores franceses, encabezados por un alcalde comunista, que se resisten a vender sus terruños a las multinacionales.

En la cinta, un comerciante toscano argumenta que todos los caldos van a terminar sabiendo igual y

Nossiter le da la razón: "Hay un peligro de que sea así, pero siempre habrá una lucha a muerte por la diversidad del vino, como en el cine. No se puede hacer una botella hoy si no se tiene relación con el pasado, no para imitarlo, sino para progresar de forma generosa". Para él, que está rodando un documental corto sobre el vino español para incluirlo en el DVD, hoy el peor enemigo de las bodegas es el excesivo poder de la tecnología y el marketing: "Es el nuevo fascismo. Puedes manipular y destruir la historia en dos años con los monopolios de distribución". Pese a todo, se muestra "optimista ante el respeto a la individualidad de cada uno".

Cuatro años tardó Nossiter en rodar Mondovino y ahora aguarda expectante, tras su estreno en 15 países, la reacción del público español. Los entresijos del próspero negocio darían para muchas telenovelas y algunos de los cambios han sucedido tras la grabación de la cinta: los potentados Moldavi, por ejemplo, han sido engullidos por sus propios accionistas y Alix ha vuelto al seno familiar en Borgoña para modernizar la elaboración.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de marzo de 2006