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Crítica:LIBROS
Crítica

Crónicas de directivos

Debe de existir alguna confusión o malentendido en los términos líder y liderazgo porque de un tiempo a esta parte se aplican a personas y tareas o actividades que poco tienen que ver con lo que significan en castellano. Un líder, por poner un solo ejemplo, era Gengis Khan, capaz de suscitar la adhesión incondicional de sus soldados, dispuestos a arrostrar sacrificios, incluso a morir, en su nombre; Winston Churchill, por poner un solo ejemplo de liderazgo, aceptó el peso de encarnar y enaltecer el deseo de victoria del Reino Unido durante la II Guerra Mundial. Como puede apreciarse, líderes y liderazgos requieren enfrentarse a riesgos graves, a pesadas encomiendas más grandes que la vida y, como contrapartida, contar con el apoyo o el fervor de sus compatriotas.

Gracias a la descacharrante utilización anglosajona del lenguaje, líder es hoy cualquier ejecutivo que ha completado en el ordenador un organigrama o un plan de gestión de su departamento y liderar equivale a organizar reuniones ejecutivas para determinar las estrategias (otro término recientemente envilecido) de la empresa en la que trabajan. La sociedad española cuenta sin duda con empresarios que podrían aproximarse un poco más al concepto tradicional de líder; pero no aparecen por las páginas de Retratos de liderazgo, pobladas, eso sí, por directivos de probado reconocimiento social.

Pero es que el título introduce otra afirmación que despista cuando declara "claves de éxito de 25 líderes". En realidad, el contenido del libro registra tan sólo la trayectoria profesional de los directivos y empresarios que aparecen en sus páginas. Es un relato extendido de los hechos y hazañas de sus protagonistas, pero en ningún caso se intenta analizar en profundidad las decisiones -con sus causas y consecuencias- tomadas por los protagonistas de la función. Sabemos, porque así se dice, cómo Rafael del Pino (Ferrovial) aprovechó la ocasión para comprar Agromán, pero algunos números sobre el efecto de esa compra para las cuentas de la empresa compradora y, sobre todo, una explicación de la visión empresarial que llevó al comprador a tomar esa decisión sí que hubieran ilustrado adecuadamente la clave de éxito de la compañía constructora. Lo que vale para Rafael del Pino puede aplicarse casi del todo al resto de los protagonistas de la edición.

Así que el texto resulta claramente acrítico -dicho sea como un hecho y no como una acusación- y muy poco esclarecedor de los detalles del oficio de empresario o directivo. Quizá sean éstas las debilidades más evidentes del libro. Queda otra por mencionar, que puede ser achacable al formato de la publicación: la heterogénea intensidad de los testimonios vertidos, que confieren al libro una textura irregular y abrupta.

Llama la atención, por ejemplo, la pobre aportación que se desprende de los capítulos dedicados a Josep Oliu (presidente del Banco Sabadell) o Florentino Pérez, que podrían ilustrar los caminos seguidos por algunas facciones del capitalismo español contemporáneo. En unos casos la orientación es empresarial -Inditex, por ejemplo-, hasta convertirse en una crónica de la creación y éxito de la compañía en cuestión, mientras que en otros es más personal, próxima al retrato.

Por supuesto, los lugares comunes y las sentencias de calendario zaragozano manan en abundancia en las explicaciones de los entrevistados. Cosas como "para ganar una partida no sólo hay que contar con una buena baza de cartas en la mano; hay que saber jugarla" o "la verdadera sabiduría está en escuchar y aprender". Da la impresión de que la gestión de las empresas españolas se aprende en templos budistas.

A pesar de lo anterior y de la inevitable complacencia con los entrevistados, es un libro menos pretencioso que otros recientes y, por tanto, resulta de utilidad para quien necesite una idea somera del mundo directivo español. Una idea general, desde luego.

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