Cuentas equívocas
Han sido las posiciones del nacionalismo catalán las que han puesto de moda en nuestro país el tema de las balanzas y los saldos fiscales de las comunidades autónomas. Desde una perspectiva nacionalista, la balanza fiscal de una comunidad permite comparar lo que ésta aporta a la Hacienda central con aquello que recibe a cambio. Si nuestra perspectiva no es tan nacionalista, la balanza fiscal de una comunidad autónoma puede verse como una cuenta a doble columna en la que, en un lado, se anota la parte de los gastos de la Hacienda central que se entiende que benefician a los ciudadanos residentes en dicha comunidad, y en el otro lado se anotan los ingresos de la Hacienda central, básicamente tributos, que se entienden soportados por esos mismos ciudadanos. Si la balanza fiscal se calcula para todas las comunidades, el resultado será un mapa con la distribución territorial de los ingresos y gastos de la Hacienda central y, por tanto, si el presupuesto territorializado se encuentra en equilibrio, ocurrirá que los saldos fiscales positivos de unas comunidades (receptoras netas de recursos) serán equivalentes a los saldos fiscales negativos de las otras (aportantes).
El desacuerdo sobre los saldos fiscales debe traducirse en desacuerdo sobre las políticas de la Hacienda central
Aunque la idea de balanza fiscal, como vemos, resulta sencilla, hay que advertir que su cálculo no resulta tan fácil ya que no es fácil saber a ciencia cierta quiénes soportan los tributos en última instancia y quiénes y en qué medida resultan beneficiarios de los gastos de la Hacienda central. Sobre ambas cuestiones suelen utilizarse diversas hipótesis razonables, pero con escaso respaldo científico. No se trata de una cuestión puramente académica ya que, dependiendo de las hipótesis que utilicemos, los saldos fiscales resultantes pueden variar sensiblemente.
Así, en los cálculos que se han realizado en nuestro país, se ha supuesto habitualmente que los tributos los soportaban las personas legalmente obligadas a ello y que los gastos indivisibles del Estado beneficiaban a todos los ciudadanos por igual. Pues bien, simplemente cambiando esta última hipótesis y suponiendo que si bien los gastos indivisibles benefician a todos, lo hacen, como proponía, por ejemplo Adam Smith, en proporción a sus rentas, los saldos fiscales resultantes serían sensiblemente menores e incluso podrían desaparecer. Es, pues, por esta razón por lo que deberíamos ser muy cautelosos al intentar sacar conclusiones políticas de sus cuantías.
Aceptando unas hipótesis (convencionales) de incidencia, el tamaño de los saldos fiscales dependerá del tipo de políticas que haga la Hacienda central. En general, las políticas más redistributivas darán lugar a mayores saldos fiscales, tanto positivos como negativos. En nuestro caso concreto, la mayoría de los estudios realizados nos dicen que la Hacienda central distribuye sus tributos de forma aproximadamente proporcional a la renta -no de forma progresiva-, y sus gastos, aproximadamente por igual entre todos los ciudadanos. No se trata, pues, de políticas que puedan calificarse de muy redistributivas y, en consecuencia, no será fácil argumentar con solvencia que los saldos fiscales resultantes son muy elevados y, mucho menos, excesivos como a veces se ha pretendido.
Con todas sus limitaciones, el conocimiento regular de los saldos fiscales de las comunidades autónomas puede resultar útil a la Hacienda central para configurar sus políticas. Lo que, en nuestra opinión, carece de sentido, como a veces se pretende, es plantear las cuestiones de la financiación autonómica desde la perspectiva de los saldos fiscales. No debemos olvidar que los saldos fiscales de las comunidades son consecuencia de las políticas desarrolladas por la Hacienda central dentro de sus competencias constitucionales. Por tanto, los posibles desacuerdos respecto de los saldos fiscales debieran traducirse en desacuerdos sobre las políticas concretas de la Hacienda central y discutirse en las Cortes Generales. Olvidar esto y pretender discutir directamente de los saldos sólo puede llevarnos a negociaciones ciegas, como se ha puesto de manifiesto en estos días en la Unión Europea.
José V. Sevilla Segura es economista.
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