Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

El ministro de Defensa israelí también deja el Likud y se une a Sharon

Los líderes de izquierda y derecha acusan al nuevo partido de falta de principios y de ética

El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Silvan Shalom, pedía el sábado al titular de Defensa, Saúl Mofaz, que abandonara la carrera de las primarias del derechista Likud y que se sumara a su candidatura para derrotar al favorito, el radical Benjamín Netanyahu. Pues bien, Mofaz tiró ayer la toalla. Pero aunque ya nada sorprende en un partido en franca desintegración, lo hizo para unirse a Kadima, la formación recién fundada por el primer ministro, Ariel Sharon, al que sus rivales acusan de prostituir la política del Estado de Israel.

En las encuestas pintaban bastos para Mofaz. Sus posibilidades de alzarse con el liderazgo del Likud disminuían jornada a jornada. Sólo faltaba que el jefe del Gobierno le ofreciera continuar en el cargo que ha ocupado en los últimos años, en el supuesto de vencer en las elecciones generales del 28 de marzo, para sumarse a la desbandada. "La cooperación entre Sharon y yo es la que más beneficios aportará a Israel. Desde hoy soy un hombre de Kadima", aseguró ayer Mofaz en conferencia de prensa en Tel Aviv.

El responsable de Defensa -nacido en Irán e implacable en la guerra contra los movimientos palestinos durante la segunda Intifada- señalaba el sábado, un día antes de pasarse al partido de Sharon: "No podemos permitirnos convertir al Likud en un grupo minoritario. Ésta es mi casa, una casa que no se abandona". Sin embargo, justo ayer declaró: "En las últimas semanas me he dado cuenta de cuán radical se ha vuelto el Likud. Yo no he cambiado". Mofaz ya recibió una oferta de Sharon para unirse a Kadima (Adelante, en hebreo) hace tres semanas. Entonces la rechazó. Con su huida, el partido que ha compartido el poder con el laborismo durante tres décadas se acerca más a la marginalidad.

Si la venganza se sirve en plato frío, la de Sharon es puro hielo. Sus más fieles -el ministro de Finanzas, Ehud Olmert, y la de Justicia, Tizpi Livni- le siguieron el mismo día en que anunció su marcha del partido nacionalista conservador, el 21 de noviembre. Se sumaron al carro vencedor dirigentes laboristas, entre ellos Simón Peres, y del partido laico Shinui. Y el miércoles pasado, el presidente del Likud, Tzaji Hanegbi. La sangría es devastadora.

El favorito indiscutible para vencer en las primarias del Likud, que se celebrarán el 19 de diciembre, es el ex primer ministro Benjamín Netanyahu, quien se revolvió contra Kadima nada más conocerse la fuga de Mofaz. "Está incorporando normas inaceptables a la política. Para los políticos de Kadima, que no tienen moral, ni principios, ni ideales, todo es cuestión de mercadeo", apuntó Netanyahu. Y en eso coincidió este dirigente con otros en las antípodas del arco político israelí. El presidente laborista, Amir Peretz, fue contundente: "Sharon está humillando a la clase política al comprar a cualquier dirigente que se ofrece en un regateo carente de ideología".

Lo que es incuestionable es que, por el momento, los sondeos ofrecen a Sharon un triunfo sonado en las elecciones legislativas de marzo. Y muchos analistas comienzan a señalar que el terremoto político que desató la marcha del jefe del Ejecutivo del partido del que fue fundador puede reducirse a un simple cambio de etiqueta.

El diputado laborista Yuli Tamir precisó: "Está quedando claro día a día que el partido de Sharon se está transformando en un segundo Likud. Nada cambiará si Sharon es primer ministro; Olmert, ministro de Finanzas; Mofaz, de Defensa, y Hanegbi, presidente del partido. Los votantes israelíes tendrán que elegir de nuevo entre el Likud y el laborismo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de diciembre de 2005